martes, 21 de septiembre de 2021

De patito feo en Bilbao a cisne en Madrid

El niño que cantaba mirando a la pared cumple el sueño de ser intérprete


De patito feo en Bilbao a cisne en Madrid
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Febrero de 2017. La gala de los Goya reúne a lo más granado del cine español. Asier Etxeandia (Bilbao, 1975), el más distinguido para la revista GQ, saborea las mieles del éxito desde su honestidad como artista. Numerosas actuaciones suyas han atrapado al espectador desde aquel ‘Beni’ de ‘Un paso adelante’ hasta Raúl de la Riva, de ‘Velvet’. El hecho de que ambos sean personajes televisivos es una mera coincidencia. Etxeandia es un actor completo, un intérprete, como él mismo se define. Ha abarcado todos los géneros: comedia, drama, musical,…, recibiendo muchas nominaciones y premios.

Aquel niño nacido al final del franquismo ha recorrido un duro camino hasta llegar aquí, y ha pagado el precio por ser diferente. Hijo único, Asier Gómez Etxeandia cursó la EGB en el Colegio Jesuitas de Bilbao, donde sufrió bullying. “Todos los días había cinco niños esperándome a la salida para darme de hostias”. Sus notas más habituales eran los muy deficientes, “excepto en música y gimnasia”. Pero el acoso que padeció le hizo fomentar un mundo de imaginación que le ha servido en su profesión. Su tía Clara le recuerda de pequeño “cantando temas de Madonna a todas horas”.

A los 19 años comenzó a estudiar teatro, se fue de casa y convivió con un grupo de punkis en una casa okupa en Lamiako (Getxo). Allí conoció a Verónica Bernal, ‘la Vero’, con quien todavía mantiene una estrecha relación de amistad. “Asier llegó con su melena rubia y sus zapatos de plataforma, y en la casa no le aceptaba nadie, siempre le estaban juzgando. Pero esas críticas más que hundirle, reafirmaron su personalidad”. Trabajó de payaso en un supermercado y como dependiente en una sex shop. Su marcha a Madrid le dio la libertad que le faltaba y le permitió continuar su formación en arte dramático.

En 2003 llega su gran oportunidad. Su amiga Natalia Millán le propone interpretar al maestro de ceremonias en el musical ‘Cabaret’. Cuando era niño, su padre ponía el disco muy a menudo. “No paraba de escucharlo, me estuve preparando toda la vida para ese papel”. Confiesa estar muy agradecido a sus progenitores, especialmente a su madre, que falleció hace diez años a causa de un cáncer. “Si soy actor es por ella”.

Los que le conocen dicen que es un tipo temperamental, que “salta con facilidad”. Reconoce que después de interpretar a un anciano de 90 años en la obra ‘La avería’, dirigida por Blanca Portillo en 2011, se hizo “más cascarrabias”. Esta representación le supuso dos premios: el ‘Max’ y el de la ‘Unión de Actores’. Sin embargo, posteriormente estuvo un año sin trabajar y “no tenía ni para el metro”.

El origen de su productora, ‘Factoría Madre Constriktor’, está en la falta de apoyo de las instituciones al sector. “En este país no se valora el arte. Nos lo han puesto tan difícil para poder sacar la cultura adelante, que nos juntamos para poder hacer lo que nos diera la gana”. Enrico Barbaro, bajista y componente de su banda, le define como un trabajador infatigable.”Cansa mirarle. Transmite mucha energía”.

"En este país no se valora el arte"

Etxeandia regresa con frecuencia a Bilbao. “Me hace falta, porque lo echo mucho de menos”. Es un tipo muy despistado, que pierde las llaves y el móvil “continuamente”, al que le gusta la lealtad y le aburre la fidelidad. El niño que cantaba mirando a la pared para oír su propio eco ha conseguido reivindicar todas sus rarezas. Y lo ha logrado a través del amor, al que define como “un teatro lleno”.

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