OPINIÓN | CARTAS ABIERTAS

Carta abierta a Miguel Ángel Revilla

Por ISMAEL ZARAGOZA. 20/12/2017

Ser feliz no es caro, uno de los libros de Miguel Ángel Revilla.

Ser feliz no es caro, uno de los libros de Miguel Ángel Revilla.

Estimado Miguel Ángel Revilla:

Sé que a usted se le conoce mediáticamente por su apellido, Revilla, y no todo el mundo sabe su nombre completo, por eso lo cito antes de escribir el contenido de esta carta. Es usted una persona honesta y, como tal, le admiro. No es fácil encontrar hoy a alguien que haya ostentado cargos de gran importancia, dentro y fuera de la política, y haga gala de los valores que usted ha demostrado durante toda su trayectoria. La corrupción es un mal endémico en este país, bien lo sabe usted. No sólo es conocedor de ello, sino que además lo denuncia continuamente, lo cual es de agradecer. A usted mismo le han tentado varias veces e incluso le han amenazado por algo tan simple como ser una persona honrada, tal y como escribe en sus libros. En estos momentos tengo a mi lado su obra Ser feliz no es caro, un título que recomiendo a todos.

Mi nombre lo puede observar arriba en la firma, pero le parecerá como un anónimo, habida cuenta de que usted y yo, por desgracia, no nos conocemos. No quiero esconder el honor que supondría para mí mantener una conversación en persona con usted. Las historias personales que plasma con gran sencillez y maestría en sus libros son tan increíbles como fascinantes. Increíbles, en el sentido más puro de la palabra. Fascinantes, por su forma de narrarlas y darles vida. Leerle es siempre sinónimo de aprendizaje. Por eso, precisamente ahora, es tan necesario navegar por las páginas de sus obras. Estoy de acuerdo con usted en casi todo lo que dice y escribe. A fin de cuentas, el sentido común debería ser eso, común a todos los mortales. Sus opiniones están basadas en ese sentido común que, sobre todo en estos tiempos, se convierte en extraordinario en numerosas ocasiones.

Seguramente piense que no todo serán elogios en esta carta, pero permítame decirle que, en este caso, se equivoca. Esta vez, y sin que sirva de precedente, quiero dejar a un lado la crítica política y social en esta sección para traer una opinión positiva. Usted, sin duda, la merece. Quiero darle las gracias por varias razones. Gracias por ser un político honrado, por no ceder nunca ante los corruptos y sus amenazas. Gracias por representar unos valores que hoy, desgraciadamente, brillan más por su ausencia que su presencia. Gracias por publicar esas historias personales que tienen siempre una interesante moraleja. Gracias por denunciar públicamente aquello con lo que no está de acuerdo, eso le enorgullece. Gracias por ayudar a que este mundo sea un lugar más humano y habitable. Si lo ha hecho, gracias por leer estas líneas; sé de buena mano que usted suele hacerlo. Podría agradecerle muchas más cosas, pero termino aquí la enumeración con el fin de que esta carta no se eternice.

Me gustaría terminar haciéndole una pequeña crítica. Sé que en el párrafo anterior escribí que no habría crítica alguna, pero la vida cambia muy deprisa, así como el pensamiento. Mi crítica, que puede ser tomada como consejo, es la siguiente. Debería hablar más de cuestiones internacionales como el terrorismo o los refugiados. Son temas de los que apenas ha escrito o hablado, o al menos eso creo yo. Le veo asiduamente por redes sociales y televisión, y mi percepción es esa. Mis disculpas si no estoy en lo cierto, pero creo que se centra usted, a veces en exceso, en temas de carácter nacional que tienen mucho que ver con la corrupción. Debo señalar que esta última no es una cuestión menor, ni mucho menos. No obstante, creo que podría tratar, más en profundidad, los asuntos internacionales citados anteriormente en un nuevo libro, por ejemplo. Su opinión es una referencia para muchas personas. La suya, es una voz con mucha experiencia y, como tal, debe ser siempre escuchada con interés.

Termino aquí esta carta abierta, deseándole a usted y a todos los lectores de la misma, unas felices fiestas en estas fechas tan señaladas. Cuídese, señor Revilla. Desde Madrid en dirección Cantabria, le saluda atentamente el arriba firmante.

@Intraverno

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