sábado, 31 de julio de 2021

Guaidó entre el liderazgo o el exilio

La Asamblea Nacional de Venezuela decide hoy si otorga a Guaidó su confianza para un segundo mandato con el que completar su "hoja de ruta hacia la libertad".


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Guaidó fue elegido hace un año como Presidente de la Asamblea Nacional, conforme a las normas internas de rotación de los partidos opositores, que ganaron la sede legislativa en 2015, en su primera victoria frente al partido de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en 16 años.

Días después, el 23 de enero, el título de Jefe del Parlamento permitió a Guaidó autoproclamarse "presidente encargado" de Venezuela para impedir que Maduro culminara el segundo mandato, para el que tomó posesión el día 10 , en base a unas elecciones presidenciales consideradas fraudulentas.

Guaidó se apoyó en el artículo 233 de la Constitución venezolana, según el cual será "falta absoluta" del Presidente de la República, entre otras cosas, "el abandono del cargo declarado por la Asamblea Nacional". Si ocurre antes de la toma de posesión, se debe proceder a una nueva elección en 30 días, y entretanto, "se encargará la Presidencia de la República al Presidente de la Asamblea Nacional".

La oposición interpretó que, dado que los comicios de 2018 fueron fraudulentos, la investidura de Maduro el 10 de enero no fue válida, y por tanto, su primer mandato expiró ese mismo día sin que nadie le sucediera en el cargo, lo que habría provocado la situación de vacancia en el Palacio de Miraflores.

La Asamblea Nacional elegirá el 5 de enero a una nueva cúpula, lo que sitúa a Guaidó en la cuerda floja, ya que si pierde el control del Congreso, perderá también la legitimidad constitucional en la que se ha apoyado este último año para continuar como "presidente encargado" de Venezuela.

Guaidó necesita el voto favorable de al menos 84 de los 167 diputados que componen la Asamblea Nacional.

Lucha por el voto

Sin embargo, las maniobras "chavistas" podrían hacer peligrar el quórum. "El régimen está usando una combinación de amenazas, detenciones, sobornos (...) para parar la reelección de Guaidó", ha denunciado el enviado especial de Estados Unidos para la crisis venezolana, Elliot Abrams.

En el campo de las "amenazas" y las "detenciones", a lo largo de 2019, la Fiscalía, el Supremo y la Asamblea Constituyente se han alineado para despojar de su inmunidad a hasta 30 diputados opositores por diversos motivos, que van desde una supuesta tentativa de magnicidio contra Maduro hasta corrupción. Algunos de los diputados señalados están presos, destaca Roberto Marrero, jefe de despacho de Guaidó.

Además, de acuerdo con Abrams, Maduro está ofreciendo cantidades millonarias a los diputados opositores para que retiren su apoyo a Guaidó este domingo. Los blancos principales serían "chavistas" disidentes y los descontentos con el "presidente encargado", ya sea por su falta o exceso de contundencia.

En un contraataque, Guaidó promovió una reforma del reglamento de la Asamblea Nacional para que los más de 20 diputados exiliados puedan votar de forma virtual este 5 de enero, pero el Supremo la declaró nula abriendo el enésimo conflicto institucional. El "presidente encargado" ha pedido expresamente a la comunidad internacional que reconozca el resultado del voto presencial y virtual.

Apoyos a Guaidó

Los obstáculos de la oposición venezolana no están solo en el "chavismo". Guaidó consiguió inmediatamente el reconocimiento de más de 50 países, incluidos Estados Unidos, la mayoría de los latinoamericanos y numerosos europeos (también España), formó un equipo de "gobierno" y envió "embajadores" allí donde se le había reconocido y volvió a situar la crisis venezolana en el foco internacional.

Por contra, no logró que la ayuda humanitaria entrara en Venezuela, la "Operación Liberación" con la que pretendía derrocar a Maduro se quedó en una mera tentativa, y protagonizó la cuarta negociación fallida en los seis años transcurridos desde la muerte de Chávez.

Entre mayo y agosto las partes estuvieron a punto de firmar un acuerdo que contemplaba la salida de Guaidó y Maduro, para dar paso a un gobierno de transición que guiara al país a nuevas elecciones y entretanto, resolviera la crisis económica y humanitaria.

El diálogo descarriló por las sanciones estadounidenses y Maduro se centró entonces en "la mesita de noche", una negociación paralela con los partidos minoritarios de la oposición que fructificó en septiembre con un acuerdo para reanudar las conversaciones que incluía aspectos como la liberación de los presos políticos, la vuelta de los diputados "chavistas" a la Asamblea Nacional y la renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE).

Maduro y sus nuevos socios han intentado persuadir a la oposición mayoritaria para que se siente a esta mesa de negociaciones, pero no lo han conseguido porque Guaidó ve en ello una vieja táctica para ganar tiempo. 

La esperanza de 2020

Así las cosas, "si la oposición mayoritaria perdiera el control de la Asamblea Nacional, perdería su derecho a la presidencia y la debilitaría considerablemente" hasta el punto de que los "chavistas" prevén que Guaidó probablemente tendría que exiliarse", comenta el ICG.

Incluso en el mejor escenario para el líder opositor, en el que sería reelegido, tiene por delante un camino tortuoso. 

En 2020, Venezuela debe celebrar elecciones parlamentarias y Maduro se ha mostrado seguro de que "recuperará" el Parlamento para el "chavismo". 

 

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