OPINIÓN | UNA MIRADA CRÍTICA

Las manos manchadas de sangre

Por ISMAEL ZARAGOZA. 24/10/2018

El PSOE condena lo sucedido con Jamal khashoggi, pero mantiene la venta de armamento a Arabia Saudí.

Pedro Sánchez. Foto: Efe

Pedro Sánchez. Foto: Efe

Alemania es un ejemplo a seguir únicamente cuando conviene. El caso Khashoggi no es más que una representación a gran escala de lo que sucede cada día en Arabia Saudí. En Yemen mueren a diario civiles que no salen ni saldrán nunca en los informativos. Muchas de las armas que utilizan los saudíes para matar provienen de nuestro país, el tercero del mundo que más armamento exporta a Arabia Saudí. En tres años, en Yemen han muerto más de 10.000 personas y ha habido 3 millones de desplazamientos. Así se utilizan las armas que España vende al régimen saudita. Ahora la ONU ha pedido a Arabia Saudí el cese de los ataques aéreos, ya que 13 millones de civiles de Yemen corren el riesgo de morir de hambre en los próximos tres meses, lo que se convertiría en la peor hambruna de los últimos cien años. Y aún así, el gobierno liderado por Pedro Sánchez ha decido continuar vendiendo armas a un país donde los derechos humanos no existen. En este punto me veo obligado a recordar la Ley 53/2007 en la que se expone de forma clara lo siguiente: "España tiene el deber de asegurar que sus exportaciones son coherentes con los compromisos vigentes de conformidad con el Derecho Internacional y de manera que se garantice que dichas exportaciones no fomenten la violación de los derechos humanos, no aviven los conflictos armados ni contribuyan de forma significativa a la pobreza". La ley la deben cumplir todos los ciudadanos, también aquellos que tienen una silla en el Congreso.

Las vidas humanas no son una cuestión menor, sino la más importante de entre todas las cuestiones.

El Gobierno se contradice una y otra vez. Al minuto de convertirse en presidente, el señor Sánchez da la orden de rescatar al 'Aquarius' para una semana después volver a incumplir la ley con las llamadas devoluciones en caliente. Ahora, en un ejercicio de hipocresía similar, condena lo sucedido con el periodista Jamal Khashoggi al tiempo que mantiene la venta de material armamentístico a Arabia Saudí. Las elecciones andaluzasNavantia resultan mucho más importantes para el PSOE que las vidas humanas que se van a perder después de haber vendido 400 bombas de precisión que, aunque Pedro Sánchez diga lo contrario, sirven para matar civiles. Se seguirá exportando material armamentístico y las bombas continuarán explotando en los lugares que todos conocemos. Llámese Yemen, Palestina o la propia población de Arabia Saudí. El señor Sánchez jamás pensará en las vidas de esas personas. A fin de cuentas, él considera a esa gente como ciudadanos de segunda cuando no de categorías más inferiores aún.

En el caso Navantia sería mucho más conveniente buscar un nuevo comprador para las corbetas o que las asumiera el propio Estado para su defensa, tal y como propone Unidos Podemos. Volverán a llamar radical al partido de Iglesias cuando resulta evidente que es la solución más pacífica. Sin embargo, a veces, como suelo decir yo, el sentido común se convierte en extraordinario, no por ser bueno, sino por estar fuera de lo ordinario. Todos los contratos que España tiene con Arabia Saudí deberían haber sido rotos hace mucho tiempo. A los dirigentes socialistas se les llena la boca de derechos humanos mientras que por detrás firman suculentos contratos con la dictadura más atroz del planeta. Los hombres, mujeres y niños yemeníes pagarán con su vida nuestras nefastas decisiones, mientras que los trabajadores de Navantia seguirán en sus puestos de trabajo sirviendo a la dictadura saudí. El alcalde de Cádiz ya planteó numerosos planes alternativos y nadie le prestó ni la más mínima atención a sus propuestas. Al fin y al cabo, Arabia Saudí es un país gobernado por hijos de puta, pero son nuestros hijos de puta. Hay que quererlos, dependemos de ellos, dice el gobierno del cuarto país más poderoso de la Eurozona. Podríamos no depender del país saudí y eso es fácilmente demostrable, pero muchos prefieren mentir a la gente. Señores del PSOE, eliminen la S y la O de sus siglas. O, mejor dicho, disuélvanse y dejen de decir que son progresistas, al menos hasta que recuperen el código ético de su fundador. Vender armas a un país retrógrado como Arabia Saudí puede considerarse de todo menos progresista.

Termino este artículo con una pequeña reflexión. No hay nada más valioso que una vida. El Partido Socialista nos puede llevar a la crisis económica más profunda, podría aumentar el paro a un 50% y hacer la peor legislatura de la historia de España, pero hay una línea roja, la vida humana de un yemení tiene exactamente el mismo valor que la vida de Pedro Sánchez. Hay que tener un mínimo de principios, no todo vale. Hoy el PSOE pierde el voto y la confianza del arriba firmante. Algunos seguirán apoyándoles y serán cómplices de miles de muertes en Oriente que llevarán la firma de España. Esas personas tendrán entonces las manos llenas de sangre al igual que todos y cada uno de los integrantes del Partido Socialista. Las vidas humanas no son una cuestión menor, sino la más importante de entre todas las cuestiones.

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