OPINIÓN | DIARIO DE UNA CUARENTENA POR UNA SESENTONA

Víctimas y verdugos

Por EDURNE GARCÍA ORDÓÑEZ. 23/06/2020

En poco más de 6 meses han sabido domesticar a la humanidad, para volver a saquearla y arrebatarle la deseada libertad, de la que siempre carece: solo ha hecho falta un virus.

De contar los muertos, a contar el excedente de usuarios de la playa.

De contar los muertos, a contar el excedente de usuarios de la playa.

Dicen que fue por octubre (2019) cuando en el continente asiático, una enfermedad que cursaba con personalidad propia, aunque tenía rasgos de gripe, alertó a algunos facultativos que comenzaron a sospechar que la tos y los mocos eran algo más; sus sospechas, les convirtieron en sospechosos hasta que, dos meses después, la Organización Mundial de la Salud (OMS) obligó al Gobierno chino a informar de lo que ocurría intra muros, no en una población de las miles de un país de 1.400 millones de habitantes, sino en muchas localidades y a muchos de sus vecinos que morían sin diagnóstico definido, tras un escueto tratamiento. Inaugurado 2020, los rumores se extendían y apuntaban a que en China pasaba algo raro, hasta que, otros dos meses más tarde, las alarmas saltaron, a la vez que una incertidumbre fingida, para quienes saben qué pasaba y qué pasa, se extendía como la pólvora; pero, lo primero que hicieron fue nombrar a un virus y llamarle Covid-19. Hasta marzo, casi medio año después, la Unión Europea y la OMS, no reaccionaron, ateridos por su ineficacia y envueltos en el pánico del desastre económico que supone confinar a la humanidad en sus viviendas (el que la tiene), por un lapso de tiempo que no podía superar los 15 días y se prolongó hasta junio, en algunos países.

El caos financiero estaba servido (para algunos), a sabiendas de quienes sabían que debían mantener silencio hasta el límite, porque saben mucho más de lo que dicen; luego, bien planeada, una avalancha de informaciones internacionales, con la consigna de hacer del Covid-19 el protagonista absoluto del planeta: confinados, domesticados, empobrecidos y abducidos, de la noche a la mañana, se han abierto las fronteras de lo que llaman nueva normalidad; y, así, los que hemos sido víctimas de una enfermedad que ha aniquilado a cientos de miles de personas y a otros tantos ha llevado a la ruina, nos hemos convertido en verdugos, al no respetar la distancia de seguridad establecida, el uso de mascarilla y de hidroalcoholes para desinfectarnos las manos. Quien no sigue estas indicaciones es un factor de riesgo para él y para los demás, al que pueden acusarle de irresponsable, insolidario y temerario, además de multarle y castigarle con la aplicación de diferentes correctivos, según la nacionalidad.

Hemos pasado de contar los muertos, cada cual a su manera, a contar el excedente de usuarios de la playa, la piscina, el restaurante o la discoteca, a la par que se hace un unánime llamamiento al personal para que viaje y consuma, porque la industria del turismo está en peligro y es como apagar el motor de un bimotor a 2.000 metros de altura, mientras hace un trayecto por tierra pura y dura, con el amparo de un chaleco salvavidas, para aguas profundas. Ahora, anuncian el Festival de la Música en París y se rasgan las vestiduras, cuando miles de franceses se reúnen a cantar, bailar, comer y beber, sin que medie distancia ni protección respiratoria; ahora, el enemigo es el que viene de fuera y mucho más si ha cruzado el Atlántico; es el portador y transmisor de ese virus 2019; un foco de contagios que hay que aislar y rastrear, para saber con quiénes ha estado en los últimos días; porque, ahora, la responsabilidad es de cada uno; es la carga gratuita que nos han adjudicado, después de arrebatarnos la inocencia de creernos víctimas de una pandemia, de una quiebra y de la pérdida de besos y abrazos que no sean entre plásticos. Vaya! 30 años de lucha contra el enemigo común, el indestructible y hoy lo tenemos (como siempre) hasta en la sopa.

Es una jugada maestra, más vieja que la quema de Roma a manos de Nerón. ¿Qué será lo próximo?, tal vez ¿Internet?, pues ya que nos tienen a todos bien cogidos y aleccionados, y conducidos al teletrabajo, el telebanco, el telepizza y el telecoca, no descarto que alguna cabecita quiera darle ‘Una vuelta de tuerca’ ('The Turn of the Screw', Henry James), cuando hemos desechado los misiles, y estamos hechos y acoplados tras lo que fue aquella ‘tercera guerra mundial económica’ (2008-2015), un lustro después.

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