De Bilbao, esa ciudad fabril de la segunda revolución industrial que tanto añoran nuestros mayores, sólo quedan los cimientos. Unos cimientos que con el tiempo se van perdiendo. Antes Bilbao amanecía siempre oscura, sucia. Todavía se recuerda el polvo amarillento que desprendía Altos Hornos, o el sonido de los cuernos de las grandes fábricas. También forma parte del pasado de Bilbao las manifestaciones por las mejoras salariales de los obreros. Porque se trabajaba a destajo y se ganaba poco jornal. Esa revolución industrial tan lejana queda cercana por el recuerdo. Felices recuerdos cuando todos luchaban por sacar adelante a la familia. Sin esos inolvidables esfuerzos, Bilbao no sería lo que es hoy.
Hoy Bilbao afronta la tercera revolución industrial o revolución de los servicios, donde la tecnología tiene un papel fundamental. No se puede pasear por Bilbao sin mirar a fondo sus calles. Unas calles que han evolucionado al ritmo de los nuevos tiempos. Con la instalación del Guggenheim en Bilbao, ya se vaticinaba lo que se esperaba de Bilbao. Y ahora está a la altura de las circunstancias. Bilbao hoy es una ciudad moderna, bonita y acogedora. Porque paseas por sus calles y ves el enorme turismo que hay. La gente disfrutando de los bares, las tiendas, los parques, las fiestas. Todo es alegría, solo empañado de vez en cuando por alguna manifestación. Pero ya no son las terroríficas manifestaciones de los 70 u 80, donde la policía atacaba a los manifestantes. Ahora son más pacíficas. Porque la gente quiere vivir en paz, quiere trabajar y estar y disfrutar con la familia. Por eso Bilbao es lo que es hoy, una ciudad donde se respira el ambiente familiar.
Y qué decir del futuro de Bilbao. La ciudad preparándose para la cuarta revolución industrial, la revolución de las tecnologías avanzadas. Donde van a cambiar los modos de trabajo.
Pasado, Presente y Futuro se combinan a la perfección en una ciudad que lucha día a día por seguir viva. “Renovarse o morir”, ya se dice. Pues Bilbao ha apostado por renovarse. Y todo ello, sin perder su identidad vasca, que cada día se esfuerza por seguir afianzando y haciendo partícipes a todos los ciudadanos.