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OPINIÓN | CATALUÑA

El 21-D empieza todo

Por ISMAEL ZARAGOZA. 16/12/2017

Las elecciones del 21-D no serán más que el principio de unas largas e inevitables negociaciones políticas entre partidos y con la ciudadanía.

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La estelada manchada. Foto: pinterest.com

Al contrario de lo que muchos puedan pensar, incluidos algunos políticos, el 21-D no se acaba nada, empieza todo. Nadie duda ya, a cinco días de las elecciones, de que estas serán planteadas en un marco claramente plebiscitario. La situación está ahora mismo en los extremos, y así de polarizada seguirá hasta después de las elecciones. Usted también lo hará. Contará los votos y escaños en dos bloques, independentistas y no independentistas, olvidando lo que plantean los partidos políticos o el número de escaños y votos obtenido por cada uno de ellos. Ante estas situaciones, se debe tener cuidado, tal visión de los hechos puede ser potencialmente peligrosa para una sociedad con tan poca memoria histórica como la nuestra.

Somos lo que somos y tenemos lo que merecemos. La clase política de nuestro país no es más que nuestro fiel reflejo.

Además, se debe producir un paso fundamental que nos acerque a la solución. Me refiero a la eliminación total de las etiquetas en los medios de comunicación y, en última instancia, en la sociedad. Palabras como constitucionalistas, unionistas, separatistas y radicales, entre otras, no pueden seguir pronunciándose tan a la ligera. Si no se han hartado ya de escucharlas, lo harán en breves. Este no es un aspecto baladí, pues las falacias inmersas en esos términos son muy grandes. En el llamado bloque constitucionalista está el Pepé -permítanme que lo escriba así, al más puro estilo Reverte- unido a Pesoe y Ciudadanos, supuestamente. Pero centrémonos en el Pepé. El único partido investigado -lo que antes se conocía como imputado, fíjense en la importancia de las palabras- de la historia de la democracia. Sorprende que el partido del gobierno en España, minoritario en Cataluña, que se ha saltado la Constitución en algunos de sus artículos más importantes, -6,14, 35, 47 o 128, entre otros- se denomine a sí mismo como constitucionalista. No solo eso, sino que, en ocasiones, como sucedió en la intervención al Ayuntamiento de Madrid, aplicó artículos como el 155 de manera encubierta sin la aprobación previa de las cámaras de representación. Y entonces uno se pregunta si esa actitud dictatorial se puede consentir en una democracia. Pero al final, somos lo que somos y tenemos lo que merecemos. La clase política de nuestro país no es más que nuestro fiel reflejo.

No sé si estaré en lo cierto, pero auguro un empate técnico entre ambos bloques que irá en base a una diferencia máxima del 5-6%. Eso significa que el 21 de diciembre no se acaba nada. Una mayoría simple no debe servir, en ningún caso, para solucionar un conflicto de tal trascendencia en el panorama nacional. Sólo una mayoría de más del 75% de la población catalana puede ser tomada en consideración para acabar con este paripé, pero ya les aseguro que esa mayoría absoluta, de un lado u otro, no se dará en estas próximas elecciones. Para que algún día suceda, todos los partidos políticos deben plantear cambios y propuestas que los catalanes tomen en consideración para tomar su decisión. Sin embargo, actualmente, nos encontramos con una situación en la que los independentistas no tienen claro su proyecto de República catalana y los no independistas no plantean soluciones más que la triste aplicación de un 155 que toda España prefirió no llevar a cabo. Porque si en algo estaba de acuerdo todo el país, era que el diálogo y la democracia deberían solucionar el conflicto antes que las leyes y la justicia, que deben ser el último recurso, previo paso por la negociación.

No soy adivino y tampoco pretendo dar lecciones de ciencia política, pues no soy el más indicado para ello. No obstante, opiniones como la de algunos politólogos importantes o el gran Iñaki Gabilondo, entre otros, respaldan este análisis. Creer que tras el 21-D se acaban todos los problemas es demasiado ingenuo como para ser cierto. La democracia y el diálogo son la única salida en este caso. El Código Penal no soluciona nada, sólo empeora más las cosas de cara al futuro.

@Intraverno

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