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Un otoño caliente para Cataluña

Por MIGUEL PÉREZ MONTES. 05/09/2018

El independentismo amenaza con desestabilizar los cimientos del Estado con amenazas de ruptura con España y de infringir la Constitución.

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El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en la conferencia independentista del Teatro Nacional de Cataluña.

Que Pedro Sánchez no lo va a tener fácil este otoño es un hecho. Frente a los grandes retos a los que tendrá que hacer frente el Gobierno, como la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado 2019, o los diferentes pactos a los que tendrá que llegar con otras formaciones políticas, se suma el desafío soberanista de Cataluña. Este, con Quim Torra a la cabeza, es uno de los grandes quebraderos de cabeza para un presidente del Ejecutivo que intentará llegar a acuerdos, obligado por la minoría parlamentaria con la que goza en el Congreso.

El Govern de Cataluña, de corte secesionista, no ha cesado en su intento por conseguir la ansiada república. Artur Mas, Carles Puigdemont... Y ahora Quim Torra. A través de varios partidos, con diferentes nombres pero mismo objetivo, el sector soberanista catalán ha intentado retar al Estado a lo largo de los años. No obstante, la situación que se vivía en Cataluña años atrás no es la misma que la que se ha dado este último año: la lucha por la independencia se ha recrudecido, la fractura social catalana es un hecho y el Govern, encabezado siempre por listas separatistas, ha endurecido su discurso. Y no solo han sido sus palabras, sino sus actos: en un mes se cumplirá el primer aniversario del referéndum ilegal de autodeterminación del 1 de octubre y, el  próximo 27 del mismo mes, la fallida declaración de independencia de la República de Cataluña en el Parlament por parte del expresidente Carles Puigdemont. Desde entonces, no han cesado los desprecios y desacatos al Estado español.

Que este va a ser un otoño caliente en Cataluña es un hecho. La Diada, los aniversarios ya comentados, el juicio contra los encarcelados por la causa soberanista... Son varios los momentos en los que los que apuestan por la desconexión pueden dar un golpe de efecto y provocar una crisis no solo en Cataluña -o mejor dicho, avivar dicha crisis-, sino en el resto del país, representada en el Ejecutivo nacional. Por un lado, los partidos denominados "constitucionalistas", como PP y Ciudadanos, le podrían exigir la reaplicación del artículo 155; por otro lado, sus socios de Gobierno, entre los que se encuentran los independentistas de ERC, podrían exigir a Sánchez ciertos requisitos o decisiones a favor de la Generalitat que, en caso de que no se les fuera concedidos, podría significar la retirada del apoyo de sus diputados. Sánchez, por lo tanto, tendrá que lidiar con todos los partidos para evitar, como es su deseo, un adelanto electoral y poder agotar la legislatura. 

Todo esto, a nivel nacional, salpicado por las continuas amenazas y advertencias de Torra y su Govern al Ejecutivo socialista: "O libertad o libertad. No renunciaremos nunca", sentenció ayer el presidente autonómico en su lucha por la independencia. Torra, que parece no tener miedo a las represalias, intentará llegar lo más lejos que pueda por la causa. Por lo menos, hasta donde llegó su antecesor, declarando la República de Cataluña, pero suspendiéndola pasados unos segundos. Quién sabe el devenir de los acontecimientos. Está en manos de Torra, de Puigdemont... Pero también de Sánchez, Casado o Rivera. Solo hace falta lo que, por una parte y la otra, llevan pidiendo durante semanas y meses: diálogo. 

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