OPINIÓN | DIARIO DE UNA CUARENTENA POR UNA SESENTONA

Más de 30.000

Por EDURNE GARCÍA ORDÓÑEZ. 21/03/2020

Es de alucine que hasta ayer, viernes, más de 30.000 personas han sido multadas por no tener motivo justificado de estar en la calle, durante el estado de Alarma decretado por el Gobierno.

  • Pésame de los ertzaintzas a sus homólogos guardias civiles (imagen: elperiodico.com).
    Pésame de los ertzaintzas a sus homólogos guardias civiles (imagen: elperiodico.com).
  • Los legionarios con sus compañeros guardias civiles y policías nacionales.
    Los legionarios con sus compañeros guardias civiles y policías nacionales.




¿Te imaginas que hacen una redada y caen 30.000 narcos, ladrones o estafadores en la red?, todos diríamos: “¡vaya limpieza!”, porque la cifra es abultada, con el porcentaje que se le quiera aplicar; pues estos 30.000 y pico (hoy, fijo que son más), han sido multados, por infracciones al mandato de Alarma, en el que España está sumida, desde el sábado, 14; y avisada desde días antes, con suspensión de clases en las aulas y otras medidas preventivas. Una situación aplicada para evitar contagios por coronavirus, una enfermedad que mata sin mirar la edad o condición del infectado, de la que nos queda mucho por saber y que ha saturado a los sanitarios de todos los rincones del Estado; por la que luchan sin descanso miles de profesionales, que ponen en riesgo su vida y que muchos (demasiados) la han perdido, en el ejercicio de su vocación de sanarnos. Que haya sujetos que se saltan esta Ley temporal, porque les importa un bledo su salud y la del resto, es de una ilegalidad, irresponsabilidad e insolidaridad, que ha dado con más de un 10% de ellos en la cárcel, de la que, se pongan como se pongan, no van a salir, hasta dentro de 1 mes, por lo menos; y ahí sí que no van a correr, ni hacer fiestecitas, ni a pasear en busca de aire fresco; ahí van a estar con los otros miles que cumplen preventiva o condena, con las mismas normas de seguridad que cualquier otro ciudadano, y a la espera de que lleguen medios y refuerzos, que les salvaguarden del COVID-19.



Estos pésimos ejemplos chocan con otra realidad, más extendida, de ciudadanos ejemplares, que ponen todo su tiempo y conocimientos en coser mascarillas en sus casas, confeccionar batas y ayudar a sus vecinos ancianos, en lo que necesiten. Y aquí me detengo unos minutos. Oí ayer a un señor que ha creado una web, en la que los usuarios pueden inscribirse y contar cuáles son sus necesidades; por su parte, los voluntarios, tratan de auxiliar a estas personas confinadas y que por las razones que sean, no pueden ir a por medicamentos y comida; decía el promotor de esta idea (hay otras similares en todo el territorio) que tenían poca demanda de este servicio de voluntariado; yo pensé: “no me extraña”, porque la inseguridad ciudadana asalta a los más vulnerables en la calle y en sus viviendas. ¿Acaso no decimos a madres y abuelas que no abran la puerta a nadie? El miedo está apuntalado, por los miles de ladrones y estafadores que se cuelan, con el engaño de una revisión de caldera, calentador, contadores… Los palos que dan son tan frecuentes como canallas y nos han infundido la desconfianza bien hondo, por razones más que justificadas. Cierto que estos servicios de ayuda se prestan en una situación insólita y sin precedentes; pero, cierto también que entre los muchos buenos, seguro que se cuelan los malos. La consigna es dejarse ayudar en caso de necesidad, y sólo abrir la puerta cuando se tiene la certeza de que el mandado está en el umbral, y quien ha hecho el favor, se ha ido.




Aprovecho esta reflexión, para ir a otra. Veo en la tele que muchos reporteros informan, en programas de ocio u otros, sobre la vida y obra de famosos, y lo hacen frente a la puerta de sus residencias. Me pregunto si esta práctica debe de erradicarse, por mor de la seguridad de sus moradores, máxime cuando sabemos que los amigos de lo ajeno están ávidos de pillar datos, ubicaciones y posibles bienes, para entrar y hacer de las suyas. Las bandas están a lo suyo, es decir, a lo nuestro, y cuantas menos pistas y facilidades les proporcionemos: mejor. La información, es información,pero en nada contribuye que me la cuentes desde el portón de una vivienda que puede quedar señalada, para un futuro robo o asalto. Quizás, este tiempo que pasamos recluidos nos lleve a cambiar pequeñas actitudes, que pueden mejorar la seguridad ciudadana, a la par que contribuir a amortiguar un poco el trabajo ingente de los uniformados.



Hablando de uniformados, acabo hoy la página de este ‘Diario de una cuarentena por una sesentona’, con dos momentos emotivos que viví ayer. El primero, ese saludo respetuoso de los ertzaintzas (Vitoria-Gasteiz), a sus homólogos guardias civiles, en un pésame colectivo, por el fallecimiento de un compañero de La Benemérita, a causa de esta enfermedad, contra la que ha luchado hasta morir, por ti, por mí y por todos. MAGNÍFICO EJEMPLO; y los siguientes minutos de emoción me los proporcionan los hombres y mujeres de La Legión, que actúan en muchos sitios, especialmente en Ceuta y Melilla; no conozco a ninguno y poco sé de su historia, más allá de lo que curioseé en la red, después de protagonizar uno de los episodios más entrañables que se han dado en los desfiles oficiales y que, confieso, me levanta el ánimo (no me digas por qué). Te dejo el vídeo de Youtube, aunque quizás no sea el primero, que si lo encuentras, seguro que cuanto menos, te pone una sonrisa en la cara (me uno a los aplausos: “Tú sí que vales”). Y hala! Que hace rato que ha amanecido; libero Internet para mejores necesidades; que los teletrabajadores también descansen, que este día lo pasemos con alegría por estar sanos, y lo pasemos con un pensamiento para los que no lo están, pero se van a poner buenos: seguro. Hasta mañana, con un abrazo enorme.




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