martes, 13 de abril de 2021

Sánchez mantiene el aliento y mira de reojo a Cataluña

La fuerza que los partidos independentistas consigan en estas elecciones, sobre todo ERC, determinará las exigencias del bloque separatista para mantener al Gobierno en Madrid.


Sánchez mantiene el aliento y mira de reojo a Cataluña
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Como viene siendo habitual desde hace más de una década, los resultados electorales de Cataluña no solo se circunscriben el futuro político de la comunidad autónoma, con un gobierno de uno u otro color político, sino se extrapolan a la política nacional. Más ahora, con un gobierno bipartito que se apoya en fuerzas soberanistas e independentistas para sacar adelante diferentes políticas en el Congreso de los Diputados. No obstante, su fuerza se mide en función de los resultados que obtengan en los comicios más próximos. EH-Bildu se mostró muy fuerte tras las elecciones autonómicas en el País Vasco, celebradas en julio del año pasado. Ahora está por ver en qué medida Esquerra Republicana ve fortalecida su gestión y relación con el Consejo de Ministros. 













Pedro Sánchez estará manteniendo el aliento estos momentos desde su despacho del Palacio de La Moncloa. Sabe que la viabilidad de su gabinete depende, en parte, de los resultados que se cosechen de los comicios catalanes y, en parte, Salvador Illa se verá beneficiado o “pagará el pato” de las decisiones de la sede gubernamental. El candidato del PSC, que no ha sido elegido en unas primarias para encabezar la lista socialista sino que ha sido puesto a dedo por el propio presidente, se ha mostrado muy confiado en que ganará las elecciones. Sin embargo, los barómetros apuntan a un empate técnico entre el PSC, JxCAT y ERC que limita al máximo pactos transversales intrabloques. 

El Gobierno ha sacado votaciones importantes con el visto bueno o, al menos, la vista gorda de ERC. PSOE y Unidas Podemos 155 escaños, lejos de los 176 de la mayoría absoluta. Por lo tanto, los 13 puestos de los republicanos catalanes se tornan necesarios, imprescindibles, en votaciones de diferente índole. Lo fue con la Ley de la Eutanasia, la Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación (LOMLOE)… Y el rechazo de los de Gabriel Rufián al decreto de reparto de los fondos europeos fue un duro varapalo para Pedro Sánchez. Al final se salvaron gracias a la abstención de Vox o Bildu, pero fue una llamada de atención del independentismo en plena campaña electoral. Sin embargo, este toque de atención podría convertirse en algo rutinario tras las elecciones catalanas si se consolidasae el aapoyo que las encuestas le pronostican. 

Por lo tanto, Sánchez y su mano derecha, Iván Redondo, analizarán al milímetro en qué se podrían traducir los resultados de las elecciones en Cataluña. De esta manera, medirán con exactitud las peticiones que los republicanos podrían exigir para garantizar, en parte, la gobernabilidad de España. Sus votos son imprescindibles ante una oposición que, ni apelando al sentido de Estado, ha negociado mínimamente con el Gobierno ninguna medida de calado para afrontar la crisis sanitaria del COvid-19 y su posterior réplica en lo económico. El Ejecutivo no ha hecho grandes esfuerzos para sentarse con el PP, es cierto, pero la negativa de los de Génova 13 a negociar nada, sin conocer previamente su contenido, hace que las posturas estén más enconadas que nunca en el momento menos oportuno posible. 







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