INTERNACIONAL | PORTUGAL, CARA A CARA

Portugal, cara a cara (III): ¿El milagro portugués?

Por RICARDO BLANCO. 22/11/2019

Portugal está de moda y se pone como ejemplo de milagro económico y consenso político. ¿Qué hay de cierto?

  • Carteles electorales en Lisboa visibles semanas después de las elecciones
    Carteles electorales en Lisboa visibles semanas después de las elecciones
  • Cartel electoral en Lisboa visible semanas después de las elecciones
    Cartel electoral en Lisboa visible semanas después de las elecciones
  • Sede del Partido Socialista portugués en Lisboa
    Sede del Partido Socialista portugués en Lisboa
  • Pintada contra la precariedad en Lisboa
    Pintada contra la precariedad en Lisboa

Los periodistas tenemos tendencia a utilizar adjetivos grandilocuentes como "histórico"  o expresiones como "milagro económico" muy a la ligera. En el caso de Portugal, se nos ha puesto como ejemplo varias ocasiones la transformación que está sufriendo el país vecino tanto económica como políticamente. ¿Qué hay de realidad en esta nueva manera de mirar a Portugal y ponerlo como país ejemplar y de moda?

Gran abstención

El día siguiente a cualquier fiesta, los restos que haya dejado la misma delatan el éxito del festín o su grado de descontrol, según se mire. Paseando por las calles de Lisboa y Oporto a finales de octubre, todavía quedaban pancartas, anuncios, panfletos, pintadas,... de las elecciones generales del 6 de octubre, es decir, los restos de la fiesta de la democracia. A la vista de esta resaca colectiva de retratos de candidatos sonrientes que vagan por las calles de las ciudades, se podría pensar que hubo un gran interés en el país por estos comicios. Pero nada más lejos de la realidad. Casi la mitad de los portugueses decidió abstenerse (45,5% del censo que no acudió a las urnas). Todo un récord abstencionista que empañó, en cierta medida, la victoria del candidato socialista António Costa que se hizo rotundamente con el triunfo con un 36,6% de los votos, a nueve puntos del segundo más votado, el PSD (centroderecha).

El diario Sábado se hacía eco del hartazgo de los españoles con la repetición electoral, pero, a pesar de todo remarcaba, que la abstención en nuestro país fue mucho menor que en Portugal. ¿Qué ha pasado para esa desafección política en el país cuyo gobierno se pone como ejemplo de políticas sociales a la vez que no se ha disparado la deuda pública (consiguiendo casi la cuadratura del círculo)?

Mejoras económicas

Portugal ha puesto en marcha reformas que han mejorado su competitividad y han vigorizado su economía. Una vez constatada la buena marcha de las finanzas, el ejecutivo luso lanzó medidas de carácter social como mejoras para los pensionistas o en los salarios, medidas que pudieran poner freno a la desigualdad en el país vecino. Todo ello, bajo la atenta mirada de las instituciones europeas, ya que ha conseguido rebajar el déficit público del 7% de 2014 a un 0,4% en 2018.

Por otro lado, el desempleo también alcanza mínimos, el último dato fue del 6,6% (en España, 14,2% en el mismo mes de septiembre), aunque el paro juvenil es uno de los problemas estructurales y afecta a uno de cada cinco portugueses menores de 25 años.Mientras en España, andamos a vueltas con la última subida del salario mínimo que lo sitúa en 900 euros y la promesa de llegar a los 1.200 en unos años, en Portugal han pasado de uno de los salarios mínimos más bajos de la UE, 589,2 euros en 2015, cuando António Costa inició su mandato, hasta los 700 actuales.

Las mejoras no llegan a todos

A pesar de los datos macroeconómicos, muchos portugueses, concretamente más de la mitad (53,5%) considera que la crisis todavía no ha pasado en el país, según un estudio de Instituto de Ciencias Sociales (ICS), de la Universidad de Lisboa.

Además, una de las consecuencias negativas de la gran inversión extranjera en el sector inmobiliario y de ser un destino de moda que atrae cada vez a más turistas es el alto precio que están experimentando las viviendas y que provoca la expulsión de habitantes autóctonos de sus barrios para dar paso a viviendas turísticas. Por ello, la capital del país ha decidido poner freno a la vivienda destinada al alojamiento turístico. A partir de diciembre, se crea una zona protegida de los barrios más antiguos (Bairro Alto, Madragoa, Castelo, Alfama y Mourari) en los que no se podrá crear una sola vivienda turística nueva. La excepción serán los edificios en ruinas o abandonados, muy caracterísiticos de estas zonas de la ciudad.

En este contexto, el nuevo Gobierno de Costa se ha propuesto reducir las desigualdades que todavía existen en el país combatiendo la precariedad  laboral, sobre todo la juvenil, ya que se crea empleo, pero no siempre es de buena calidad. También ha prometido invertir más en sanidad, modular el IRPF para las familias con hijos y reforzar el tranpsorte público. Es decir, un largo camino de reformas e inversiones sociales para que de verdad se produzca, no un milagro, sino una auténtica revolución económica que extienda la riqueza a la mayoría de la población.

El último día que paso en Portugal, se produce la constitución de la Asamblea de la República con los nuevos cargos electos, un evento que pasa desapercibido en bares y restaurantes que tienen puesta de fondo la RTP (radiotelevisión pública portuguesa), que está emitiendo el acto. Quizá haya que buscar en ese día a día de una mayoría de portugueses que afirma que siguen viviendo en crisis, y no en las macroeconómicas, las razones de la alta abstención en las últimas elecciones.

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