martes, 22 de junio de 2021

Lágrimas de Sangre vuelve a brillar en los escenarios madrileños

Tras muchos meses llenos de incertidumbre, los fans de Lágrimas de Sangre han podido ver a la banda actuar en la capital en un entorno fuera de lo habitual


Lágrimas de Sangre vuelve a brillar en los escenarios madrileños
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El verdadero valor de lo sucedido en la mañana de este pasado domingo en el Teatro EDP Gran Vía no residía en que por fin una de las bandas más queridas de los últimos años tuviese la oportunidad de volver a los escenarios madrileños (que también), sino en ser capaz de llenar una sala a las doce del mediodía. Los menos madrugadores nunca se habrían atrevido a dejar sus sábanas para hacer vibrar una sala llena de butacas de terciopelo y lámparas majestuosas.

En otras circunstancias el modus operandi del grupo habría sido distinto: actuarían en un espacio al aire libre mientras la luna se refleja en las caras de miles de asistentes deseosos de clavar en sus tímpanos cada una de las canciones. Pero como bien se dice por ahí, la realidad siempre supera la ficción. El público no paraba de chocar sus pies contra el suelo haciendo que la sala retumbase más de lo que lo haría si todos hubiesen estado de pie bailando con la música más festivalera. Tan solo unos meses atrás pensar en un concierto con estas características hubiese resultado una auténtica utopía.

Si hay algo que el virus no ha parado es la ilusión que sigue generando a las personas escuchar música en directo, y más aún si los artistas a los que llevan tanto tiempo queriendo ver aparecen por sorpresa desde el fondo de la sala. El público estalló de felicidad al mismo tiempo que lo hicieron los cañones de humo y las luces de colores, el regocijo de los asistentes no se podía ocultar. Ahí estaban los cinco: Neidos, Microbio y Still Ill a las voces, Acid Lemon como productor/dj y Ricard Cots a la guitarra, cinco faros que servían como vigía en una mañana de domingo un tanto diferente.

Conscientes de que nos encontramos ante una actualidad tambaleándose entre la fragilidad y la fortaleza, decidieron poner toda su energía en el escenario desde el primer momento. Tenían dos opciones, detenerse justo delante de la señal de Stop o ceder el paso a la música en vivo, ellos no tuvieron ninguna duda de qué hacer, siempre que los asistentes estuviesen con la boca y la nariz bien tapadas y los otros sentidos al descubierto, vaya.

El listón estaba alto. Sus últimos conciertos en las salas y festivales de toda España evidenciaban que se trata de una de las mejores bandas catalanas actuales y que los miles de asistentes que pasan por sus conciertos no dejaban lugar a dudas. Las canciones de 'Vértigo', su último álbum, junto con los que han sido sus grandes éxitos desde sus comienzos, no paraban de hacer que los brazos de los asistentes se agitasen en todo momento. Los hits se sucedieron uno tras otro.

La banda supo como alternar sus temas más reproducidos junto con aquellas canciones que más les definen como grupo. Lo que quedó claro es que la fidelidad de su público es infinita: del mismo modo que se sabían a ciencia cierta la letra de ‘Voy a celebrarlo’ se conocían todos los temas con los que la banda deleitó al público durante los casi los 90 minutos que duró el concierto. En ese tiempo tuvieron la capacidad de hacer que los asistentes bailasen cada uno de sus temas, se agachasen desde sus asientos con ‘La gente’ y sacasen sus mecheros y linternas para ‘Quemar el mar’ y así iluminar esta velada. Para sorpresa de los presentes, el concierto no terminó hasta que sonó 'Blancs Wu-Tank' y los corazones se aceleraron.

A la salida, una fila interminable serpenteaba en el interior del edificio, repleta de manos ansiosas de adquirir algún que otro producto de merchandising que les recordase para siempre que ellos habían estado ahí, que su presencia había sido tan clave para la vuelta de la música en vivo como El Jardín de las Delicias de El Bosco lo fue para el Renacimiento. La cuestión es renacer, no dejar que tantos años de kilómetros recorridos y días frenéticos se queden apilados en ese cuarto que ya nadie abre y, oye, hasta que llegue el Viña y se pueda hacer una revolución lo que han dejado claro es que con una canción (y más de una) se puede hacer piña.

 

Fotografías: Álvaro Cano

Arancha  López Olmedo
Autor

Arancha López Olmedo

Estudió el Grado en Periodismo en la Universidad de Castilla-La Mancha y ha estado trabajando en diferentes empresas y medios de comunicación como la Editorial Planeta, el Grupo Webedia en París o el diario digital Voces de Cuenca. Finalizó sus estudios cursando los 6 últimos meses en Grecia y en la actualidad está especializándose en Marketing y SEO.

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