OPINIÓN | GRACIAS A FRANK CUESTA

A los buenos que luchan

Por EDURNE GARCÍA ORDÓÑEZ. 07/05/2019

Lo primero, darle las gracias a Frank Cuesta por dedicarle tiempo y realidad a los galgos, estos cuatro patas desamparados, abandonados, sometidos, esclavizados y criados a casco porro.

  • Gracias a cada una de las personas que cada día recogen a las decenas de galgos.
    Gracias a cada una de las personas que cada día recogen a las decenas de galgos.
  • Nos miran desde su corazón, tan grande y silencioso…
    Nos miran desde su corazón, tan grande y silencioso…

Lo segundo, recordar que los del SEPORONA saben quiénes son, dónde están, qué hacen, cómo lo hacen, cuándo lo hacen y por qué lo hacen; la respuesta está en ellos, si la quieren dar; en ellos, y en esos papeles que suman leyes que nadie cumple, y que nos vienen a decir que, en el peor de los casos, tienen condenas de 6 a 18 mese, que no cumplen, más inhabilitación para tener animalicos. Fíjate tú!, lo que les importa a estos depravados sumergidos en estúpidas creencias, que heredan de sus antepasados y maceran al socaire de la barra de bar.

Ver, éste y otros magníficos reportajes, cuño de protectoras y protectores individuales, para que se te caigan las lágrimas como uvas, cuando constatas que este país está pendiente de ir a la escuela y aprender algo, aunque sea poquito, sobre el respeto a la vida; pues, ver esas imágenes y escuchar a los pollos sin cabeza que obedecen la plegaria de las apuestas, en el sórdido mundo rural en el que yo vivo por elección personal; ver y oír, es ponerte de los nervios y saber que, además de estar más solos que la 1, poco remedio se le puede poner, a no ser que, mi buen amigo Pedro Sánchez, a la sazón Presidente, endurezca las penas y las iguale a las más rigurosas por mal trato, trata de seres vivos, agresión continuada, explotación del sexo femenino, compra venta de vidas, mutilaciones y empleo a jornada de 24 horas sin contrato, ni más compensación que un chusco de pan y un cubo de agua sucia.

Cuando estudiábamos Psicología en los 80 (UIB) y en los 90 (ULL) se nos enseñaba que quien da una patada a un perro, se la da a su compañera, a sus hijos y al que le estimule su nula tolerancia a la frustración; ahora, no tengo ni idea que les enseñan a los Grado, pero sí sé que se merecen respeto, hasta los abejorros sanjuaneros, tan grandes polinizadores como bulliciosos (me parto de pena, cuando llegan los chiquillos al campo y lanzan manotazos, para defenderse de un ser que ni conocen: no tiene aguijón, no te va a hacer nada). Me parte la pena cuando sé que sabes cuál es la solución, y te veo mirar a sotavento, para que pase la explosión de la gaseosa y no le tengas que echar al asunto un par de huevos. Y, así, desde que cabalgaba Quijote.

Lo primero, darle las gracias a todas y cada una de las personas que cada día recogen a las decenas de galgos, que los indeseables esparcen aquí y allá, con la impunidad de la que hacen gala; lo segundo, pedir dinero: sí, DINERO, para todas las protectoras; déjese usted de anunciarme perfumes y coches, y dígame qué ha hecho hoy por la vida, por ayudar, aunque sea un poquito.

Estoy segura de que, en estos días de pre o campaña o lo que sea, vamos a ver a los líderes ir a las perreras, a las protectoras, sentarse con el PACMA, escuchar a la vida y pedir el voto a los miles de cuatro patas; convencida, de que no van a dejar un rincón de la geografía nacional, sin mostrar su rotundo apoyo a esa causa tan desconocida como olvidada, que es dar refugio, calor, comida y cariño a quienes lo necesitan, aunque no hablan vuestro idioma; porque ellos saben, sienten, se entregan, obedecen, atienden, no discuten, y nos miran desde su corazón, tan grande y silencioso, que nos invita a ser un poquito, solo un fisco, mejores.

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