martes, 18 de mayo de 2021

Ciudadanos y el mito bipartidista

El consenso blindado en el Estado español se ha construido sobre el dogma neoliberal, que comparten no sólo PP y PSOE, y que supera la divisoria pueril entre la vieja y la nueva política


Ciudadanos y el mito bipartidista
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En política, hoy- aunque parece una costumbre que es reconocible a lo largo de la modernidad y seguramente en busca de hacer el discurso más accesible y menos abstruso, -existe una tendencia clara a construir vocablos que consiguen ser la manera más eficaz para construir el “nosotros” y el “ellos”, elementos que en última instancia permiten delimitar los márgenes del tablero en el que pretenden confrontarse las ideologías y su plasmación orgánica; los partidos políticos.
El nacimiento de Podemos, alumbró una palabra: la casta. Con este epíteto la formación entonces capitaneada por Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Iñigo Errejón, fue capaz de colocar en el centro de discurso a este concepto, en el que se podía englobar aquellos que desde el Movimiento 15-M se señalaba como responsables del desastre social provocado por la Gran Recesión.
Empresarios, banqueros y políticos, formaban parte de ese sujeto que negaba cualquier tipo de oportunidad de prosperar a esa población “sobradamente preparada”, y que consiguió hasta cierto punto, y dentro de la opinión pública, impugnar el statu-quo.
A cuatro años de su constitución, el partido de Iglesias, gestiona ayuntamientos, apoya distintos gobiernos autonómicos y junto a sus confluencias es la tercera fuerza política en el Estado español, algo que, hasta cierto punto, desdibuja su génesis que afirmaba que “Nuestros sueños, no caben en sus urnas”.  


Desde el otro lado del muro, Ciudadanos, tras el triunfo de la Moción de Censura contra Mariano Rajoy y en la que la formación naranja pudo constatar su más absoluta soledad, hoy agita en su discurso un nuevo concepto con el que colocarse al margen del depuesto Partido Popular, así como del PSOE y los que apoyaron la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa: el Bipartidismo.
Líderes como Albert Rivera o Inés Arrimadas, están haciendo pivotar sobre el eje de los privilegios de las dos principales formaciones políticas, y sus alianzas con sectores del nacionalismo conservador, su actualdiscurso, en un momento en el que la constitución del nuevo gobierno socialista ha detenido sus proyecciones demoscópicas al alza ante unas posibles nuevas elecciones.


El Estado de Partidos en el Sistema Político español
La Constitución Española de 1978 define a los partidos políticos como expresión del pluralismo político, manifestación de la voluntad popular e instrumento fundamental para la participación política.
Las elecciones a Cortes de 1979, dieron un resultado en el cual una organización llamada Unión de Centro Democrático, conseguiría 168 escaños, 3 más que en las elecciones constituyentes de 1977, de los 350 escaños.  
Bajo el liderazgo de Adolfo Suarez, el centro español asumía la labor de gobierno, la UCD que no tenía más base material que la confluencia en torno a la reforma de las instituciones del tardofranquismo, no tardó demasiado tiempo en implosionar dejando la vía expedita a un Partido Socialista, que tras la Mayoría Absoluta de 1982, eliminaría, también, la competencia a su izquierda dejando al Partido Comunista de España con tan sólo 4 diputados, por el centro con la cooptación de figuras como la de Fernández Ordoñez , y dejando como segunda fuerza, y potencial alternativa, a la coalición entre Alianza Popular y el Partido Democrático Popular de Óscar Alzaga, que conseguía romper el famoso “Techo-Fraga” llegando a los 107 diputados entre los que se encontraban la derecha regionalista valenciana, aragonesa y navarra. He aquí, la foto de uno de los parlamentos en los que el bipartidismo se manifestó de manera más virulenta, sumando el 88 % de los escaños de la Cámara Baja, porcentajes que irían descendiendo a lo largo de los siguientes procesos electorales.
El sistema político constitucional, está a una distancia considerable de poder ser considerado un sistema bipartidista, o de Bipartidismo Perfecto, aunque el trazo grueso y el discurso político infantil tantas veces utilizado, en cada momento histórico por unas u otras fuerzas políticas, pueda enarbolar lo contrario. De tal manera que si el PSOE, con las mayorías absolutas de Felipe González en 1982, 1986 o 1989, o el Partido Popular, con las conseguidas por  José María Aznar y Mariano Rajoy, han sido los responsables de moldear la política social y económica según su criterio, no es menos cierto que en los gobiernos autonómicos, que de manera progresiva iban viendo aumentar su volumen de competencias, han participado distintas fuerzas políticas como el Partido Nacionalista Vasco  y Eusko Alkartasuna en la Comunidad Autónoma Vasca, Unión del Pueblo Navarro en la Comunidad Foral de Navarra, Convergencia i Unió en Catalunya o se ha producido la entrada en gobiernos de coalición junto al PSOE del Partido Andalucista, Izquierda Unida en Asturias o Bloque Nacionalista Galego en Galicia.
Los rasgos de la institucionalidad bipartidista, o de Bipartidismo Perfecto, son reconocibles en elemnetos como parlamentos bicamerales, con un sistema electoral mayoritario y modelo presidencialista. El sistema político español, por el contrario, a pesar de que su Parlamento está compuesto por dos cámaras, posee un sistema electoral proporcional- aunque la fórmula de conversión de votos en escaño favorece a los partidos mayoritarios- y parlamentario.
Por lo tanto, esta nueva salmodia tantas veces repetidas por el que aspira a convertirse en el Macron español, se asienta sobre una mentira o una verdad a medias.
El modelo español se asemeja a lo que se denomina Modelo de Pluralismo Polarizado o de Partido Predomínate, tan propio de los países mediterráneos, y por el que se rigen, con sus particularidades, Italia o Portugal.
Los parlamentos que deben ser una radiografía de las simpatías político-ideológicas de la población, representan en España los dos cleavages o conflictos seculares a los que se enfrenta el Estado español desde la Edad Moderna; la Cuestión Social, representada por la izquierda no socialdemócrata y de inspiración comunista-tanto de corte estatal como periférica- y la Cuestión Nacional, que expresan los partidos nacionalistas e independentistas de izquierda y derecha que cuentan con representación en el Congreso de los Diputados desde el período de la II República.
El déficit democrático en el plano de la representación de las fuerzas políticas en el sistema constitucional se asienta sobre la polémica Ley D´Hondt, y la circunscripción provincial, causantes de la sobrerrepresentación de los territorios despoblados frente a los grandes núcleos urbanos, en los que los dos partidos mayoritarios, excepto en País Vasco o Catalunya, han sido siempre hegemónicos.  
Se puede concluir, que no existió, ni existe un modelo bipartidista porque la sociedad española no responde solamente a la lógica en la que se expresan socialistas y conservadores.

Un consenso blindado en el plano económico
Existe, sin embargo, un claro rasgo confluyente en la acción de los gobiernos de PSOE y Partido Popular; el modelo económico y productivo. Rasgo que parece haber pasado desapercibido para el partido de Albert Rivera, quizás porque las recetas económicas de Ciudadanos se adhieren e incluso superan las tesis de más mercado y menos Estado, que han perfilado las fuerzas políticas mayoritarias. O en última instancia porque los partidos de inspiración democristiana de Catalunya y Euskadi se suman también a la determinación que dictan las instituciones de la Unión Europea, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.
El consenso edificado bajo el dogma neoliberal es compartido por amplios sectores del arco parlamentario, distintas formaciones políticas para las cuales no hay salida a la precariedad laboral, social y vital en la que se ha sumido a un importante número de personas en los últimos tiempos, que comienzan con la Reconversión Industrial, siguen con la Doctrina Solchaga, aquella que aseguraba que "España es el país europeo donde es más fácil hacerse rico", la creación de las Empresas de Trabajo Temporal bajo el mandato de Pedro Solbes, el “Decretazo” del Gobierno Aznar, las reformas laborales de los Gobiernos de Zapatero y Rajoy, a lo que puede añadirse la privatización de un derecho básico de ciudadanía como la sanidad, realizado por los ejecutivos de Jordi Pujol o Artur Más.
He aquí el verdadero pacto centro-periferia sobre el que en parte se constituyó el modelo político español, en el que menos importante eran los colores políticos que gestionarán la economía, sí no la manera de gestionarla.
Muy lejos queda aquella división nacida de la crisis de representación que dio como resultado la irrupción de partidos como Podemos o Ciudadanos, en la que la divisoria se colocaba entre “la nueva y la vieja política” como metáfora de ese tan manido bipartidismo. La respuesta a esa nueva brecha estaba lejos de ser una cuestión generacional, tenía más que ver con un concepto que carece de obsolescencia: la lucha de clases.  

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