viernes, 22 de octubre de 2021

Goya y la jet set

Una exposición recorre los años dorados del pintor aragonés al servicio de monarcas y representantes de la alta sociedad.


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La exposición Goya y la corte ilustrada, que se puede visitar en el Museo de Bellas Artes de Bilbao desde el pasado 14 de febrero y hasta el próximo 28 de mayo, reúne 96 obras, y está comisariada por Manuela B. Mena y Gudrun Maurer, jefa de Conservación y conservadora, respectivamente, del Área de Pintura del siglo XVIII y Goya, del Museo del Prado. Es precisamente de la pinacoteca madrileña de donde procede la mayor parte de la muestra.

El hilo conductor viene establecido por los retratos de una serie de personajes que tuvieron impacto en la vida del artista: su amigo de la infancia, Martín Zapater; sus cuñados, Francisco y Ramón Bayeu; y los reyes a los que sirvió, Carlos III y Carlos IV. La monografía confronta el arte, la técnica y la visión de la realidad de Goya, con las obras de otros autores coetáneos con los que su pintura rompió definitivamente. La maestría y evolución a lo largo de los años en los que el pintor aragonés trabajó en la corte culminan con cuadros tan notables como La gallina ciega, El pelele o los retratos de los monarcas.

Goya ansió el éxito desde muy joven, y este solo se alcanzaba con una brillante carrera cortesana. Madrid había alcanzado su apogeo desde que en 1700 subió al trono la dinastía Borbón, procedente de Francia, y heredera de la grandeza de Luis XIV. En 1775, año en el que el pintor se trasladó a la capital con su familia tras dos años de formación en Italia, reinaba Carlos III, hijo de Isabel de Farnesio. Monarca ilustrado, rodeado de ministros de ideas avanzadas, como Esquilache, Campomanes o Floridablanca, continuó la modernización de la ciudad y el reino. Desarrolló la industria y el comercio, y la ordenación de unas clases sociales en las que se definían por primera vez la incipiente burguesía y un pueblo que podía aspirar a mejores oportunidades de trabajo.

Las disciplinas artísticas recibieron también el impulso de la corona con la creación de las academias de bellas artes, y la invitación de maestros extranjeros, como los refinados retratistas franceses, los brillantes creadores de composiciones mitológicas procedentes de Italia, y los arquitectos del nuevo Palacio Real.

Goya ansió el éxito desde muy joven, y este solo se alcanzaba con una brillante carrera cortesana

Diez años después de su llegada a la corte, Goya fue nombrado pintor del rey en 1786. En 1780 había sido elegido académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y poco después marchó a Zaragoza para hacerse cargo de los frescos de la cúpula de la basílica del Pilar. No gustaron, y la junta de obras le obligó a aceptar las correcciones de Francisco Bayeu. El artista no toleró semejante humillación, regresó a Madrid y ya no volvió a trabajar en su ciudad. Tampoco recibió nuevos encargos reales, porque estos dependían de Bayeu, pero salió adelante con el apoyo del secretario de Estado, Floridablanca, y de algunas figuras significativas, como el infante don Luis de Borbón, los duques de Osuna, e intelectuales como Jovellanos y Ceán Bermúdez.

En 1789 llegó el éxito y Goya ascendió finalmente a pintor de cámara. Poco después le decía a su amigo Zapater: "del rey abajo todo el mundo me conoce". En la que se ha denominado "década prodigiosa", el artista acrecentó su fama y trabajó para los miembros más destacados de la aristocracia y de la política. Como pintor oficial de Carlos IV y de María Luisa de Parma, realizó los retratos de los monarcas, que culminaron en 1800 con ‘La familia de Carlos IV’.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, se desarrolló en España el concepto de refinamiento. Suponía un deseo de ascenso a través de los modales, las costumbres y los gustos. Se hicieron habituales las tertulias y veladas, las fiestas, bailes, teatros y paseos, actividades que hicieron que las mujeres abandonasen el hogar y comenzasen a poblar los espacios públicos. La indumentaria desempeñó un papel esencial, vestir refinadamente y siempre a la moda se consideró acorde a los usos civilizados. Estos cambios afectaron a todos los niveles sociales que, gracias a la democratización del vestido y a la comercialización de telas cada vez más asequibles, empezaron a confundirse entre sí. En los retratos de esta época, Goya sintetiza la evolución de la moda, desde la exquisitez y profusión decorativa del Rococó hasta la simplicidad de tintes revolucionarios propios del Neoclasicismo.

Al tratarse de la primera exposición en Bilbao dedicada a la pintura de Goya, el museo presenta una sección propia en la que se pone de manifiesto la extensión de la corte al País Vasco, entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Se incluyen aquí once personajes vascos y navarros retratados por el artista, casi todos ellos realizados en Madrid. La progresiva ascensión en el escalafón social de la burguesía favoreció que sus más ilustres representantes – políticos, militares y comerciantes – quisieran ser inmortalizados por el mejor pintor de la corte.

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