La mediocridad del éxito rápido

Tienes que empezar, cometer errores, corregirlos y continuar… Es como la propia vida

Ana Mancheño Morales
Ana Mancheño Morales

En estos días finales de un verano gris, iluminan mi cuarto las letras a las que doy vida. O quizá, en este tiempo de incertidumbre y caos, ellas me la den a mí. Leer por el placer de imaginar. Escribir por el placer de vivir lo imaginado. Sin esperar nada a cambio.

 “Siempre es un error hacer las cosas pensando que vayan a tener éxito” decía, Carlos Ruiz Zafón.

Así es. Aunque yo no ejemplifico mucho tal afirmación. Cuando escribí mis primeros versos jamás pensé que alguien los leyera, menos aún que me animaran a editarlos, y verlos publicados convirtiéndose en mi primera obra: ese fue mí “éxito”.  

Tal vez si lo hubiese meditado más, mi primer libro, “Pergaminos de alma “nunca hubiese visto la luz. No por saber, de antemano, que una autora novel y poeta no vende (a menos que seas influencer) sino porque entendí que a escribir se aprende escribiendo. Tienes que empezar, cometer errores, corregirlos y continuar… Es como la propia vida.

 “Escribir es un oficio…  Cualquier trabajo o profesión que uno hace es porque la aprende, porque trabaja, porque se esfuerza y va adquiriendo ese oficio y llega un momento en el que sabe hacer algo. Y todos sabemos hacer algo en la vida”. (RZ)

Confieso que, incluso así, arriesgarme a publicar fue una de las experiencias más maravillosas que he vivido. Aun sin tener ni idea del mundo editorial, y que mi primer poemario fue “perfectamente imperfecto”. Pero me permitió conocer a personas que aman lo mismo que yo. A participar en eventos culturales como protagonista, momentos que de otra forma nunca hubiese vivido. Y, por supuesto servirme de aprendizaje de lo que nunca debes de hacer. Por tanto, el concepto de “éxito” creo que es relativo.

Así que aquí estoy. Contemplando este mundo que parece derrumbarse en cada noticia. Describiéndolo con mis fallos, con mis aciertos, con sustantivos que a veces no hallo porque la perplejidad me acompaña el día que comenzó esta irrealidad tan real.

Entendiendo que mis versos desde “ese mes de marzo” se quedaron varados en la playa desierta de la inspiración. Pero las palabras continúan a mi vera. Y les agradezco el ajetreo continuo entre la mente, mi soledad y el alma. A sabiendas de que pocos las leerán, pero no importa porque  la mediocridad del “éxito rápido” no me va.  

Por algún motivo que no acabo de entender todavía y que confío entender algún día, como mejor estoy es cuando tengo la cabeza metida en mi propio mundo […]. Mientras me funcione el cerebro, supongo que seguiré escribiendo”. (RZ)

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