jueves, 21 de octubre de 2021

Los Reyes y sus hijas felicitan la Navidad

Don Felipe y doña Letizia han elegido para ilustrar su 'christmas' una imagen de lo más significativa.


Los Reyes y sus hijas felicitan la Navidad
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Aunque este año las fiestas más entrañables del año sean las más extrañas y atípicas que se recuerdan, el monarca, su mujer y sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, también han querido felicitar a los españoles en un 2020 que se ha convertido en el año más difícil en los seis que don Felipe lleva como Rey, a causa de la crisis sanitaria que ha provocado miles de víctimas y tras la marcha temporal de España del rey Juan Carlos.

La imagen escogida en esta ocasión pertenece al viaje que realizaron los Reyes y sus hijas a Asturias con motivo de los actos del Premio Princesa de Asturias 2020 -concretamente de la entrega a Somao del reconocimiento como Pueblo Ejemplar de este año-. En ella aparecen la princesa Leonor, con un abrigo de paño de cuadros, pantalones, zapatillas deportivas y coleta, y su hermana Sofía, con un chaleco acolchado con capucha, pantalones, zapatillas deportivas y el mismo peinado.

En 2019, los Reyes optaron por una imagen muy familiar y entrañable con sus hijas para desear unas Felices Fiestas y un Feliz Año. En aquella ocasión, ilustraron su christmas también con una estampa asturiana, concretamente con una imagen de los cuatro en Asiegu, declarado Pueblo Ejemplar de Asturias 2019. La instantánea refleja a la Familia Real desde uno de los balcones de esta pequeña localidad asturiana, de un momento con gran trascendencia, el estreno de Leonor en los premios que llevan su nombre y que supuso todo un paso al frente en su camino como heredera de la Corona. Fue allí donde dio el segundo de los tres discursos que ofreció en el Principado y su toma de contacto con la Asturias más rural.

El destino de la Princesa Leonor

Don Felipe y doña Letizia han querido que sus hijas hagan las actividades propias de su edad y han velado para no exponerlas en su día a día. Fue en la madrugada del 31 de octubre del año 2005 cuando en la clínica Ruber Internacional de Madrid venía al mundo un bebé con el destino escrito antes de nacer: el de reinar en una Europa del siglo XXI. La princesa Leonor trajo con ella la alegría habitual sumada a la expectación de un nacimiento histórico que aseguraba la continuidad dinástica. Para don Felipe y doña Letizia comenzaba así un doble desafío: el de educar (en ocasiones bajo los focos) a la futura jefa del Estado, a la vez que deseaban que se criara de un modo similar a cualquier niña de su edad. Así Leonor ha llegado a los quince años, con una vida normal pero la vista puesta en un futuro nada convencional.

Los Reyes siempre lo tuvieron claro: no harían distinciones entre sus hijas y velarían para que tuvieran una infancia despreocupada y feliz. Sin obviar el contexto en el que se mueven, tanto la princesa de Asturias como la infanta Sofía, han llevado la rutina que correspondería a una niña de su edad. Eso incluye el ir haciendo las actividades propias de cada momento y también el no estar expuestas en su día a día, haciendo como excepción ese primer día de colegio en el que las cámaras sí recogen la entrada de Leonor y Sofía al centro escolar.

Así que, la vida de la Princesa transcurre como la de una alumna más de 4º de la ESO de Santa María de los Rosales. Diez asignaturas y la vista puesta en el próximo curso, cuando empezará un Bachillerato que en principio será el de la rama de Humanidades y Ciencias Sociales. Ahora que habla el inglés a la perfección –con la experiencia además de sus veranos en campamentos estadounidenses- dedica esfuerzos extras al francés y estudia árabe. Eso sin descuidar que su papel requiere fluidez con el gallego, el catalán y el euskera.

Buena deportista, inquieta culturalmente y perfeccionista, entre sus actividades extraescolares destaca el ballet (disciplina que practica desde niña). Disfruta jugando con los perros (sobre todo con la simpática labradora que tiene desde hace cinco años), eligiendo ropa con su hermana, haciendo sus pinitos en la cocina o quedando con amigas. Hasta hace no mucho compartía habitación con la infanta Sofía, sin televisión y con muchos libros, ya que ambas tienen el hábito de leer antes de dormir. También en esto ha ido cumpliendo todas las etapas y los universos creados por J.R.R. Tolkien, Michael Ende y Roald Dahl han ido dando paso a otras lecturas como Cambiemos el mundo de la activista Greta Thunberg, una lectura que da muestras de por dónde van sus inquietudes.

Leonor puede ser como muchas jóvenes de 15 años, aunque para ella hay algo prohibido que merece la pena comentar porque en otras cortes europeas ha generado ya quebraderos de cabeza y ese es el uso de las redes sociales. El mensaje es claro: no puede usarlas ni compartir ningún tipo de material. En este sentido, sí puede ser distinta, aunque sobra recordar las advertencias que se hacen sobre el manejo de este tipo de herramientas a determinadas edades. En su caso, además hay que ponderar otros factores, entre ellos, el de la seguridad del jefe del Estado y su familia. Alexia de Holanda, que cumplió los quince años en junio, es la que ha abierto el debate después de que el gabinete de comunicación tuviera que poner a trabajar a marchas forzadas para eliminar las fotos o vídeos (más o menos afortunados) que la adolescente (o sus amigas, esto nunca ha llegado a aclararse) habían hecho circular en redes sociales.

En definitiva, Leonor –que empezó a ser consciente de su papel en torno a los siete años, momento que coincidió con ese histórico posado de las “tres generaciones con un compromiso común”, primera imagen oficial que se compartió de ella- ha llegado a los quince años pasando por as emocionantes cabalgatas de Reyes hasta las tardes de traer a amigos a casa. Ahora, cuando su papel institucional se ha agrandado de forma considerable y ha empezado a asumir nuevos retos, como los Premios Princesa de Asturias o el tomar el pulso a la calle -lo hizo en Mérida, lo hizo en Mallorca y lo repitió en Asturias- todo apunta a que esa intención de llevar una vida normal seguirá marcando su rumbo durante el tiempo que dure su formación, a la vez que se prepara para asumir un destino de lo más excepcional. 

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