OPINIÓN | UNIÓN EUROPEA

El fracaso de la Unión Europea

Por ISMAEL ZARAGOZA. 17/12/2017

El proyecto de la Unión Europea se va deshaciendo a cada minuto que pasa por la pérdida de valores como la justicia o la solidaridad.

Asistimos impasibles al fracaso de la Unión Europea. Un fracaso estrepitoso cuya máxima representación fue el Brexit que aún está en proceso. Hoy los países miembros del sur de Europa siguen sumergidos en una crisis económica y social que comenzó en 2007. Mientras Alemania se erige como el líder de la Unión Europea por decreto y muestra su falta de solidaridad con los países del sur del continente, el resto de Europa, especialmente España, Italia, Portugal y Grecia, se desangra con políticas austericidas impuestas por la UE y que representan el nivel máximo de un neoliberalismo que, conviene recordar, nadie eligió.

La UE nace como una unión política y económica basada sobre todo en la solidaridad entre los países miembros una vez acabada la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, hoy las muestras de solidaridad de esta institución brillan por su ausencia. Cupos de refugiados que no se cumplen, aunque si viene un jeque con dinero los dirigentes le abrirán la puerta sin dudarlo y le harán sentir como en casa. Los derechos humanos por los que tanto aboga la UE, hoy en día mueren en sus mismas fronteras. El Mediterráneo ya es un mar teñido de rojo sangre gracias a sus desastrosas políticas en materia humanitaria. La hipocresía en su máximo exponente. Algunos de los dirigentes europeos han demostrado ser basura, el mismo término que utilizó un eurodiputado polaco para calificar a los refugiados.

Las políticas económicas ya no buscan el Estado de Bienestar de los países miembros, sino que se plantean más en base a mercados financieros y multinacionales. Europa, tal y como está, ya no sirve. Episodios como el de la crisis de los refugiados demuestran que se ha perdido todo signo de solidaridad y que ya solo existen dos opciones para la UE: cambiar o morir. El Brexit es solo un mínimo síntoma de la segunda opción.

España tiene en torno a un 24% de paro y 13 millones de personas en riesgo de pobreza. Grecia está aún peor con un 27% de paro. Y Portugal, con un 17% de desempleo está algo mejor, pero peor que el resto del continente. La situación es trágica y los países de la periferia europea se han convertido prácticamente en protectorados o colonias donde poderes que escapan al control democrático de la ciudadanía están acabando con los derechos sociales. Los intereses económicos de las élites y la imposición del neoliberalismo ha llevado a esta triste situación a algunos de los países miembros. La política económica basada en el austericidio que ha llevado y sigue llevando a cabo la UE no ha funcionado nunca para salir de una crisis, lo dicen la mayor parte de los economistas expertos en crisis económicas y la propia experiencia europea lo confirma. Solo funcionó en Malta porque su población es reducida. La única forma de salir de la crisis económica, y bien lo saben los líderes europeos, es la flexibilidad y la inversión para incentivar el consumo, que a medio plazo garantiza riqueza. Apretar la soga al cuello nunca servirá para salir de la crisis, sólo para aumentar la desafección política de gran parte de la sociedad europea por la UE.

Europa no puede olvidar lo que significa una guerra.

Los griegos dijeron no a esas políticas austericidas en referéndum y, sin embargo, la UE las impuso. La soberanía griega perdió entonces su razón de ser. Si la política económica de un país viene determinada desde la UE, el concepto de soberanía nacional queda sin valor alguno. Si un partido político nacional, como era el caso del grupo político de Alexis Tsipras y Varoufakis en Grecia, quiere imponer políticas económicas de inversión que generen riqueza en lugar de políticas de austeridad, la UE no debería negárselo. Así lo decidieron los griegos en las elecciones, mientras que las políticas de austeridad fueron rechazadas en referéndum en Grecia y sí se aplicaron. Las deudas impagables de los países del sur de Europa sirven para que vivan bien en Alemania. No es casualidad que haya españoles buscando en la basura mientras los alemanes e ingleses toman el sol en las playas de Mallorca.

Las realidades sociales de España, Grecia o Portugal no se pueden entender desde Alemania. La UE está atrapada por una serie de élites económicas y financieras que sólo defienden sus intereses a través de un neoliberalismo y capitalismo feroz, en contraposición a los intereses de millones de europeos que no sólo no ven que su situación económica y social mejore formando parte de la UE, sino que además se dan cuenta -porque los del sur de Europa no somos tontos como algunos creen en el Parlamento Europeo- de que las políticas impuestas por la UE sólo llevan al aumento de la desigualdad.

Esto tiene mucho que ver con una unión monetaria en torno al euro que, si bien es cierto significó un gran avance, no funciona nada bien en tanto en cuanto la política fiscal europea no es común. Esto provoca que la moneda no funcione bien y el dinero acabe en los principales paraísos fiscales del mundo. Paraísos fiscales que ningún gobierno de Europa ha propuesto clausurar, pregúntese usted por qué. La UE debe replantearse sus objetivos, pues estos últimos han virado demasiado hasta el punto de hacerse irreconocibles valores como la solidaridad entre Estados miembros o la propia democracia. No puede ser que todo lo relacionado con política europea en el siglo XXI sea rechazado por la gente en referéndum. Por ejemplo, pasó con la Constitución Europea donde Francia y Holanda dijeron no, o con el Tratado de Lisboa de 2007 donde la población irlandesa votó en contra. Algo se está haciendo mal, pero la autocrítica no hace acto de presencia en el panorama europeo.

La ciudadanía europea debe ser soberana porque eso es lo que significa, en última instancia, la palabra democracia. No ser siervo de nadie. Hoy el sur de Europa es siervo de las políticas económicas impuestas desde Alemania. Los conceptos de soberanía y democracia no se cumplieron en el caso griego citado anteriormente. Otro caso, donde estos términos fundamentales en un Estado de Derecho quedan en papel mojado, se dio en nuestro país. En España, se produjo un rescate que algunos políticos nunca quisieron llamar como tal. Europa le dijo a España claramente que con el dinero de todos los españoles había que salvar la banca privada, que, para más inri, tras el rescate no pasó a ser de dominio público. La pregunta es, ¿y a las familias quién las salva?

Quien olvida su historia está condenado a repetirla, o al menos eso me dijeron a mí en la escuela una y otra vez. Europa no puede olvidar lo que significa una guerra. No puede ser que miles de personas, con los mismos derechos humanos que la señora Lagarde o el señor Juncker, mueran a las puertas de nuestro continente. Se trata de familias que huyen del horror y la pobreza exactamente igual que al final de la Segunda Guerra Mundial. Humillar a esas personas en las fronteras significa humillar a la propia Europa. Luchemos por una Europa digna y necesaria. Pero para ello el poder debe volver a la gente y abandonar las multinacionales y entidades financieras. La democracia y la solidaridad tienen que recuperar su significado en Europa. Asimismo, el neoliberalismo, el racismo y la xenofobia deben abandonar las cámaras europeas. Por una Europa digna, libre, solidaria y con memoria histórica.

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