sábado, 24 de julio de 2021

El origen de Santa Claus y qué tiene que ver Coca Cola y la mercadotecnia en todo esto

Lo extraño de todo es que en cierto modo, quienes alegan que la navidad es producto de la mercadotecnia, podrían no estar tan equivocados.


El origen de Santa Claus y qué tiene que ver Coca Cola y la mercadotecnia en todo esto
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Se acerca el fin de año y con él, la época de reunir a la familia. Claro, en medida de lo posible por la sana distancia que la pandemia nos dejó. A medida que el año se extingue, estamos cada vez más cerca de nochebuena y navidad, y con ello, de una visita más de uno de los personajes favoritos de estas fechas: Santa Claus. Pero, el hombre cano y barbado que rie, jo jo jo, no siempre fue así, y probablemente nadie sabe que es lo que tiene que ver una de las refresqueras más adineradas en el mundo en todo esto.  

Por principio de cuentas y contrariamente a lo que muchos creen, debemos saber que el viejito pascuero, como se le conoce en el cono sur del América, no es del polo norte, sino de tierras asiáticas, toda vez que su origen se remonta a Turquía aproximadamente entre el 280 y 350. Su nombre real era Nicolás de Bari, y fue obispo de la ciudad de Mira. Entonces, si ustedes se preguntan porque en algunos países llaman al gordito de la barba, San Nicolás y en otros, Santa Claus, hay que sabes que ambas son correctas, pues la segunda es una contracción de la primera.  

Aunque la historia Claus ha sido aderezada con muchos mitos urbanos, hay ciertas cosas que son verdaderas, por ejemplo, que el sujeto estuvo en la cárcel, aunque es verdad que algunos prefieren omitir esta parte de la historia. Sin embargo, las razones sólo fueron de tipo religioso por las pesquisas que las persecuciones cristianas ocasionaron en esa época. La segunda y la más importante, la que le da el tono bondadoso al hombre que trae regalos cada año, es que, si fue un gran benefactor, pues se dice que, entre sus muchas obras, rescató a las hijas de una familia pobre en Turquía quienes estuvieron a punto de dedicarse a la prostitución por hambre y para poder pagar la dote de una de sus hermanas menores.  

Hijo de unos padres acaudalados, al morir conservó una posición económica decorosa. Al dar cuenta de la pena de esa familia noble, lo que hizo fue deslizar un poco de oro en un calcetín a través de la chimenea, y bueno, en adelante el resto de la historia se cuenta sola. Pero algo que no queda demasiado claro, pues de hecho no hay evidencia de ello, es en qué momento Santa Claus se convierte en ese gigantesco hombre de barba, renos, pero, sobre todo, hermoso traje rojo, y la respuesta para desilusión de quienes aborrecen el ánimo mercantil de las fechas, está precisamente en una de las marcas más reconocidas precisamente por su aparato de mercadotecnia en el mundo: Coca-Cola.  

Desde que el mito de San Nicolás de Bari salió de Turquía, ha pasado por otras culturas, cogiendo en cada una, algo de ellas, modificando al mismo tiempo la historia, pero la que en definitiva lo impactó, fue al pisar suelo estadounidense en la década de los 30. Fue el ilustrador de origen sueco Haddon Sundblom, quien le dio el aspecto con que conocemos a Papá Noé hoy en día, pues siguiendo los colores de la marca, diseñó al hombre de ese modo, cambiándole el hasta entonces habitual traje blanco con que hasta entonces vestía.  

Desde entonces, #SantaClaus no sólo cambió de residencia, sino de colores y aspecto, pues se dice que quien sirvió de modelo para tener a un Santa mucho más entrañable y cálido, fue el amigo del propio ilustrador: Lou Prentice, pues su físico era ideal para que el gordito impactara con mucha más fuerza en los consumidores.  

Lo extraño de todo esto es que la idea de muchos de que la navidad es mucho más un producto de la mercadotecnia, que una fecha para compartir cobra fuerza desde dos perspectivas distintas: la primera al notar que Coca Cola cogió una imagen que recorrió el mundo para hacer suya en estas fechas y en cierto modo, vendérnosla. Y del otro lado, porque en esencia, San Nicolás de Bari era de hecho patrono de los comerciantes. Punto ahí para los grinche de estas épocas. Lo que, si es cierto, es que sin importar cual sea el motivo que reúna a la familia, es una oportunidad inmejorable para compartir.  

Autor

Adolfo Reyna

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