Trump dice que no hablará con Corea del Norte y los expertos temen que lo haga

Algunos expertos creen que Corea del Norte pretende elevar la tensión al máximo para, posteriormente, pivotar hacia una propuesta de paz en la que obtendría beneficios.
Laura Estévez Ugarte
España
31.08.2017
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El presidente Trump prometió el miércoles que no hablaría con Kim Jong-un, enfriando lo que se ha convertido en un juego de “ahora si, ahora no” con el travieso dictador de Corea del Norte.

Pero si el tweet de Trump, en el que decía: “¡hablar no es la respuesta!”, parecía reavivar las tensiones con Corea del Norte, también reveló una paradoja en la forma en que los expertos asiáticos ven la crisis. Algunos temen menos que Trump vaya a iniciar una guerra con Kim que el meterse y tropezar con un diálogo de riesgo e impredecible con él.

La atención del mundo se ha centrado comprensiblemente en las amenazas de Trump contra Kim y más sobre su promesa de lanzar “fuego y furia” sobre Corea del Norte si Kim disparaba misiles balísticos en territorio estadounidense.

Pero una reunión entre Trump y Kim, según estos expertos, podría abrir la puerta para ratificar el estatus nuclear de Corea del Norte o reducir los ejercicios militares conjuntos de Estados Unidos y Corea del Sur. Eso podría destruir las alianzas americanas con Japón y Corea del Sur y beneficiar a China, que durante mucho tiempo ha defendido el diálogo directo entre Washington y Pyongyang.

Lo que buscan los norcoreanos es llevar el peligro y la tensión al límite, y luego pivotar hacia una propuesta de paz”, dijo Daniel R. Russel, que sirvió hasta marzo como secretario de Estado adjunto para asuntos del este asiático. Todo esto está enfocado en presionar a Estados Unidos para que inicie conversaciones directas con Kim sobre sus bases. Esa es la gran trampa”.

Los presidentes anteriores evitaron esa trampa, dijo Russel, aunque Bill Clinton contempló reunirse brevemente con el padre de Kim, Kim Jong-il. Pero Trump ha ido fanfarroneando, algo que sus predecesores no hicieron. Además, en el pasado, expresó su disposición a sentarse frente a una mesa junto a la familia gobernante de Corea del Norte.

Trump dijo durante la campaña presidencial. “No tendría ningún problema en hablar con él”. El pasado mes de abril me dijo: “Si fuera apropiado que me reuniera con él, lo haría absolutamente; sería un honor para mí hacerlo”.

Mientras que el Pentágono ha elaborado opciones para un ataque militar en Corea del Norte, los funcionarios admiten que sería casi imposible, dadas las represalias que provocaría y las bajas que acarrearía. Stephen K. Bannon, el estratega jefe anterior de Trump, reflejó ese consenso interno cuando le dijo a The American Prospect: “No hay solución militar. Olvídalo”.

Eso deja en claro que la diplomacia sigue siendo el medio preferido por la administración. Si Corea del Norte frena en su comportamiento, Tillerson dijo recientemente, hay un “camino hacia el diálogo algún día en un futuro cercano”.

Horas después de que Trump descartara las conversaciones en Twitter, el Secretario de Defensa Jim Mattis lo contradijo. “Nunca se nos acaban las soluciones diplomáticas”, explicó a los periodistas. En Ginebra, Robert A. Wood, embajador de Estados Unidos en la Conferencia de Desarme, dijo que Estados Unidos sigue abierto al diálogo. No pretendemos ser una amenaza para el régimen de Kim Jong-un”, dijo.

Tratando de explicar el tweet de Trump, Wood, que alguna vez fue el portavoz interino del Departamento de Estado, dijo: “Lo que el presidente está diciendo es que no ve que hablar resuelva este problema y parte de la razón es que Corea del Norte no está interesada en el diálogo”.

Sin embargo, la repentina hostilidad de Trump frente a las conversaciones parece ser menos una matización de sus anteriores declaraciones que una expresión de frustración ante la continua beligerancia de Kim. Días después de que Trump lo elogiase por su nueva contención, Kim lanzó un misil sobre Japón.

Por ahora, la cumbre de Trump-Kim sigue siendo una cuestión descabellada. Incluso si Corea del Norte estuviera interesada en hablar con Estados Unidos, sus últimas acciones beligerantes (por no mencionar la muerte en junio de Otto F. Warmbier, el estudiante universitario de Ohio que estuvo recluido durante casi 18 meses en Pyongyang) haría que una reunión fuera políticamente insostenible para Trump.

En su tweet, el presidente declaró:”Estados Unidos ha estado hablando con Corea del Norte y pagándoles dinero de extorsión durante 25 años”. El significado preciso de Trump no estaba claro, parecía referirse a las promesas de combustible, reactores nucleares, ayuda humanitaria y el levantamiento de sanciones que acompañaban a las negociaciones diplomáticas previas.

Trump, según los expertos, tiene razón al afirmar que las conversaciones con Corea del Norte, ya sean realizadas por las administraciones demócrata o republicana, han sido costosas e improductivas. Y con los norcoreanos capaces de producir una bomba atómica cada seis o siete semanas, según algunas estimaciones, el coste de llegar a un nuevo acuerdo sería aún mayor.

“Ya hemos pasado hace mucho tiempo el punto en el que podíamos hacerlos desaparecer con unos pocos reactores de agua ligera”, dijo Michael Auslin, investigador del Instituto Hoover de la Universidad de Stanford, quien argumentó en un ensayo de la revista Politico esta semana que Trump debería evitar las negociaciones a favor de una política de disuasión y contención explícitas de Corea del Norte.

Otros expertos dijeron que no era la diplomacia en sí misma lo que era problemático (sobre todo si los Estados Unidos negociaban, junto con sus aliados y China) sino que Trump negociase solo, ya que es impredecible.

“Trump no es el primer presidente que piensa que puede llegar a un acuerdo con estos tipos”, dijo Auslin. “Bill Clinton pensó que era el gran negociador. Sus ayudantes pensaron que si podían meterlo en una habitación con Kim Jong-il, podrían cerrar un trato. Hay un claro sentido, debido a lo caprichoso de Trump, de que él podía hacer lo mismo”.

El tweet de Trump podría ser interpretado como una táctica de negociación. Pero los expertos dijeron que no estaba ayudando a su caso con sus declaraciones sobre Kim. El martes pasado, en un mitin en Phoenix, Trump dijo: “Respeto el hecho de que creo que está empezando a respetarnos. Respeto mucho ese hecho”.

Además, complicando aún más el trabajo de la administración, se encuentra su débil capacidad diplomática. Todavía no ha nombrado un secretario adjunto para asuntos de Asia Oriental y ningún embajador está en Seúl, aunque la Casa Blanca está cerca de nombrar a Victor D. Cha, un veterano de la administración de George W. Bush y un reconocido experto en Corea del Norte en la Universidad de Georgetown.

Algunos expertos dijeron que les tranquilizaba el hecho de que en cualquier reunión cumbre, los norcoreanos nunca permitirían que los norteamericanos determinaran ni el marco ni los términos de la negociación. Para un comerciante y showman como Trump, eso sería probablemente inaceptable.

“Sospecho que al final, el presidente podría recurrir a su experiencia en la planificación de eventos”, dijo Michael J. Green, que fue uno de los principales asesores de Asia para Bush. “Esto no es un concurso de Miss Universo o un combate profesional, así que eso podría detener a Trump”.

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