domingo, 25 de julio de 2021

El conflicto palestino-israelí continúa y las tensiones aumentan

Qalandia, territorio palestino que refleja la tensión que va en aumento en el conflicto palestino-israelí .


El conflicto palestino-israelí continúa y las tensiones aumentan
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Palestina ha sido y seguirá siendo, probablemente durante mucho tiempo, un territorio de reconocimiento estatal limitado. Situado en Oriente Próximo y dividido por las tierras de Israel en Gaza y Cisjordania, permanece, desde hace casi 30 años, reclamando su independencia de la ocupación israelí.

Una independencia que se ve lejana tras las últimas declaraciones de Trump donde, a pesar de la imparcialidad de sus antecesores sobre la partición de Jerusalén (la zona Este es considerada por los palestinos como su capital), declaró dicha ciudad como capital de Israel, y una ocupación que se refleja en los más de 250 check points (controles de documentación arbitrarios) diseminados por todos los territorios palestinos y donde se han producido la mayor parte de los enfrentamientos entre civiles palestinos y las fuerzas militares israelíes.

En uno de ellos, el de Qalandia que controla la mayor parte del tráfico que cruza desde Cisjordania (West Bank) a Jerusalén y a diez minutos de la ciudad financiera de Palestina, Ramallah, se produjeron ayer graves enfrentamientos entre manifestantes palestinos y el ejército israelí, que no dejaron muertos pero si un gran número de heridos que tuvieron que ser trasladados a hospitales de la zona.

Desde las declaraciones de Trump, los conflictos en los check points se han vuelto habituales, sobre todo en Hebron, Belén y Qalandia, donde los israelíes prosiguen con su método de combatir las piedras de los palestinos con gas pimienta y disparos al aire o hacia civiles, haciendo que el número de muertos en las filas de estos últimos haya aumentado a casi diez en las últimas dos semanas.

El organizador de uno de los campos de refugiados de Palestina, que se encuentra concretamente en Qalandia, nos comentó que el pueblo palestino ya no tiene mucha fe ni en las ayudas internacionales (pocos países se han posicionado del lado de los palestinos públicamente ni antes ni después de las declaraciones de Trump) ni en la del partido de su gobierno, Fatah, que no sólo no financia el campo de refugiados donde se encuentran más de 17000 personas sino que tampoco manda apoyos cuando se producen los enfrentamientos. “Cuando la tensión es tan fuerte que estalla en estos check points y en las calles sólo puedes moverte o mueres”, afirma “pero hay que pararse a pensar que aquí se están combatiendo balas contra piedras”, añade.

Debemos recordar que Cisjordania y Gaza son partes del mismo país pero que al mismo tiempo cuentan con gobiernos totalmente diferentes y ambos con una dudosa legitimidad constitucional: el partido de Fatah con Mahmud Abbas al frente gobierna la primera bajo el orden socialista y progresista, mientras que Hamás se encarga de Gaza, donde gobierna bajo el nacionalismo palestino, el islam y el sunismo.

Dejando aparte la ironía de que exista gente con la etiqueta de refugiada en su propio país, cada vez son más las voces palestinas que se levantan para defender lo que ellos consideran sus tierras y cada vez más jóvenes: la mayoría de los civiles que se encontraban en la primera línea de las barricadas en Qalandia ayer no superaban los 15 años. Niños del campo de refugiados situado a no más de 700 metros ataviados con lo que se denominan “pañuelos palestinos” que sirven para taponar las fosas nasales cuando les tiran gas pimienta y que corren hacia el frente enemigo con grandes tirachinas y lágrimas en los ojos.

La edad de los paramédicos que pudimos ver ayer en Qalandia tampoco supera en su mayoría los veinte años pero su labor es una de las más importantes cuando se producen este tipo de situaciones: no sólo trasladan a los heridos en las camillas a las ambulancias sino que deben repartir toallitas de alcohol que los manifestantes deben respirar para evitar todo lo posible las consecuencias del gas, aunque contra las balas no pueden hacer nada.

Qalandia ayer no representó el conflicto más tenso aunque si uno de los que provocaron más heridos. Según nos contaron ayer, las represiones en Hebrón, que sí dejaron muertos, supusieron un punto y aparte en la forma de hacer la guerra entre palestinos e israelíes. Estos últimos, también han comenzado a coger por costumbre el tirar bombas de gas dentro de las ambulancias (acción que es completamente ilegal) para sacar a los muertos de las ambulancias e impedir que las familias puedan enterrarlos. Algo que es considerado por la población palestina como un insulto a sus costumbres y a su cultura.

Mientras las tensiones en esta región de Oriente Próximo comienzan a parecerse al comienzo de una gran guerra civil, los medios cada vez cubren menos los enfrentamientos y las noticias en las los canales de televisión internacionales van perdiendo continuidad, volviendo a ser una simple lucha que tienen los palestinos contra los ocupantes de sus supuestos territorios. Aún así, aquí se espera que la tercera Intifada tarde en llegar ya que, según uno de los manifestantes que ayer estuvo en Qalandia “es imposible que con piedras podamos sobrevivir en una lucha donde las únicas armas que se financian son para que Israel pueda defenderse”.

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