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DEPORTES | FÚTBOL | SELECCIÓN ESPAÑOLA

España le hace una "manita" a Costa Rica en Málaga

Por CARLOS CÁCERES FERNÁNDEZ. 12/11/2017

La selección bordó el fútbol en el centro del campo, desde el que impuso una hegemonía tan brillante como indiscutible.

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Isco conduce el balón frente a Costa Rica. / Rfef

En la tierra en la que un día, hace 25 años de su fallecimiento, un genial jugador llamado Juan Gómez, conocido por “Juanito”, alumbraba un fútbol diferente, por picante, por agudo, por personal y, fundamentalmente, por único, una selección de España acaba de cerrar de forma extraordinaria en el estadio de La Rosaleda de Málaga otro de los capítulos que conducen al Mundial de Rusia, donde solo Dios sabe de lo que seremos capaces. Lo ha hecho ante un enemigo siempre aguerrido, Costa Rica, reafirmando los valores de un grupo muy cerca de acabar de construirse, por lo que le vemos, ahormado en torno a unos cuantos ejes capitales y comprobando ciertos encajes, esta noche otra vez Odriozola en lugar del lesionado Carvajal y Kepa entre los tres palos, un par de alternativas más entre las que disfruta Julen Lopetegui.

Isco

Este campo en el que creció Juan Gómez para la posteridad ha encontrado un cuarto de siglo después del fallecimiento de su chico maravilla a un sucesor que ya veremos qué recorrido tiene. No puede ser su heredero alguien que no reúne muchas de las dotes de Juan, pero sí puede aclamarse, y así ocurrió, a quien es capaz de mostrarle al aficionado otra cara del fútbol, la siempre amable y agradecida de aquellos que saben que es lo que hay que hacer con el balón, como frenarlo, controlarlo y conducirlo; como llevarlo a los huecos en los que más daño causa; como, en definitiva, sacarle el mejor partido. Es un futbolista sumamente técnico, de juego más suave, más dulce incluso, de apariciones fulgurantes, tímido cuando no está en contacto con el balón. Le llaman “Isco”, por Francisco, y ya es ídolo en Málaga. Como lo fue desde edad temprana “Juanito”. Fue vitoreado al ser anunciado y vitoreado tras ser sustituido por Asensio, después de buscar el gol con enorme denuedo, pero sin fortuna.

Alba

La penúltima prueba del año (España cerrará su ejercicio 2017 enfrentándose el próximo martes día 14 a Rusia, en San Petersburgo) ha vuelto a mostrar la buena y risueña cara de la selección en un momento que podría llamarse de “impasse” una vez conseguida la clasificación por todo lo alto. Partidos como el de esta noche en Málaga inducen inevitablemente no digo que a bajar los brazos, pero sí a rebajar las tensiones, a aparcar los apremios. Es algo natural, pero de lo que este grupo sabe poco o parece renegar. A los 5’, Alba no desaprovechó un centro desde la derecha que nadie remató inicialmente ni despejó para mandar el balón al enorme hueco que quedaba entre el guardameta Dany Carvajal y su poste izquierdo.

No sufrió España ningún agobio en una primera mitad de lo más plácido, marcada por la primorosa superioridad de su medio campo. Y no pudo nunca agrietarlo Costa Rica, conducida al callejón sin salida de la contemplación, que puede ser reconfortante para el espíritu, pero, también, un martirio para los que tienen que asistir sin remedio a ver como no hay forma posible de hacerse con el balón ni de robárselo a quien se adueñó de él. Fueron, esencialmente, Iniesta, Thiago y Silva, amos de esos metros en los que comienza el espacio del que todos quieren ser dueños, sin olvidarse, claro está, del que siempre está ahí, Sergio Busquets. Silva, por cierto, uno de los más sobresalientes en tal ejercicio de hegemonía, prefabricó, en colaboración primera con Alba, la jugada del segundo tanto, centro cruzado, remate de Thiago, despeje del portero y rechace aprovechado por Morata para mandar el balón al fondo de las mallas. Para que nos entendamos, Morata en estado puro, el del viejo ariete, a veces tan desdeñado, que está para lo que los clásicos, y muchos otros, decían y dicen que debe estar: hacer goles. Iban 23’ de juego. A los 41’ Carvajal evitó el doblete del que ya parece “nueve” de España.

Noche mágica

Nada alteró el espíritu del primer período, porque esas cosas son difíciles de cambiar salvo por decisión propia y esta España no está en esas facetas de escatimar esfuerzos. Aunque salieron Ramos, Piqué y Busquets, sustituidos por Bartra, Nacho y Saúl; a pesar de que Morata se quedó en la caseta, suplido por el ardoroso Aspas, el equipo de Lopetegui mantuvo su altísimo nivel de calidad, exorbitante en medio campo, en el que emergió ahora no como conductor de David Silva, sino como percutor, faceta bien conocida en él. Fue una noche mágica, una tormenta perfecta la provocada por el líder del City en la Premier, que en cinco minutos se permitió el lujo de marcar el tercero y el cuarto de los goles de España, uno con la derecha, el otro, con la izquierda, ambos en terrenos del “ocho”. Iniesta, otro que felizmente ha vuelto como en sus mejores días, cerró la cuenta de un chutazo desde fuera del área a los 72’.

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