OPINIÓN | UNA MIRADA CRÍTICA

Nieve por sorpresa

Por ISMAEL ZARAGOZA. 07/01/2018

Cuesta entender, una vez más, que una autopista pueda quedar bloqueada por un temporal de nieve anunciado previamente.

Ayllón, pueblo de la provincia de Segovia. Fuente propia

Ayllón, pueblo de la provincia de Segovia. Fuente propia

Miles de coches atrapados por la nieve esta noche en la AP-6, a su paso por Segovia. Media España cubierta de blanco. Para lo bueno y para lo malo, que no debería ser tan malo si fuésemos ciudadanos de un país decente. La Unidad militar de Emergencias trabajando en la zona afectada donde hay un millar de coches bloqueados por la nieve. Quizá no aprecien la gravedad de la situación. Piensen, aunque solo sea por un momento, que ustedes son los que van en el coche y tienen que pasar la noche en medio de la carretera por culpa de una nevada previamente anunciada en todos los telediarios. Ya saben, esto sólo pasa en España.

Quienes sean los responsables de que este asunto no haya sido previsto y solucionado a tiempo, deberían asumir ciertas consecuencias.

Me pregunto dónde estaban todos esos políticos de turno, encargados de tomar medidas en estos casos, cuando los telediarios de todas las cadenas de televisión informaban sobre la magnitud del temporal que se venía encima. Porque si ocurre de pronto, sin que nadie se lo espere, se puede entender el caos. Pero cuando todo el país tiene la mirada puesta en este temporal, precisamente por las grandes dimensiones de este, la respuesta por parte del Estado no puede ser tan ineficaz, cuando no inexistente. Quienes sean los responsables de que este asunto no haya sido previsto y solucionado a tiempo, deberían asumir ciertas consecuencias. Por ejemplo, abandonar sus respectivos cargos de forma inmediata e irrevocable. Exactamente igual que harían los políticos de otros países con un mínimo de seriedad y sentido común, llámense estos Canadá, Francia o Alemania, entre otros. Aquí todos echarán balones fuera como han hecho siempre. Cuando los medios señalen a un responsable, este dirá que no es de su competencia lo ocurrido y cederá la patata caliente a otra persona o entidad. Y así, sucesivamente, hasta que la patata caliente se enfría y cae en el olvido. La historia se repetirá de nuevo.

Si esperan que alguno de los responsables sufra las consecuencias de haber hecho mal su trabajo, esperen sentados hasta morirse. En España las consecuencias no se asumen, se obvian. En este suceso, los únicos que han asumido, aunque sea de forma inevitable, alguna responsabilidad son los descerebrados que cogieron el coche a sabiendas del estado de la carretera. Sin embargo, estos no son ni mucho menos culpables. El Estado debe garantizar una circulación medianamente normal en los puntos donde se prevea más nieve, o en caso de que esto fuera imposible, prohibir el tráfico de vehículos en las zonas más afectadas. Esto sería lo deseable y lo que cabría esperar si las autoridades tuvieran un poco de sentido común, pero como ya escribí anteriormente en alguna columna en este mismo diario, el sentido común en España brilla por su ausencia hasta el punto de convertirse en extraordinario.

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