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CULTURA | EL FOTÓGRAFO,CARLOS PÉREZ SIQUIER, INFATIGABLE E IRÓNICO POR NATURALEZA

Pérez Siquier: “Soy enemigo de Photoshop”

Por MELANIE LUPIÁÑEZ PÉREZ. 16/02/2018

“Yo jamás manipulo mi fotografía, ni antes de hacer la foto, ni después. Todo lo hago de una forma muy espontánea”, dice el fotógrafo. “Y esto es muy importante”, su filosofía desde 1956.

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El fotógrafo documentalista Carlos Pérez Siquier en su casa de Almería

El reconocido fotógrafo almeriense fue de los primeros europeos que se atrevió a usar el color en la fotografía documentalista, un vanguardista en las formas, creador del grupo AFAL y Premio Nacional de Fotografía en 2003. Irónico y contemporáneo de su tiempo. Dedicamos este espacio al documentalista que a los 87 años dice a los periodistas: “yo he de morir con las fotos puestas”, porque en efecto no para y el próximo 25 de febrero presentará en Madrid el libro que recoge su último trabajo, La Briseña, con fotografías del cortijo donde se crio.

“Yo soy enemigo de Photoshop”, Pérez Siquier pronuncia estas palabras con cierta gravedad, e incluso cambia el tono de su voz. “Le tengo una prevención, un odio a ese tipo de fotos, porque eso es una cosa de moda a consecuencia de una técnica que ha aparecido que va a durar poco y que ahora la gente se cree que es moderna. Sin embargo, ese procedimiento está caduco ya. Es una cuestión de ordenador, de leerte unos cuantos libros. No hay nada de tipo creativo”. Él nunca manipula las fotos ni antes, ni después, tampoco las piensa y parafrasea a Picasso: “los objetos salen a mi encuentro”, para aclarar la explicación.

"Siempre he sido muy cuidadoso de utilizar los medios estrictamente fotográficos"

“Siempre he sido muy cuidadoso de utilizar los medios estrictamente fotográficos, que la intervención sea la mirada; el saber ver lo que los demás no ven con asiduidad, con facilidad. La segunda vida que tienen las personas y los objetos, darle una visión muy particular, muy propia, muy personal, para lo cual utilizo pocos elementos. Los elementos que reflejo son los que van directamente al ojo del espectador yo le doy la lectura ya hecha a la persona que ve la foto. Procuro coger un elemento y darle categoría, enseñarlo de una forma directa que se comunique contigo. Primero se ha comunicado conmigo, pero yo sé que después se va a comunicar contigo”. Esta es la descripción de la filosofía fotográfica del fotógrafo almeriense que cambió las reglas del documentalismo español.

“Ahora lo que estoy haciendo mucho es el trampantojo, Es ver una cosa que parece otra que la mirada te engaña. Te puedo enseñar yo un trampantojo ahora mismo”. Nos levantamos y vamos hasta su terraza allí se ve la rambla de Almería, el Puerto y la Playa del Palmeral, a la izquierda un edificio alto en cuya fachada hay un trampantojo pintado.

"Lo que pasa con el móvil es que muchas veces no te permite tener calidad para hacer una ampliación, pero si la foto es buena"

Lejos de llevar un sofisticado equipo usa cámaras pequeñas y discretas, para poder pasar desapercibido y capturar el momento. También es partidario de utilizar los móviles para hacer fotos. “Puedes hacerlo con lo que te dé la gana. Lo que pasa con el móvil es que muchas veces no te permite tener calidad para hacer una ampliación, pero si la foto es buena”, dice el único fotógrafo español que puede presumir de tener museo propio, el Centro Pérez Siquier que la Fundación Ibáñez Consentido inauguró en 2017 en Olula del Río.

Rehúsa a que lo traten de usted y a través de su trabajo conecta con los jóvenes. El laureado fotógrafo comenta cómo pone a prueba a sus pupilos. Está apoyado en una de las estanterías de la cálida sala de su casa con privilegiadas vistas a la Rambla de Belén de Almería. El mobiliario es sencillo el necesario para sostener buenos tomos de libros de arte; Dalí, Picasso y algunos indispensable de la literatura rusa. También hay cámaras, cámaras de juguete, como una de Barbie, cámaras de atrezo y cámaras, cámaras. En la balda más alta de la estantería algunos de sus premios. Es un espacio que invita a la contemplación, la reflexión o la lectura, no hay televisor, sino unas amplias ventanas y una peculiar pared en un tono burdeos repleta de cuadros de diferentes autores cuyo hilo conductor sea la vanguardia.

Considera que los trabajos que más fama le han reportado han sido en primer lugar La Chanca y, después La Playa. El trabajo de la playa fue una venganza a ese paraíso robado, de ahí aquellas imágenes seccionadas de cuerpos dorándose al sol, “parecían ballenas varadas”. Una ironía iconográfica tan vigente a día de hoy y, que le valió la puesta en el dintel como uno de los fotógrafos documentalistas más importantes de Europa que usaban el color. Cuando el color se consideraba “algo más superficial, turístico, ilustrativo”, explica Pérez Siquier.

El reconocido fotógrafo, coleccionista y comisario de arte, Martin Parr le dio un gran impulso a su carrera. “Se permitió decir que yo hacía unas fotografías en los años 80 que parecía que habiendo pasado 30, 40 años eran de actualidad. Y que seguramente aquel fotógrafo era tan elegante, tan joven, que no tuviera la fama que tenía que tener. A partir de ahí subió mucho mi caché, me reconocieron mucho más en España, me pidieron fotos para museos, vendí en galerías y eso me permitió dejar la fotografía alimenticia. Viví exclusivamente a partir de la obra personal, obra de autor que se llama”.

Es uno de esos ejemplos de mentes inquietas y la pereza tampoco entra en su ser. No tarda en levantarse para mostrar las diapositivas que le encargaba el ministerio de Turismo, la fotografía alimenticia que él llama. Durante su mes de vacaciones se recorría el litoral, el viaje, las pensiones el material y las comidas salían de su bolsillo. “Al cabo de un mes tenía 300 o 500 diapositivas 6x6, y no es que pagaran mucho, pero como hacía tantas porque era yo un fiera haciendo fotos. Se quedaban con un 70% del material porque les gustaba mucho lo que hacía”. Así este fotógrafo almeriense se hizo especialista en las playas y en aquellos años 70-80 fue el primero que fragmento los cuerpos, mezclándolos con las texturas y coloreándolos.

La Chanca a color surgió porque utilizaba una nueva cámara con la documentó las playas. “La Chanca tenía unas posibilidades muy grandes porque la gente era muy mimosa de sus casas y pintaba las fachadas de colores, unas veces pintaban una fachada amarilla, otras veces era rosa, otra verde. Además, las casas eran muy cúbicas, quedaba una arquitectura muy minimalista, que era muy interesante, instintiva de la gente de allí. Todo eso ha cambiado cuando se han hecho intervenciones urbanísticas que han roto la magia que tenía entonces, y eso es importante, esas casas y esos colores.” El artista recalcaba la importancia de la arquitectura primigenia del barrio.

“Los supervivientes aceptan la Chanca mía como herencia de su pueblo. Se siente orgullosos porque en lugar de hacer una denuncia de la situación tan negativa que tenían, lo que hice es engrandecer lo cotidiano. Siendo humilde aquella gente le daba una categoría a esa humildad. Lo que yo veía en una fracción de segundo; congelaba el instante, o sea la vida. Y claro esas fotos eran auténticas y han supervivido quiere decir; que el paso del tiempo, que es el que enjuicia realmente una obra, en vez de envejecerla la ha mantenido. Cuando una cosa perdura a través del tiempo es una obra que tiene arte, que es auténtica.” Esta es la reflexión de Pérez Siquier.

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