CULTURA | CRÓNICA CONCIERTO WOLF ALICE

Los ingleses hacen “sold out” en Madrid

Por AMELIA FERNÁNDEZ VALLEDOR. 03/11/2018

Anoche en el teatro Barceló se vivió una noche de intenso rock con tintes noventeros que entusiasmó a la abarrotada sala.

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Momento de la actuación de Wolf Alice en el Teatro Barceló de Madrid

Hace años leí una crónica de un concierto de la banda en un festival español y decía el periodista que la cantante Ellie Rowsell estaba demasiado estática en el escenario y que eso hacía que el público no empatizase con las canciones, lo cual creo que es discutible, sino que se lo digan a Paul Banks de Interpol. Pero está claro que el tiempo pasa y que la banda ha tenido suficientes bolos en estos 8 años desde que se formaron, que han ido cogiendo tablas sobre el escenario, ya que anoche Ellie fue de todo menos estática. Tocaba la guitarra y movía la cabeza a tal velocidad de arriba abajo, que no sé como no se desnucó, en las canciones enérgicas de la banda que mezclan el ‘grunge’ noventero con unas guitarras punzantes, para luego pasar a coger el micro cual “crooner” y cantarse la suaves “Silk” de su disco My Love is Cool y “Don’t Delete The Kisses”, del disco que venían a presentar Visions of  a Life, iluminada por la bola de discoteca que convertía la sala en un cielo estrellado. Pero, Ellie no fue la única con las pilas 100% cargadas para darlo todo en el escenario madrileño, el bajista Theo Ellis salió a comerse el escenario, bailaba en cada canción con mucho rollo y estilo, pero en las canciones más cañeras como Yuk Foo, You’re a Germ… saltaba, se iba hacia la batería, jaleaba al público, vamos todo un chute de energía.

El concierto fue corto, una hora y cuarto, pero en ese tiempo los allí presentes pudimos disfrutar como enanos, viendo a Ellie como se entregaba al público al que se bajó en dos ocasiones e incluso se tiró al foso, el recorrido fue corto, por que el foso del teatro Barceló es estrecho y casi llega a la mesa de sonido y allí estaba el técnico dispuesto a cogerla. 

Como nota anecdótica y muy tierna, en las primeras filas había un padre y una niña que no era mayor de siete años, a la cuál subieron al escenario para que “tocase” con su guitarra de juguete uno de los himnos del último disco “Space & Time”, y allí estaba la niña rasgando su guitarra ante los cientos de móviles que captaron el momento para la posteridad y las redes sociales. 




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