Muere de un tumor cerebral a los 41 años Miki Naranja, marido de Lucía Be

El poeta, cuyo verdadero nombre era Miguel Ángel Herranz, encontró en Instagram gran difusión para sus textos

El poeta Miguel Ángel Herranz, conocido como Miki Naranja. / @mikinaranja
El poeta Miguel Ángel Herranz, conocido como Miki Naranja. / @mikinaranja

Conmoción en las redes sociales. El poeta Miguel Ángel Herranz, más conocido como Miki Naranja, ha muerto en Madrid a la edad de 41 años como consecuencia del tumor cerebral que padecía desde hacía tres. El fallecido, vallisoletano de nacimiento, era, además de escritor, funcionario de prisiones, y estaba casado desde 2010 con la diseñadora e 'influencer' Lucía Benavente, conocida como Lucía Be, con la que tenía cuatro hijos en común. Además de a su familia, Miki deja desolados a sus decenas de miles de seguidores en Instagram, plataforma donde encontró gran difusión para sus textos. Herranz había publicado cuatro libros de poesía: "Palabras de perdiz", "Lírica de lo cotidiano", "Érase una pez" y "Aquí estuvo Kilroy". Autor también de diversos cuentos infantiles, se definía a sí mismo como "escéptico, racionalista y moderado", excepto al escribir.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Ayer, hace diez años...

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Con sus 'followers' solía compartir aforismos poéticos, versos sueltos y haikus "de tema realista y trasfondo moral", tal y como señala el diario El Mundo, que también asegura que, entre los escritores que en los últimos años han encontrado fama en las redes, Herranz era "una especie de hermano mayor que retrataba las paradojas y los encantos de una vida más o menos convencional: los hijos, los amigos, las renuncias, la enfermedad...". A pesar de que estos años han sido complicados, tanto él como quienes le rodeaban intentaron disfrutar al máximo del tiempo que les quedaba juntos. Así, Miki y Lucía Be mostraron en numerosas ocasiones lo unidos que estaban y lo importantes que eran sus hijos, tres niños y una niña. "Hay vínculos que no se rompen, viven por encima del tiempo y de la muerte", dejó escrito él. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Aunque se mostraba muy optimista, Miguel Ángel no ha podido finalmente con el cáncer. Según varios medios, la metástasis cerebral -carcinomatosis meníngea- se extendió con rapidez, obligándolo a someterse hasta a nueve intervenciones quirúrgicas, tratamientos de quimio y radioterapia e, incluso, diversos ensayos clínicos. Escribir fue para él, en esas circunstancias, la medicina necesaria "para impugnar una y otra vez lo irremediable". "Vienen momentos muy duros y, salvo un milagro, no estaré junto a mis hijos para capear la tormenta", vaticinó recientemente en Instagram. Como se puede comprobar en sus respectivos perfiles, durante la dura lucha que Miki libró contra el tumor que le diagnosticaron en 2017, Lucía no se ha separado de su lado. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Cae la tarde. ? Trato de escribir, rogué a mis padres que me dejasen a solas. Ayer perdí la audición; hipoacusia bilateral severa, lo llaman: el líquido cefalorraquídeo presiona al nervio auditivo y, sin previo aviso, uno queda envuelto en el más completo de los silencios. Supongo que este intervalo debería ser un tiempo propicio para la mística o la poesía, sin embargo, al contrario, lo único que brota es la queja: ¿por qué ahora me acercáis lo callado? ¡no lo pedí! Hace unas semanas vi el documental de Donés, en él (entre otras cosas) se lamentaba de los efectos que los corticoides (y sus desescaladas) producen en los estados de ánimo... La queja. La queja es una manifestación de vida, trato de embridarla, pero en ocasiones (más de las debidas) se desboca. Rezo para encontrar presencia de ánimo y no aparece. En esta habitación (bueno, me irán cambiando) pasaré los próximos meses... El ánimo habré de cultivarlo porque cada día que pasa estoy más seguro de que no va a caer del cielo... Recuerdo un poema de Juarroz, aunque no lo parezca es un canto fraternal y esperanzado. ? «Pienso que en este momento tal vez nadie en el universo piensa en mí, que solo yo me pienso, y si ahora muriese, nadie, ni yo, me pensaría. Y aquí empieza el abismo, como cuando me duermo. Soy mi propio sostén y me lo quito. Contribuyo a tapizar de ausencia todo. Tal vez sea por esto que pensar en un hombre se parece a salvarlo». ?? Pensémonos. Será el único camino para rescatarnos.

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Una compañía que, de acuerdo con la revista Lecturas, la joven ha compaginado con su trabajo en la marca de la que es diseñadora, "con la que no deja de crecer a nivel profesional". En sus últimos meses de vida, Herranz intentó dar toda la visibilidad posible a la enfermedad que sufría, trasladando que no hay que esconderse cuando se pasa mal y haciendo un llamamiento a gozar de los buenos momentos. Su último 'post' literario, fechado el 29 de octubre, incluía solo tres palabras: "Eterna mente guapa". Días antes, escribió: "No me da miedo / la muerte, / la mía. / La tuya es otra cosa / distinta: / más fría, / más mía, / más muerte"