martes, 5 de julio de 2022

Alberto Núñez Feijóo dimite como presidente de la Xunta de Galicia

El presidente del PP renuncia a su cargo tras 13 años al frente del gobierno autonómico tras ser incompatibles ambos cargos.


Alberto Núñez Feijóo dimite como presidente de la Xunta de Galicia
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Alberto Núñez Feijóo dimitió el pasado viernes como presidente de la Xunta de Galicia tras 13 años al frente del gobierno autonómico. El nuevo líder de la oposición rechazó a su puesto al frente de la baronía autonómica al ser incompatible con su nuevo cargo al frente de la presidencia del PP, dando el pistoletazo de salida a una nueva investidura en el Parlamento de Galicia y a unas primarias en el PP de Galicia ante las que solo se postula un nombre: Alfonso Rueda.

Esta es la intervención íntegra de Alberto Núñez Feijóo tras dimitir como presidente de Galicia: 

"Diputados de la Xunta de Galicia, autoridades presentes, damas y caballeros,
Me presento en este salón noble del Pazo de Raxoi tras mantener una reunión con el Presidente del Parlamento y presentar mi dimisión como Presidente de la Xunta de Galicia.

Previamente comuniqué mi decisión a los miembros del Grupo Parlamentario Popular, quienes con sus votos me hicieron presidente; y también he venido, por supuesto, a informar al Jefe de Estado, S.M. el Rey Felipe VI y también el Presidente del Gobierno de España.

Acabo de celebrar un Consejo Extraordinario con todos los miembros del Gobierno de la Xunta, directamente afectados porque, como sabéis, cesarán automáticamente y permanecerán conmigo en cuanto se haga efectiva mi dimisión con su publicación en el Boletín Oficial del Estado.

De acuerdo con la normativa prevista, y en cumplimiento de la ley de la Xunta y de su Presidente, he comunicado a la Cámara mi decisión personal de cesar en mis actuales responsabilidades institucionales. Esta decisión la quiero compartir ahora a través de este comunicado con quienes me han brindado su confianza cada vez que se la pedí, es decir, con todos los gallegos.

Frente a esta Catedral de Santiago, en la plaza donde confluyen los caminos que unen Europa y España, os traslado que aquí acaba mi andar de presidente de Galicia. Esta vez, Santiago y Galicia, que siempre son una meta, son también para mí un nuevo comienzo.

Muchos artistas dicen que empezar una obra parece lo más complicado, pero acaban dándose cuenta de que lo más difícil es terminarla y saber cuál es el final.

 
Yo, que lejos de ser artista soy un servidor público, un servidor al servicio de todos los gallegos, doy fe de que, aunque los inicios hace 13 años, en un mes de abril como este, pudieron parecer difíciles...

... lo más complejo, sin duda, es tener que terminar este período.

En todos estos años dicen todo lo que he podido.
Me entregué a Galicia con la modestia de ser un gallego más, pero consciente en todo momento de la confianza, la responsabilidad y las expectativas.

Ahora que mi trabajo como presidente está a punto de ser juzgado por el tiempo, quiero enfatizar lo que fue un principio inmutable para mí.

Además de los errores -por los que pido el indulgente perdón de los gallegos-...

... y de los éxitos -que no son míos sino de todos-...
... siempre ha habido una guía:
Los intereses generales de esta tierra fueron para mí el principio y el fin de mi tarea al frente de la Presidencia de la Xunta.

Mi máxima prioridad, y la que pedí a mis gobiernos: todo con los gallegos; nada sin Galicia.

Las circunstancias que me llevan a dimitir son bien conocidas.

No en vano, también he tratado de transmitir, en todos estos años, que a la hora de tomar decisiones nunca me he guiado por lo que me resultaba más fácil o cómodo, sino por lo que creo más conveniente y, en definitiva, por lo que yo creo que es lo mejor para los intereses de todos.

Antes de estas últimas semanas, nunca concebí pronunciar estas palabras de resignación en estas circunstancias.

Pero tampoco imaginé nunca que la política en España, el servicio público, el interés general, serían rehenes -y durante tanto tiempo- de la frivolidad, la polarización y el populismo que se ha instalado. No quiero ni puedo compartir la premisa de que en toda España es imposible lo que fue posible en Galicia.
Dejo esta responsabilidad orgullosa de un pueblo que ha rechazado sucesivamente la fragmentación y el vacío… y que en cambio ha optado por la unidad y la moderación.

La unidad como reflejo de la integración y cordialidad que late en nuestro pueblo y que configura, desde tiempos inmemoriales, nuestra identidad.

La moderación como aliada para que las conquistas colectivas sean perseguidas por amplias mayorías que no vayan en contra de nadie, ni dentro ni fuera de esta tierra.

De hecho, la autonomía gallega hace gala de esta combinación: unidad y moderación. No sólo se inscribe, sino que participa activamente de la realidad española y europea, y lo hace sin alimentar en su seno el germen de la división. Las autonomías son el Estado y Galicia lo ha entendido. Sin costura. Sin complejos.

Sobre esta unidad y moderación derivada del gallego integrador planteamos una condición imprescindible para todo progreso social: la estabilidad. La estabilidad ha sido la materia prima fundamental para sustentar la prosperidad y el bienestar de Galicia en estos años, a pesar de todas las condiciones adversas que no han dejado de acompañarnos durante los 13 años.

No en vano, tomo posesión por primera vez en medio de una profunda crisis financiera y me despido en medio de una crisis económica, agudizada por la guerra a las puertas de Europa, y tras combatir una pandemia sin precedentes.

En todos los momentos difíciles que marcó este andar, la estabilidad hizo posible que el avance de Galicia nunca se hubiera detenido.

Todas las adversidades han ayudado a corroborar que la democracia representativa y el autogobierno, además de satisfacer necesidades afectivas, son herramientas eficaces para enfrentar situaciones complejas.

La democracia nos permite involucrar a todo el tejido social en la toma de decisiones y su implementación, mientras que el autogobierno posibilita adaptar esas decisiones a nuestras particularidades. La plena normalidad con la que se está produciendo esta dimisión, aunque se trate de un escenario inédito, es una prueba más de la solvencia de nuestra autonomía.

La superioridad de estas dos formas de organizar nuestra convivencia se ha ratificado en la práctica, aunque ello no quiere decir que sean principios que se defiendan. Necesitan ser cultivadas sin descanso para evitar volver a tiempos nefastos o rupturas traumáticas con la legalidad.

Estoy convencido de que se hará, y de que se hará bien. No tengo ninguna duda de que el gallego constitucional que heredé de los presidentes Albor, Laxe, Fraga y Touriño, y que he intentado ejercer, será también la guía de los que ahora toman el relevo para que siga formando parte de nuestro colectivo. patrimonio.

De hecho, en estos 13 años ha habido muchas pruebas.
Algunas humanamente inolvidables. Las víctimas del COVID. El difunto en Agrois. Los marineros que murieron o desaparecieron en la Villa de Pitanxo y en tantos otros naufragios. La crueldad incendiaria que también cobró la vida de cuatro personas en 2017.

Momentos duros, que siempre llevaré conmigo... pero en los que siempre nos sentimos reconfortados al ver la gran humanidad del pueblo gallego.

Otros desafíos eran sociales y económicos, y en ocasiones incluso sin precedentes en los que apoyarse o inspirarse.

La virulenta crisis económica que nos golpeó en 2009 fue un gran desafío. Socialmente, sin duda, porque ha afectado a miles de familias con miembros en el paro o que han visto muy mermados sus recursos. Pero también porque la drástica caída de la renta ha puesto a prueba la solidez y madurez del autogobierno gallego.

Galicia salió adelante y se fortaleció. Hoy es una comunidad cuya economía converge con España como nunca antes, con uno de los niveles de deuda per cápita más bajos de España, con menor paro que entonces, y 5 récords consecutivos de exportaciones.

Sin duda, la pandemia planteó otro enorme desafío a todos los niveles, que dio la medida de nuestra condición de pueblo capaz, pueblo solidario y pueblo de cariño. Y también destacó el altísimo nivel de nuestro sistema público de salud y de los profesionales que lo componen.

Una “joya” de nuestro sistema de bienestar, como siempre lo he considerado, sin el cual sería imposible explicar por qué éramos la comunidad peninsular con menor mortalidad o por qué éramos líderes nacionales en vacunación. La profesionalidad de los profesionales de la salud, así como de otros colectivos esenciales, ya forma parte de la historia del país.
Gallegos, nunca goberné para alimentar una vanidad personal. Goberné sabiendo que cada obra, cada avance que tuve el honor de promover, era obra de toda Galicia. Así dicen todas las placas que he descubierto en estos 13 años. "De los gallegos de hoy a los gallegos de mañana".

Bueno. La Galicia que presido desde 2009 deja para la Galicia de 2022 y años posteriores un balance del que humildemente creo que todos podemos estar orgullosos.

Una red de hospitales renovada, con centros de referencia como el nuevo Álvaro Cunqueiro en Vigo o el hospital de Lugo o los hospitales que estamos ampliando o renovando o el nuevo hospital que estamos construyendo en A Coruña.

La construcción y remodelación de un centenar de centros de salud.

Una tasa de fracaso escolar a la mitad, más oportunidades digitales y de idiomas para nuestros chicos, y las universidades más accesibles de toda España.

Escuela infantil gratuita que se hará efectiva en septiembre.

Un nuevo modelo sociosanitario de vanguardia para nuestros mayores, y nuevos recursos de conciliación como las guarderías y residencias de mayores para los pueblos gallegos.

Transporte interurbano gratuito para los gallegos hasta los 21 años, y potenciación de las estaciones intermodales en todas las ciudades simultáneamente.

Menos impuestos. Para todos, y en especial para los de renta baja y media y también para el rural y por ende para las familias que más lo necesitan.

Y, en general, una Galicia líder en la producción de vehículos en España, en el sector textil mundial, con potenciales sectores innovadores y consolidada como potencia europea de referencia pesquera, láctea y forestal.

Una Galicia preparada, también, para afrontar la recuperación pospandemia y aprovechar los fondos europeos para traer nuevos horizontes de prosperidad.

A todos estos logros colectivos siempre he tratado de contribuir con la máxima responsabilidad y nunca en soledad.

Lo hice acompañado de miembros de mis Gobiernos. Algunos de ellos están aquí hoy... y lamentablemente uno (Valeriano Martínez) no puede estar, pero seguro que podrá escuchar las palabras de agradecimiento que les quiero reprochar.

A todos los directores desde 2009
A todos los altos funcionarios designados por el Gobierno,
A los miembros de los gabinetes, a los secretarios, a los equipos de comunicación... a todos... y lógicamente de manera especial a los que me acompañaron más de cerca.

La exigencia que siempre he tratado de transmitirles, a la altura del papel que nos ha sido encomendado, hoy merece un respiro en forma de agradecimiento infinito. Recuerdo su profesionalismo, dedicación y compromiso.

En segundo lugar, me acompañaron trabajadores del servicio público, dos palabras - servicio público - que encuentran sentido en el trabajo diario de miles de personas entregadas en cuerpo y alma al prójimo.

Gracias también a todas las instituciones, sociedades, asociaciones, colectivos, empresas, sindicatos, medios de comunicación... que con sus aportaciones nos han guiado y contribuido de manera decisiva a construir una Galicia mejor.

Gracias también a la oposición, a las mujeres y hombres que durante estos años, en distintas formaciones políticas, han ejercido su labor constitucional y estatutaria, indispensable en una democracia madura. Con mayor o menor acierto y con mayor o menor vehemencia, su actitud crítica, el control sobre el Gobierno y su capacidad propositiva fueron también fundamentales para que Galicia siguiera avanzando en este período.

Y permítanme agradecer también a mi familia y seres queridos por apoyarme en todo momento y por su comprensión. También en este tiempo viví los mejores y los peores momentos a nivel individual.

He sido, soy y seguiré siendo discípulo de Galicia.
Galicia fue mi maestra cuando era niña.
Galicia me enseñó a admirar a las personas educadas por la historia en la tolerancia y el diálogo.

De Galicia aprendí que gobernar consiste en dialogar.
No hay mejor lugar que este pazo de Raxoi, en la plaza del Obradoiro y frente a la Catedral de Santiago para marcar el colofón de una etapa personal que no supone la interrupción de un modelo de convivencia refrendado reiteradamente por los gallegos.

Hay una mezcla de tristeza y satisfacción en mi estado de ánimo. Aportar todo lo que tiene a la obra siempre inacabada de Galicia deja un montón de experiencias inolvidables que en este momento están más vivas que nunca. Siempre he sentido la cercanía y el cariño de los gallegos, y por eso no es fácil asumir nuevas obligaciones que requieren una inevitable distancia física, aunque no mental.

Sin embargo, este sentimiento se ve contrarrestado por la certeza de que se mantendrán las directrices que el pueblo gallego ha marcado con su voluntad soberana.

Porque el protagonista de esta peregrinación que comenzó en 2009 es el pueblo gallego. Yo era sólo el intérprete de una partitura escrita por y para gallegos. La Constitución Española y el Estatuto de Autonomía nos han proporcionado una herramienta que utilizamos para entendernos, ser libres y crecer juntos. Ese es el pueblo al que he gobernado, del cual estoy profundamente orgulloso

Los liderazgos no miden su valor por el vacío que dejan, sino por la continuidad y unidad que garantizan.

Los modelos políticos consistentes, al menos en los que yo creo, comienzan y terminan en grandes mayorías. Emergen de un amplio apoyo popular y se puede decir que tienen éxito si terminan en una sociedad unida e ininterrumpida.

Estoy tranquilo porque creo que eso lo he conseguido junto con todos los gallegos: la Galicia cordial sigue en pie, más viva que nunca.

Es el gallego entendido como la casa común de todos los gallegos, alejada de nacionalismos y centralismos intransigentes de otros tiempos, sobre la que se construye una cohesión social clave para entender el tiempo que vive España.

Ser diferente no significa ser hostil a nadie, ni rechazar el cambio, ni poner límites, ni levantar trincheras.

Si los gallegos lo hemos entendido así, tengo fe en que toda España finalmente lo volverá a hacer.

Damas y caballeros. España puede y debe ser servida desde Galicia. Lo hemos demostrado en este viaje que culmina. Galicia es España. La nación española que reafirma la Constitución nos fortalece como nacionalidad histórica y nos proporciona el cauce adecuado para estar presentes en el concierto de los grandes pueblos del mundo. Una Galicia aislada sería algo diferente de nuestra Galicia.

Damas y caballeros. Galicia puede y debe ser servida desde España. Galicia es una prueba de que la España de las autonomías:

Lejos de causar problemas, puede ayudar a solucionarlos.

Lejos de desintegrarse, puede unir.
Lejos de desgarrar el estado, ayuda a unirlo y armonizarlo.

No hay necesidad de elegir entre dos lealtades antagónicas, como argumentan los nacionalismos excluyentes. Puedes seguir siendo discípulo de Galicia asumiendo otras responsabilidades en las que, sin duda, las muchas lecciones aprendidas aquí te servirán para encontrar el buen camino.

Ya terminé. Como todo peregrino, en esta obra que hoy termino, supe que no caminaba solo sino acompañado de cada uno de los ciudadanos de esta Tierra. En ciudades, pueblos, aldeas y rincones.

Ellos son los que seguirán buscando nuevos éxitos para este pueblo en el futuro. Estoy convencido de que seguirán viniendo.

Me dirijo a ellos por última vez como su presidente, con la satisfacción de haber cumplido con mi deber.

Ser nombrado presidente de este pueblo laico, al servicio de la causa de su libertad, prosperidad y bienestar, es un honor que nunca podré agradecer lo suficiente a los gallegos.

Ya no seré responsable de su gobierno, pero seguiré siendo gallego para siempre.

Dicen que despedirse es despedirse y olvidar, entonces no es así, porque Galicia ha sido y seguirá siendo parte fundamental de mi camino.

Porque ser gallego es un orgullo inmenso.
Porque era un orgullo servir a Galicia,
Y porque seguirá siendo un orgullo servir donde estés, desde cualquier responsabilidad.

Galicia, Galicia, Galicia y siempre, Galicia. Gracias por este honor". 

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