OPINIÓN | DIARIO DE UNA CUARENTENA POR UNA SESENTONA

Las 17 autonomías +2 y los gallos de Agra

Por EDURNE GARCÍA ORDÓÑEZ. 23/04/2020

Hace días que le doy vueltas, con ganas de lanzar algunas reflexiones, que salen de la tonelada infinita de opiniones sobre la pandemia, al objeto de mantenernos confinados e informados.

  • La imagen es de otra movida similar (archivo).
    La imagen es de otra movida similar (archivo).
  • Excepcional trabajo del Ejército y de muchos otros.
    Excepcional trabajo del Ejército y de muchos otros.

Pero antes de hacer un recorrido breve y de papel por la 17 comunidades autónomas y las dos ciudades (Ceuta y Melilla), la costumbre me obliga a darles cuenta de un suceso ocurrido en Adra (Almería), concretamente en la barriada del Puente del Río, donde seguramente vive mucha gente de bien, pero a donde el otro día acudieron los guardias civiles, y se encontraron un montón de coches, conducidos por un montón de gente, que no estaba al corriente de la orden de permanecer en casa, dictada el 14 de marzo; y un montón de gente que se había montado una piscina portátil, a modo de ring, para que pelearan hasta la muerte sus 7 gallos dopados; cuando aparecieron los agentes se produjo la estampida clásica y los ajenos a las normas y adictos al delito libre de impuestos, salieron por patas; a 16 de ellos les han echado el guante, incluido uno que dijo que las 27 macetas con plantas de marihuana eran suyas, probablemente como remedio ‘terapéutico’ de gallos inocentes, agredidos por otros gallos inocentes, a los que esclavizan en el negocio de las apuestas clandestinas, claro; no vayamos a creer que alguno de estos tipos, con respetable apariencia, hacen algo digno, provechoso y útil en su vida, incluida la visita diaria al bar, donde esparcen sus comentarios críticos al Gobierno de turno, al que le piden subsidios, subvenciones y ayudas, por mor de su ‘pobreza’, amparada y consolidada en la falta de inspecciones patrimoniales. A estos veintipico, les importa una mierda el coronavirus, la norma, la Ley y el vecino de enfrente: van a la pela, pura y dura; y lo hacen hora con gallos, hora, con galgos, hora con narcóticos, hora con cualquier cosa; sumergidos en el submundo que les llena los bolsillos y, en este caso, con indicios racionales de maltrato animal, que dan pie a sospechar de otros malos tratos; pero, dado que el delito es ‘menor’, que corra la bola.

Y la bola corre de boca en boca, con miles de opiniones televisadas de expertos en el impacto del virus en la sociedad, la economía, la política, la ciencia, la sanidad y los tres sectores en los que se aglutina la producción. De lo poco interesante que he oído, traigo a Almudena Grandes y la verdad sobre las librería; del resto, llego a la conclusión de que van dando ‘palos de ciego’, con argumentos que extraen de otras pandemias, ejemplos de países tan diferentes como extracontinentales: EEUU y China, y cifras que no tienen ni suelo ni techo, porque decir que hay ‘tantos’ positivos y no decir sobre qué número de pruebas realizadas, es como ver llover; saber que cada una de las 17 autonomías y las ciudades autónomas cuenta y recuenta como le peta, e informa a su manera de contagiados, hospitalizados y víctimas, unidas en pedir dineros y colgarle, por activa o pasiva, la responsabilidad al otro, a la vez que se callan lo que recaudan en donaciones y otras cosillas que prefieren pasar de soslayo. La mayoría han descubierto (porque se lo cuentan) cómo están los hospitales públicos y clínicas privadas, la ausencia de sus controles en las ‘residencias’ de mayores, la mucha población que vive en precario, los otros que navegan en B (su voto, suma), que hay cárceles con personas dentro, que muchas familias no tienen Internet ni aparatitos, que en sus territorios hay pueblos olvidados en los que viven ciudadanos… Bueno, cuando todo se pone patas arriba, digo yo que algo aprenderán de ésta, ¿o no? Lo cierto, es que viven en la creencia de que nos mantienen entretenidos, delante de televisor que soporta cientos de horas de lo mismo. No tenemos ni repajolera idea de la procedencia del CV-19, ni de su forma de expandirse, ni de su tratamiento, ni de su mutación; pero, sospecho, algunos van a lanzar la cura dentro de poco (cuando lo consideren más ‘business’), para llevar del ramal a los países, a comprar millones de antídotos, ¿cuánto va?    

Lo que sí sabemos es lo fácil que resulta ordenar a policías que patrullen y controlen que el encierro se cumple, bajo sanción, a la par que suenan voces que apuntan a la ‘ilegalidad’ de la multa; entonces, ¿en qué quedamos?, ¿para qué sirven las cientos de miles de propuesta de sanción (los agentes siempre hablan de pro-pu-es-tas)?; lo sencillo es enviar a batallones de soldados a que demuestren cada día la magnífica formación que tienen (con sueldo base de 600 euros), y levanten hospitales en tiempo récord, para desmontarlos en menos tiempo todavía; desinfecten lugares públicos y negocios privados, con una disciplina que muchos amigos de la palabrería desconocen, lo mismo que ignoran que el Ejército español es uno de los mejores cualificados del mundo y de los peor pagados. Ay! Margarita, Margarita, desde el más profundo respeto, ya puede meterle mano a este tema hoy (lo del SM), que tiene una oportunidad de oro. De mis chicos y chicas de Policía y Guardia Civil (cómo les pica que les mencione así), ya no sé por qué capítulo de su regulación salarial, respecto de policías autonómicas, van; me perdí hace meses, en un ‘sí’, pero de momento ‘no’, que viene a ser el ‘Vuelva usted mañana’. Y de los terceros (no siempre en este orden, solo en esta planilla), del personal (todo) que trabaja en centros sanitarios, qué decir; pues que en tiempos de Rajoy El Atleta, les mandaron a la calle, les bajaron sueldos, les ofrecieron en el paro contratos basura, les oímos protestar y clamar por su dignidad, y a los meses, miramos para otra parte, con lo mismo de siempre: aquí paz y después gloria.

Así me parece que están algunas de las cosas, mientras vamos a vivir otra jornada de cuentos y recuentos, con la realidad que nos acontece: subida de precios al consumo del 25% y tratos ruinosos para los agricultores y ganaderos; como diría mi abuela: ‘son lentejas; si las quieres las comes y sin no….’. Y que no seamos como los 7 gallos que llevaron a Agra.

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