La explotación del Ártico pone en peligro su ecosistema

Por JOEM. 06/03/2020

A medida que en la región aumenta la temperatura y la hace accesible a la explotación humana, se convierte en una zona vulnerable para las especies que allí habitan

Invierno Polar - Pxhere

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A medida que el hielo del océano Ártico disminuye con el pasar de los años a causa del aumento de las temperaturas globales, hace mucho más fácil y más frecuente para las compañías aventurarse hacia la región para pescar, navegar y explotar gas y petróleo. Aunque los barcos, plataformas petroleras y otros indicios de actividad humana se han trasladado rápidamente a este frágil entorno, los científicos están apenas comenzando a entender cómo la luz, el sonido y la contaminación química están impactando el ecosistema Ártico marino.



Investigadores están llenado lo vacíos. Dos equipos que trabajan en Noruega presentaron nuevos hallazgos sobre el comportamiento del zooplancton, orcas y ballenas jorobadas en la conferencia Fronteras del Ártico 2020 en la ciudad de Tromsø en enero pasado. Aunque pareciera que el zooplancton tiene poco en común con las ballenas, los investigadores demostraron que ambas especies, ubicadas en los extremos de la cadena alimenticia, son críticas para el ecosistema marino. Entender cómo la industria afecta a esos animales ayudaría a la creación de políticas gubernamentales sobre las actividades comerciales en la zona.




El zooplancton se mueve de acuerdo a señales de luz. Cuando el sol se eleva, estos bajan hasta el lecho oceánico para evitar a los predadores. Cuando el sol se pone, ascienden a la superficie para alimentarse. Durante el invierno Ártico ocurre el fenómeno de 24 horas sin luz por aproximadamente un mes. El fenómeno es conocido como la noche polar. Los científicos creían que durante ese tiempo el zooplancton dejaba de moverse bajo el mar de hielo, afirmó el taxonomista y biólogo marino de la Universidad Ártica de Noruega (UiT), Jørgen Berge.



Esa creencia cambió en el invierno de 2007 – 2008, cuando Berge notó que el zooplancton en los fiordos del archipiélago de Svalbard mantenía el mismo patrón de movimiento que cuando el sol brillaba. Encontró que aún pueden sentir y responder a bajos niveles de luz producidas por el reflejo de la luna, las auroras boreales y pequeñas trazas de luz de cuando el sol se oculta, bajo gruesas capas de hielo y nieve. “Fue un completa sorpresa para nosotros”, dijo Berge.



En un trabajo posterior, demostró que otros habitantes del Ártico, como los camarones, el krill, el arenque y el bacalao, también responderían a niveles de luz que eran de órdenes de magnitud inferiores a los que experimentan especies similares en aguas de otras partes del mundo. Esto lo dejó preocupado de que los animales del Ártico fueran más sensibles a la luz artificial y que la exposición a la misma pudiera cambiar aspectos importantes de su comportamiento. Se ha demostrado que dicha contaminación lumínica, que brilla con una intensidad y composición que no se encuentra en la naturaleza, interrumpe la producción de hormonas y el metabolismo de muchas especies de vertebrados, incluidos los peces y los humanos.



Para investigar, Berge supervisó cómo se movían los animales del Ártico en respuesta a las luces artificiales de una sola nave: su propio barco de investigación. En tres lugares durante la noche polar de 2019, Berge midió la masa total de los animales marinos alrededor del barco con las luces encendidas y apagadas. En cada caso, hubo una diferencia significativa. En un lugar, había alrededor de la mitad de los animales alrededor del barco cuando se encendieron las luces. En otro, con una población animal diferente, la biomasa aumentó con las luces encendidas, una respuesta que Berge dice no es sorprendente, porque, como las polillas en tierra, algunos animales marinos se han adaptado para ser atraídos por la luz en lugar de ser repelidos por ella.

Esta investigación, publicada el jueves en Communications Biology, tiene fuertes implicaciones para la industria pesquera, dice Berge. Las autoridades noruegas actualmente recopilan información sobre la abundancia de peces en el área durante todo el año, incluso durante la noche polar, y usan esa información para determinar los límites de pesca. Pero debido a que estas evaluaciones se llevan a cabo con luces artificiales encendidas, “eso podría tener un fuerte sesgo”, señaló Berge. “Nuestra capacidad para medir y comprender y hacer buenas predicciones sobre cuánto se puede pescar podría basarse en datos de entrada incorrectos”.

Del mismo modo, Berge cree que ningún estudio científico que se haya realizado durante la noche polar, con las luces encendidas, podría considerarse una representación imparcial de cómo los animales se comportarían naturalmente durante ese tiempo. “En la oscuridad y la luz, obtendrá dos resultados muy diferentes, y el conocimiento sobre el sistema será muy diferente”, dijo Berge. Franz Hölker, ecologista del Instituto Leibniz de Ecología del Agua Dulce y Pesca Interior en Alemania, que estudia la contaminación lumínica pero no participó en el nuevo trabajo, está de acuerdo. Él dice que los hallazgos de Berge reflejan algunos de los suyos.

Las preocupaciones de seguridad para los humanos hacen que sea poco práctico prohibir completamente la luz artificial en el Ártico. Berge señaló que “más bien necesitamos entender qué efectos está causando la contaminación lumínica”. De esa manera, el nivel de sesgo en los estudios científicos y las estimaciones de la pesca podría cuantificarse y, en cierta medida, corregirse.


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