miércoles, 22 de septiembre de 2021

“Los periodistas no pagan como deben sus errores”

Arcadi Espada analiza el ‘caso de los trajes’ de Francisco Camps en su nuevo libro y pone el foco en los peligros que entraña la llamada posverdad


“Los periodistas no pagan como deben sus errores”
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169 portadas en tres años le dedicó “el principal periódico de España a un hombre por haberse comprado cuatro trajes en una tienda Milano”. Arcadi Espada (Barcelona, 1957) presentó ayer en Bilbao su nuevo libro, ‘Un buen tío’, y admitió que el motor que le impulsó a escribirlo fue la perplejidad. Se trata de una investigación que analiza los pormenores del sistema judicial y del entramado periodístico en relación al caso del expresident de la Generalitat valenciana Francisco Camps .

El ensayo, “escrito sin trampas”, recoge los hechos “en orden cronológico”, partiendo de la acusación por haber recibido 30.000 euros en trajes de Milano, “cuando el precio de cada uno oscila entre 150 y 200 euros. Esta fue la génesis, ya que yo no daba crédito”, explica Espada. En su día, el New York Times siguió “con gran atención” la Guerra Civil española, y le dedicó más portadas que a las dos contiendas mundiales, en las que los americanos estuvieron implicados. “Fueron mil primeras planas en el trienio 1936-1939. Por tanto, después de la Guerra Civil, ya viene Camps”, ironiza.

El autor cree que la comparación con el caso Cifuentes no es justa. “Francisco Camps fue juzgado por recibir cuatro trajes como presente. Y regalar un traje no es como regalar un máster”. Pero sí establece un nexo de unión entre ambos asuntos: “el curioso uso que el Partido Popular hace de la verdad”. “Cifuentes ya debería haber abandonado su cargo, sin embargo, su partido la protege. Con Camps, sucedió exactamente lo contrario. Le protegió en la medida en que le resultó útil”, y luego, cuando un jurado popular primero, y el Tribunal Supremo después, le declararon inocente, “no tomó la medida obligada moral y políticamente, que era rehabilitarle en su cargo. Cifuentes miente y la mantienen, y a Camps le absuelven y no le restituyen”.

En el libro también se analizan las aristas del concepto de posverdad, un término que “cuando ocurrieron los hechos, en 2009, no se empleaba”. Espada sostiene que España está dividida en dos grupos: “los que creen que la palabra posverdad carece de utilidad, y los que piensan que no es del todo inútil, entre los que me encuentro, porque revela algo que no contenían las antiguas mentiras”. La diferencia entre el mentiroso y el líder de la posverdad y los hechos alternativos es que “mientras al primero la verdad le importa, por eso la pervierte, al segundo la verdad ha dejado de interesarle”, matiza.

De igual manera, pone el foco en la responsabilidad de la prensa. “Los periodistas no pagan como deben sus errores”. Afirma que algunos de sus colegas le tildan de “nuevo inquisidor”, pero “lo cierto es que yo no sanciono, catalogo. Me interesan los mecanismos, la retórica, no los castigos”. “Escribí una carta al director de El País por aquel entonces, Javier Moreno, que no ha recibido respuesta. Y ha hecho mal en no contestarla. Hay una enorme falta de autocrítica”, advierte.

“Cualquier intento como este, casi quirúrgico, de analizar las causas por las que una persona ha sido destrozada a nivel mediático recibe la callada por respuesta, el ninguneo, no existe el debate intelectual ”. Es la denuncia de alguien que confiesa que en la universidad aprendió muy poco, y “en los periódicos lo he aprendido todo”.

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