CULTURA | LA CRISIS LO EMPUJÓ A REINVENTARSE Y COMBATIÓ EL RACISMO CON CULTURA, RYCHARD Z. AYARICK LUCHÓ POR CONSEGUIR SER FARMACÉUTICO

"El negro que no me atienda", decían los clientes de la farmacia

Por MELANIE LUPIÁÑEZ. 19/09/2019

El farmacéutico cubano afincado en Roquetas, Rychard Z. Ayarick, trabajó durante 8 años para subsistir hasta que por insistente le dieron la oportunidad. Nadie apostaba por un farmacéutico negro.

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“No querían un negro, me decían: 'búscate la vida porque no creo que aquí puedas ser farmacéutico'. Estuve años deambulando por ahí con mi título homologado. Cuando llegué a España en el año 2001 ya era máster en farmacia clínica por la Universidad de Camagüey", dice el farmacéutico cubano afincado en Roquetas, Rychard Z. Ayarick.

"Trabajé en la construcción hasta que vino la crisis y me puse en marcha, batí todas las farmacias desde Almería hasta el Ejido, cada mes currículo, me daba igual que lo tirasen. Finalmente me llamó una farmacia de Vícar sobre el año 2005/2006, a partir de entonces me di a conocer y ya todo el mundo me quería", comenta el facultativo envuelto ahora en una bata blanca. 

El farmacéutico llegó a España hace 18 años, fueron muchos los trabajos que tuvo que desempeñar, vivió en un piso patera, sufrió discriminación por su color de piel, pero los luchadores nunca se rinden. “Cuando uno está montado en el dólar no recuerda su pasado. Estaba a gusto donde estaba, la gente pensaba que la farmacia de la Avenida Juan Carlos I era mía porque yo hacía y deshacía, pero me vine para acá a empezar de cero”, dice Ayarick .

“La gente me dice que me ha tocado la lotería y no me ha tocado ninguna lotería. Lo único que tengo es haber planeado poner un negocio aquí durante 8 años, cuando nadie apostaba ni un duro por mí, salvo mi hija. Yo venía y paraba en esta zona con mi coche, miraba la calidad, el ambiente, pensaba: esto aquí o aquí”, son las palabras de un hombre que no se rinde y lucha por sus sueños.

Hoy su consulta de nutrición y dietética se llena de clientes que llegan de cualquier parte de la provincia, como resultado de su buen hacer. Este cubano y su mujer, Midolainys Moa Hernández, asesoran sobre cada producto. Como farmacéutico clínico lleva un estetoscopio en el bolsillo de la bata para distinguir las dolencias y saber qué recomendar, además siempre tratan al cliente con familiaridad.

¿Cuándo vino a España?

Llegué a Barcelona en el año 2001 un mes después de los atentados del 11S en aquellos tiempos te deportaban y, a pesar de tener mi visado, me asusté. Veía a los negritos que no tenían papeles esconderse en el metro, los veía correr de un lado a otro. Un chico en la calle me dijo: ‘Almería es el único sitio donde puedes conseguir trabajo sin papeles y la policía no te molesta’.

Es un error garrafal que en España tú seas legal, pero no tiengas permiso de trabajo. Cuando la persona está aquí no la vas a dejar tirada si tiene que ir al médico, dale la residencia para que trabaje, que cotice, eso es lo que hacen los alemanes. Te puedo asegurar que vas a las Doscientas viviendas y hay negros que saben más que tú y que yo, intelectuales, que tienen carreas. Hay que buscar a esa gente, como hacen en otros países. A los americanos, fíjate en House, les da igual que el cirujano de turno sea negro, chino o japonés, sin embargo, España no lo aprovecha.

¿Por qué decidieron trasladarse a Roquetas?

Me vine para Roquetas porque una gente me iba a recibir, pero al final me dejaron tirado, así que mi mujer y yo nos las tuvimos que buscar. Nos metieron en un piso patera, estuvimos casi tres semanas a base de Cruz Roja, espaguetis por aquí, atún por aquí.  La tarjeta de crédito de mi mujer nos sirvió para comprar una vespa a un gitano y así desplazarme a un almacén a trabajar. No tenía dinero para comprar guantes, hacía un frío tremendo, era la primera vez que yo veía tanto frío porque en Cuba no hace frío, me puse unos calcetines en las manos pensando que eso me ayudaba y, en el badén del cementerio me caí que por poco me mato. Hoy en día pasó por allí con mi coche, veo la zona y me entra una cosa, cuando lo cuento a mis hijos creen que soy un fanfarrón.

Respecto a sus inicios como farmacéutico en Almería…

Estuve una semana en el mostrador y ningún cliente quería que lo atendiera. El farmacéutico salió cabreado y le dijo a la gente: ‘Rychard es farmacéutico igual que yo si no quiere que le atienda no venga más a mi farmacia.’

Mi primer trabajo en Vícar fue una de las etapas más duras de mi vida, fue poco tiempo unos 9 meses, tuve suerte porque el tipo se iba de vacaciones y necesitaba un farmacéutico le daba igual quien. Cometía muchos errores, tuve que reciclarme. Una vez me pidieron Betadine bucal y yo saqué vaginal, en Cuba hay un solo tipo, cuando llegué al mostrador el hombre puso una cara… Por estas cosas mis compañeras de trabajo, excepto una, se ponían en mi contra, porque cómo iba a ser yo el jefe si sabía menos que ellas.

Todas estas experiencias le hacen resiliente, más fuerte…

Ayarick mira con sinceridad, sonríe y vuelca el tono de su voz en un delicado: “claro, ya soy español, igual que tú”. Luego de pronunciar estas palabras sus brazos vuelven a abrirse y su espalda a enderezarse. No es resentimiento, ni tristeza es la calma de quien cruza el charco y echa raíces.

En cuanto a la integración…

Es hora de que haya un policía local negro en Roquetas, la ventaja sería que cada vez que hubiera un problema en las Doscientas si va ese negro lo van a respetar. Son cosas triviales pero que tienen importancia. Yo no sé si estoy desvariando.

En cuanto al racismo…

El tema de somos o no somos racistas a veces depende de nosotros los extranjeros. Cuando tú ves a un extranjero que se gana la vida honradamente, no roba, no tiene mala fama, entonces el grado de racismo puede ser bajo o medio, no alto. Por ejemplo, me dice la gente: ‘a los negros los quiero, pero los moros no me gustan’ por esa fama. Yo no puedo decir que los moros esto, porque tengo un amigo árabe que es todo educación y cada vez que pasa algo con su nacionalidad él llora, me dice: ‘Rychard, Marruecos es grande’.

Aprende esto: ‘la educación os hará libres’ eso lo dijo José Martí. Si tú eres culta nadie te va a decir un cuento. Hay que buscar la manera de que la gente que llega aquí aprenda estas costumbres y mantenga las suyas, es que si no puede ser. 

Ojalá Dios nos dé mucho tiempo para vivir, ¿sabes dónde va a ser la siguiente ruta de migración? Nos vamos todos para África, próximamente faltará agua potable sobre la tierra y los chinos ya nos han adelantado. Ojalá vivamos mucho tiempo para poder contarlo.

¿Ha vuelto a encontrarse con personas de su pasado que le ayudaron?

Sí, con personas que me ayudaron y con otros que no. Recuerdo a un encargado de la obra que me puteaba mucho, cuando ese tipo me vio en la farmacia se le cayeron las lágrimas, pero nunca le guardé rencor e hicimos una gran a amistad. Hay otro hombre a quien llamamos Manolo Huércal, que siempre que posteo en las redes me comenta, porque él apostaba por mí.

Respecto a su negocio; estudió nutrición y dietética, homeopatía, naturopatía, también ofrece servicio de osteopatía y fisioterapia. Todos estos estudios los realizó en España, además pasa consulta de dietética. Rychar enseña el calendario de citas orgulloso, el mes entero está completo.

Viene gente hasta de Canjáyar a la consulta. Cobro 10 € por consulta, mis dietas son un cursillo para que te conviertas en tu propia dietista. La báscula que tengo es tipo escáner, te desglosa por completo, músculos, grasa, cómo está el hígado, todo. La dieta está pactada entre tú y yo, está calculado a tu metabolismo basal, por lo que es muy difícil que falle, si falla es porque no la quieres hacer.

Montar este negocio ha sido un riesgo muy grande, llevo 4 años con la parafarmacia Roquetas, vamos pagando, aunque de vez en cuando hay algún bachecillo. Hay meses que me saco un sueldo, otros que no, pero vivo, mi familia no pasa hambre. Hay flujo de personas, eso se hace poco a poco.











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