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OPINIÓN | CULTURA

Solo palabras

Por LUIS MEJÍA GARCÍA. 13/11/2018

Pretender reflejar siempre conductas sociales modélicas en las letras es absurdo. Las canciones no nos dicen cómo debemos actuar y cómo no.

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Eva Amaral, brindando por Uxue Barkos

Al Gobierno de Navarra se le ha ocurrido que los estudiantes examinen el nivel de machismo de algunas canciones y les ha pasado una lista. Es la forma que tienen de señalar qué es moralmente reprochable. Bien. A mí me parece ridículo basar el análisis crítico de una canción en la interpretación que se le da a la letra. No tiene sentido. Si no hay una frase expresamente sexista, ¿cómo puedes asegurar que lo sea? Lo intuyes. Claro.

La interpretación literal de algunas canciones es absurda. De algunas, ojo. La clave está en el letrista. Uno bueno siempre busca giros a las frases para que evoquen cosas diferentes. Incluso lo contrario de lo que dicen. Buscar determinados significados a lo que puede parecer obvio es erróneo porque nuestra forma de entender las cosas nos limita; no nos deja ir más allá.

Es un ejemplo muy fácil y creo que se entiende bien. Every breath you take, de The Police parece una canción de amor, pero se puede interpretar como la obsesión de un acosador. ¿Eso quiere decir que Sting está como las cabras? No. Bueno... Pero tampoco debemos hacer un análisis simplista.

Sting está contando una historia. La de un demente, sí. Pero, ¿quién te dice que no se refiere a cómo los gobiernos nos espían? "Confesó en una entrevista que se refería a los celos", diréis. Ñiñiñiñi. Está claro que ese comportamiento es sexista y extremadamente peligroso. Pero es la realidad que se plasma en la letra, nada más. Pretender reflejar siempre conductas sociales modélicas es absurdo.

Las canciones no son ejemplo de nada. No marcan criterios morales. No nos dicen cómo debemos actuar y cómo no. Son expresiones culturales de la cosmovisión de un letrista. Y, a veces, el propósito es crear rechazo. Porque es lo que pasa con las canciones: nos hacen sentir. Aunque sea algo tan desagradable como la angustia de estar perseguida por un cerdo. Igual esa es la clave.


Pasa lo mismo con la canción de Amaral que aparece en la lista negra: Sin ti no soy nada. Intuyo dónde ve el sexismo el Gobierno de Navarra. Pero, ¿qué le hace pensar que se refiere a un hombre? La canción la escribió Juan Aguirre sobre "un sentimiento que él tenía". Lo dijo Eva en una entrevista en Público en 2017.

Mi interpretación es muy diferente. Yo creo que habla de la música. Lo que nos hace “amar por amar y romper a llorar” es escuchar a Michael Bublé un domingo tonto. Muy tonto. Y lo que nos amarga “las noches de juerga” es que no nos pongan la canción de Mimi o la de Ana Guerra cada cinco minutos. De la de Aitana no digo nada, porque en fin. Lo que despoja a Amaral de todas sus emociones es quedarse sin lo que le hace sentirlas. Y no tiene por qué ser un hombre (“sin ti niña mala, sin ti niña triste”). De hecho, en el videoclip vuelve a sentir cuando se sube al escenario para cantar.

Y si nos ponemos existencialistas, puede estar hablando de sí misma. De cómo perdió la esencia de lo que era y abandonó sus ilusiones (“soy solo un actor que olvidó su guion”). Bueno, igual me he pasado de frenada. Pero la interpretación es libre. Como siempre, la clave está en la segunda estrofa: “al fin y al cabo son solo palabras que no dicen nada”. 

Me gusta que se invite a repensarlo todo. Lo que me espanta es que un gobierno ponga el dedo sobre lo que considera que debe ser juzgado. Porque lo que propone no es un análisis, es un juicio. Dejen que sean los profesores los que inciten a los chavales a reflexionar y que sean ellos los que se replanteen las cosas. Pero no ustedes. Y, sobre todo, no apunten las zarpas a dónde no tiene sentido hacerlo.

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