INTERNACIONAL | PORTUGAL, CARA A CARA

Portugal, cara a cara (I): la magia de Oporto

Por RICARDO BLANCO. 30/10/2019

Portugal está de moda en Europa y en España no somos una excepción. Haciendo caso a Saramago, dejamos de darle la espalda y vamos a mirar cara a cara a nuestro vecino ibérico.

Portugal
Oporto
Porto
Duero

El puente Luis I une Oporto y Vila Nova de Gaia


La dependienta de la tienda de souvenirs se acerca hasta mí y me pregunta en inglés de qué país soy. Cuando contesto que I'm from Spain, cambia rápidamente al español y con una sonrisa me explica qué tipo de productos venden en la tienda. A continuación, entra una familia española y les empieza a comentar varios capítulos de la historia hispanoportuguesa. Concluye diciendo que Portugal y España son como un solo país. No está sola en su afirmación. Uno de los portugueses más españoles, el premio Nobel, José Saramago afirmó en varias ocasiones que Portugal y España acabarán siendo un solo país, Iberia.



Al Nobel de Literatura se le atribuye un símil muy gráfico: "España y Portugal son como dos hermanos siameses unidos por la espalda que no se han visto la cara". Parece que últimamente España ha dejado de dar la espalda a Portugal. El país luso está de moda en Europa y en España no somos una excepción. Siguiendo con el símil de Saramago, en este artículo, nos damos media vuelta y vamos a mirar cara a cara a nuestro vecino ibérico. Nos asomamos a descubrir la capital, Lisboa, y la segunda ciudad más importante, Oporto.





Oporto, la joya del Duero



Comienzo la visita por el norte, aterrizando en Oporto. Nada más poner el pie en los empedrados suelos de Oporto, me llama la atención la amabilidad de la gente al saludarse, reflejo de una vida menos estresante a lo que correspondería a una urbe de este tamaño. Muchos españoles se animaron antes con esta ciudad, desde que el excapitán de la selección, Íker Casillas, se marchó al Fútbol Club Oporto. Más allá del deporte, Oporto es la capital de una aglomeración urbana de entre dos y tres millones de habitantes, dependiendo de cuantos municipios se integren en el recuento. Su centro urbano, y el que conserva la parte histórica de la ciudad, es más reducido y muy cómodo de recorrer a pie. Aunque hay que prepararse para subir y bajar sus empinadas cuestas.



Oporto es una ciudad mágica. Y si no, que se lo pregunten a J. K. Rowling, ya que dicen que se inspiró en la Librería Lello para una de las escenas de Harry Potter. Aunque parte de la magia de la villa se encuentra también en sus enrevesadas calles que suben y bajan desde los barrios más altos hasta la misma Ribeira del Douro, como conocen por estas latitudes a nuestro Duero. El turismo se apodera de las calles portuenses. Flashes, banderitas y paraguas de guías freelance, puestos de venta de tickets, autobuses turísticos,... Toda una procesión de turistas que parecen estar perfectamente coordinados para no dejarse ni un solo rincón de la ciudad sin visitar se suceden en las principales rúas de la ciudad. En una visita más relajada, lo ideal es olvidarse de mapas o rutas establecidas y, tirando de tópicos viajeros, dejarse perder por sus calles. Sólo así podremos encontrarnos de repente con viejos edificios, tambaleantes que parece que de un momento a otro van a derrumbarse delante de los ojos del visitante, pero que, en realidad, llevan años esperando su oportunidad para renacer de nuevo. Se agradece que se conserven estas pequeñas joyas que no aparecerán en ninguna guía de visitas obligadas, pero que con sus azulejos únicos y de los más variados colores y motivos alegran la ruta.

Otro de los paseos que permiten tener una buena panorámica de la ciudad, y que no nos desgastará la suela de nuestro calzado, son las rutas en barco que recorren el Duero antes de desembocar en el mar. Ahora sí que tenemos que alzar la vista. Los barcos pasan por debajo de los seis puentes que unen Oporto con Vila Nova de Gaia, la hermana pequeña portuense, que mira al Duero desde la otra orilla.

El puente de Luis I es uno de los iconos de la ciudad, no sólo por su magnífico diseño que le da un aire elegante a la ciudad, sino porque une tanto la parte baja de la ciudad a traves de una carretera como la parte alta con modernos tranvías, los más antiguos se han quedado en las zonas más turísticas. Ambas plataformas son peatonales y cruzarlo es descubrir un poco mejor el alma de la ciudad. Además, el puente es obra de Téophile Seyrig, que había sido discípulo de Gustave Eiffel. El aire parisino de la villa no sólo se descubre en este puente. Son muchos los rincones que recuerdan a la capital francesa.

Para rematar el día (mejor dicho, para rematar la tarde, ya que en Portugal se cena bastante más pronto que en España), pruebo una de esas bombas calóricas de la gastronomía popular local, la famosa Francesinha. Mientras ceno otra pareja española pide sus comandas en el local como si estuviera en cualquier restaurante de España. El camarero, entre medio resignado y medio comprensivo, intenta atenderles en portuñol.

No me gusta hablar de visitas imprescindibles en una ciudad porque depende de las expectativas e intenciones de cada uno, pero sería una pena marcharse de Oporto sin echar un vistazo a la azulejería de la estación de tren de San Bento. Allí me espera el tren con destino a Lisboa. En la capital portuguesa aguardan muchos más secretos de este desconocido país, que he decidido mirar cara a cara.



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