jueves, 21 de octubre de 2021

El Dépor capea la tormenta perfecta

El Dépor presentará unas cuentas con pérdidas por casi 500.000 euros y prevé manejar un presupuesto para este año de 13 millones de euros, de los que aún faltan ingresos por 7 millones de euros


El Dépor capea la tormenta perfecta
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El ejercicio contable 2019/20 se ha resuelto con importantes pérdidas económicas en el Deportivo. La cifra se dará a conocer en la Junta General Ordinaria de Accionistas. El descenso no sólo ha sido dramático en lo deportivo, también en las cuentas del club. Unas cuentas apalancadas por el efecto de la Covid, que ha perjudicado la cuenta final de resultados debido al efecto dominó que supuso el zarpazo de la pandemia en todos los sectores económicos. El fútbol no ha sido ajeno a las consecuencias. La diferencia con otros años es que ahora si hay pérdidas, como es el caso, ya las asume la nueva propiedad. Es decir, Abanca.

Las causas que han arruinado los presupuestos del pasado ejercicio comienzan por la la taquilla, cuyos ingresos han caído calamitosamente. Las ganancias publicitarias se han despeñado a medida que la COVID ensanchó su camino y lastró la economía del club. Las rentas por televisión ya estaban en descenso al perder el cartucho de alcanzar la Primera División en Mallorca. La disminución de la cuota de pantalla perjudicó el inicio la temporada 2019/20, ya que menos televisión significó menos dinero disponible para confeccionar una plantilla altamente competitiva. Y, finalmente, la debacle del descenso a Segunda B cuajó un terrible panorama deportivo y económico para la entidad. Si con un año normal la viabilidad del Dépor en la tercera categoría del fútbol nacional era insostenible, a pesar de la seguridad con la que aseguraba lo contrario el ex presidente Paco Zás, el escenario que le quedaba al club, tras el paso del arrasador virus, era cerrar la persiana definitivamente. Por eso, la suerte de la supervivencia del Dépor sólo se debe a una carambola no pronosticada con las uvas del 2020: el rescate de Abanca.

El club ya ha terminado de preparar las cuentas y convocará la Junta General de accionistas en los próximos días, con el mes de febrero en el horizonte para la cita. La Junta, que habitualmente se convoca en diciembre, ha sufrido un retraso considerable con permiso del Real Decreto 8/2020, que tuvo que ser aprobado por fuerza mayor por el Gobierno español. Esta ley estableció las bases para ordenar el estado de alarma desde el 14 de marzo, y así se mantuvo prorrogado hasta mediados del mes de junio. Legalmente ese tiempo ha quedado congelado en el calendario y ha retrasado muchos actos administrativos societarios, que sin pandemia y sin estado de alarma se habrían tenido que convocar en sus correspondientes plazos. Entre ellos, la celebración de la asamblea, que con la ley 8/2020 en la mano puede demorarse hasta el 31 de marzo de este año sin consecuencias jurídicas para las sociedades mercantiles. El consejo de administración pretende realizar la Junta después de carnavales y utilizará la fórmula de la videoconferencia, recogida en el artículo 40 del Real Decreto que amparó el estado de alarma. “Aunque los estatutos no lo hubieran previsto, durante el periodo de alarma y, una vez finalizado el mismo, hasta el 31 de diciembre de 2020, las sesiones de los órganos de gobierno y de administración de las asociaciones, de las sociedades civiles y mercantiles, (...) podrán celebrarse por videoconferencia o por conferencia telefónica múltiple, siempre que todos los miembros del órgano dispongan de los medios necesarios, el secretario del órgano reconozca su identidad, y así lo exprese en el acta, que remitirá de inmediato a las direcciones de correo electrónico de cada uno de los concurrentes. La misma regla será de aplicación a las comisiones delegadas y a las demás comisiones obligatorias o voluntarias que tuviera constituidas. La sesión se entenderá celebrada en el domicilio de la persona jurídica”, indica la regla que legaliza la Junta telemática.

En el club consideran que se debe evitar una convocatoria presencial ya que los continuos cambios en las restricciones impuestas por la Xunta de Galicia podrían coger a contrapié a los gestores herculinos. Por ejemplo, la reducción del aforo permitido para un acto público, como lo es una Junta de una sociedad anónima deportiva como el Dépor que tiene una amplia masa social que podría estar interesada acudir a la convocatoria. Hace una semana, el 13 de enero, Alberto Núñez Feijóo prohibió las reuniones públicas, en principio hasta mediados de febrero, debido al preocupante aumento de casos de contagio por COVID. En la Junta, que tendrá lugar un mes después de la publicación de la fecha, el Consejo presentará las cuentas y explicará la gravedad de la situación actual, atendiendo al panorama desolador que ha sembrado en todo el sector empresarial la Covid, no solo el fútbol. Todas las cuentas de resultados de las empresas, salvo algunos casos puntuales, han sufrido cuantiosas pérdidas.

Desde el punto de vista económico, la situación habría sido muy complicada si el Deportivo no hubiese sido rescatado por Abanca. Sin el comodín del banco, la liquidación hubiese sido inevitable y con ella la desaparición de la entidad, la única del fútbol español que se esfumaría tras años de gloria con un título de Liga, dos Copas del Rey y tres Supercopas en sus vitrinas. Con la entrada de la entidad financiera en el club se ha elaborado un proyecto empresarial a largo plazo. Y el plan ya se está ejecutando, más allá del nefasto rendimiento deportivo de la primera plantilla por lo visto hasta ahora y que está complicando el regreso del club a Segunda A esta temporada. Un año más en Segunda B anticiparía daños estructurales que por ahora no se han realizado.

Cuando el presidente actual, Fernando Vidal, negoció un crédito participativo con Abanca, en octubre de 2019, ninguna de las dos partes pudo imaginar el escenario que se iban a encontrar. La pandemia y la durabilidad del coloso virus no estaban en los cálculos de los economistas. Un revés económico impredecible. El pasado 9 de enero de 2020, el presidente del único banco gallego, afirmó que nunca había visto “una empresa tan escarallada como el Deportivo”, salvando la propia entidad financiera que adquirió con el nombre de Nova Galicia Banco. Porque la primera vez que Escotet utilizó la gráfica y sonora palabra gallega fue en diciembre de 2017, para decir que el banco que rescataba era “una institución bien escarallada”. Los consejeros y gestores de la génesis de Abanca acumularon pérdidas por 9.000 millones de euros, siendo la tercera entidad española más costosa para las arcas del estado después de Bankia (24.000 millones) y Catalunya Banc (12.052 millones).

Hoy Abanca es considerado por el mercado como un banco de autor, que lleva el sello personal de Juan Carlos Escotet. El sector financiero reconoce la habilidad del venezolano para hacer banca, al tiempo que observa cómo un banco malo se puede sanear en poco tiempo. Abanca se ha colocado en el sexto lugar entre los bancos españoles por volumen de activos, valorados en 65.000 millones de euros. En 2015, el banco de Escotet era el décimo primer banco nacional. El volumen de negocio movido por la entidad financiera está a punto de llegar ahora a los 100.000 millones de euros. En 2019, cerró el ejercicio con 93.000 millones. Es un banco que cada año supera ampliamente los 300 millones de euros de media de beneficio. Nova Galicia Banco se vendió por 1003 millones. En tres años, Escotet recuperó el coste de adquisición del banco y ha reflotado una entidad quebrada y arruinada.

El primer acuerdo entre Vidal y Escotet consistía solo en dar apoyo financiero para salvar el mercado de invierno y buscar una fórmula que permitiese burlar el corsé de las exigentes normas de la Liga de Javier Tebas. La alianza con Abanca tenía un objetivo: aumentar el tope salarial y apuntalar a la primera plantilla con varias incorporaciones. La Liga permitió la fórmula del crédito participativo por 5 millones de euros. Dicha autorización permitió sellar un acuerdo estratégico. A cambio, Escotet señaló a Vidal el camino de la profesionalización y puso deberes al nuevo consejo: crear un plan estratégico con un modelo de negocio aplicable que reflote la imagen de marca del Deportivo y devolver su valor financiero. Ninguna empresa, fuera del fútbol y sin las constantes reservas extras de oxígeno como las que recibe la entidad herculina, sería capaz de sobrevivir. El club lleva años burlando la quiebra técnica.

El plan que exigió Escotet se apoya en una due diligence, las bases para ejecutar las directrices que traten de recuperar la situación financiera del Dépor a la solvencia, sin ayudas artificiales. Las reglas del plan, por mandato de la propiedad, tenían que ser marcadas por una consultora profesional, solvente y con experiencia en el mercado del fútbol. La due diligence se realizó inmediatamente, cumpliendo la orden del dirigente bancario. La empresa elegida fue Deloitte. Durante la realización del estudio encargado, los equipos financieros de Abanca y los nuevos ejecutivos del Dépor trabajaron en silencio sobre la base de otro acuerdo más profundo.

Con el equipo en Segunda camino de la Segunda B era preciso buscar un medio de rescate. La respuesta estaba en la capitalización de la deuda. Convertir deuda por acciones. Reducir la losa deudora del club. Pero la pandemia también retrasó el lanzamiento del salvavidas. Hubo que esperar hasta julio de 2020, fecha en la que Abanca se convirtió en nuevo accionista mayoritario, haciéndose con el 78% de la propiedad. Ninguna empresa coruñesa, gallega, nacional o internacional tuvo el arrojo de atreverse a dar apoyo al club en tal alto nivel de compromiso. Muchas veces se habló de la llegada de un mirlo blanco y en la mente de muchos deportivistas planeó la idea de la multinacional textil para sacar al club de la pesadilla. Pero las alas de Inditex, de forma explícita y pública, nunca llegaron. En el caso de Abanca, la conversión de 35 millones de euros de deuda por acciones supuso el tercer respaldo significativo de capital. El primero lo firmó con Tino Fernández y la concesión de un crédito de 45 millones para evitar el asfixiante, peligroso y implacable seguimiento de Hacienda. Aquella fue una operación no exenta de riesgo para Abanca, como luego se vería. El segundo fue en enero de 2020 al conceder el crédito participativo de 5 millones de euros, lo que permitió incorporar los refuerzos, muy necesarios, durante la ventana de invierno. No sería justo olvidar que mucho antes de que Abanca se convirtiese en Abanca, es decir, siendo Caixa Galicia, esta entidad le prestó a Lendoiro casi 20 millones de euros y otros 18 el Banco Gallego. Gran parte de esos créditos aún hoy son parte de la deuda pendiente del Deportivo.

El Dépor es como un huevo “Kinder”

Conviene hacer un preámbulo antes de analizar la situación actual del Dépor. Lo primero que se encontró Tino Fernández al llegar al club en enero de 2014 fue una tesorería llena de telarañas y una deuda gigantesca, sólo 100 millones de euros eran con Hacienda, con un concurso preacordado con sólo un treinta y tres por ciento de quita. A la cola, los acreedores. Todo tipo de acreedores. Hasta una deuda millonaria de IVA. Esa fue la primera contingencia que se encontraron los nuevos gestores al entrar por la puerta. Sin tiempo para pensar, los nuevos relevistas de la gestión tuvieron que recurrir a fórmulas “imaginativas” para pagar al fisco.

En los primeros meses de mandato, tras la era Lendoiro, hubo otras escenas dolorosas que afrontar, como el angustioso drama personal de Jorge Otero y su millonario pleito con el Dépor, que casi se lleva su vida familiar por delante. A Tino Fernández le tocó lidiar pequeños asuntos domésticos, como el de Otero, reordenar una monstruosa deuda y calmar las insaciables ganas de Hacienda por hacer sangre. En Madrid, en la Liga, los nuevos fueron recibidos con cara de pocos amigos. El primer gran trabajo fue construir los viales sobre el solar financiero y empresarial que se encontró Tino Fernández y su equipo de gestores. A un importante número de personas que “colaboraban” con el club, y que estaban sin contratar o asegurar (porteros, personal de comunicación, etc.), los tuvieron que incorporar “oficialmente” a la plantilla. Y además, un ingente número de costosos pleitos de diversa índole con los que tuvieron que arremangarse para defender los intereses del club y evitar nuevas fugas de capital. Por último, lidiar con los malos modos de la administración central, que buscaba dar latigazos al Dépor como medida ejemplarizante y demostrar, como consecuencia, que el fútbol no era ajeno al resto de empresas empresas. La administración liderada por Tino Fernández tuvo que llegar al Senado, tras una astuta batalla urdida desde los despachos jurídicos que asesoraban al club, para librarlo de una estocada de muerte.

La victoria jurídica, poco reconocida y aplaudida, sirvió para introducir un pequeño matiz en una ley que dio oxígeno a las cuentas del club, un respiro en el día a día. La gestión estuvo condicionada por un abrir y cerrar cajones en los que se encontraron nuevas facturas y múltiples asuntos pendientes. Mientras, por otro lado, había que construir un equipo competitivo.

El talón de Aquiles de la factoría tinista estuvo en la parcela deportiva. El cúmulo de líos descentró la parcela más sensible. La impaciencia por los resultados propició decisiones atropelladas y no dio calma a ningún proyecto. Al final, los nervios se llevaron también por delante a sus ejecutivos.

De Kinder a matrioshka

El primer huevo con “regalo” dentro se lo zampó Tino Fernández hasta que no pudo más y entregó las llaves del club a Paco Zas, mientras Vidal buscaba alianzas para romper el puente de la sucesión, que sólo tuvo tiempo para heredar el legado. La aventura duró medio año. Un nuevo fracaso deportivo en solo tres meses y un ascenso a Primera División frustrado, casi en el último minuto y por veinte centímetros, dieron al traste con el plan soñado de Zas de ser un presidente longevo en el Dépor. En realidad, solo fue un cargo de transición. Con el club hundido en posiciones de Segunda B y con dos nuevos entrenadores quemados en el primer tercio de la competición se forzó el relevo y la llegada de Fernando Vidal. Un relevo que se produjo casi a empujones, a la fuerza, para lograr, por fin, hacerse un hueco en medio del abismo y con Fernando Vázquez bajo el brazo como catalizador del club. Un relevo traumático que gracias al de Castrofeito tuvo efectos calmantes en una afición cansada, desesperada y rendida.

Al Dépor aún le faltan casi 7 millones de euros para cubrir los 13 millones que gastará este año

Los triunfos consecutivos cosechados con la entrada de Fernando Vázquez parecían obrar el milagro: rescatar al Dépor de las fosas marinas. Pero llegó la pandemia y el escenario cambió radicalmente. El primer impacto fue la reducción de importantes ingresos en concepto de taquillas. Los patrocinadores y las empresas disminuyeron sus pagos por publicidad (al no haber fútbol o no haber fútbol con público). Algunas empresas incluso retiraron su publicidad del estadio completamente. La puntilla vino con el descenso a Segunda B. El desastre económico sobre el presupuesto previsto se verá en febrero cuando se aprueben las cuentas. Se estima que las pérdidas de la temporada 19/20 rondarán los 500.000 euros. Pero el problema que ocupa la cabeza de los ejecutivos del club es de dónde pueden sacar el dinero que falta para cubrir el presupuesto de 13 millones de euros de la temporada 20/21. Un presupuesto que ha tenido que contemplar gastos no previstos entre los males causados por la pandemia y las continuas bombitas económicas que caen sobre los gestores constantemente, y que tienen que resolver, improvisadamente, a su paso. Para cuadrar el presupuesto actual, el Dépor tiene que sacar de debajo de los piedras entre 6 y 7 millones. Esa diferencia, la que no se obtenga con fórmulas imaginativas o ingresos extraordinarios como operaciones de venta o cesión de jugadores, la cubrirá Abanca.

Lo que no sabía Escotet, cuando aceptó la operación de rescate del Deportivo, es que el club es como un huevo Kinder, es decir, siempre lleva sorpresa dentro. Aunque más que un huevo Kinder, en realidad, con los antecedentes descritos anteriormente y dejando al margen de la Covid, habría que decir que es como una matrioshka. Y en el interior de cada figura rusa hay un roscón de reyes, en donde siempre toca la figurita del rey mago que obliga al acreedor a tener que pagar el pastel. Pasó con la gestión de la ejecutiva de Tino Fernández y la historia continúa con la actual.

La segunda etapa de Vidal, ya como presidente in pectore, no ha podido escapar de los viejos problemas del pasado. Por ejemplo, este ejercicio se ha encontrado con una sentencia judicial que ha perdido el Dépor por casi 400.000 euros a favor de la constructora López Cao. Se trataba de unas obras realizadas en el Playa Club que ha tocado pagar ahora, muchos años después. Además, Vidal ha tenido que devolver a la LFP la nada despreciable cantidad de 300.000 euros en derechos de televisión. La culpa de esa devolución la lleva la crisis de la pandemia. La Liga, cobró menos de lo previsto por la venta de los derechos de televisión, por lo que se hizo un recálculo que al Dépor le ha supuesto tener que devolver 300.000 euros adelantados. Al rosario de juicios perdidos, en los tribunales de lo social hay que sumar el del ex entrenador José Luis Devesa y otros imprevistos más pequeños, como el pago de una vieja e importante factura por consumo de luz en Abegondo. En total, las bombitas a la gestión, es decir, las contingencias por gastos no previstos y que se tienen que asumir en el presupuesto de este año suman más de un millón y medio de euros.

Además, este 2021 no se preven ingresos por taquilla, salvo los 50 euros aportados por los socios que retiraron el carnet como muestra de apoyo el pasado verano. Un año normal, la venta de abonos y entradas representan entre 6 millones y 7 millones de euros. Otra fuente de ingresos, la publicidad, se ha reducido en un 75% respecto al año pasado. Esta temporada, las empresas que siguen anunciándose solo aportan un 25% de las cantidades que pagaban habitualmente otros años. La venta de Diego Rolan por 4 millones de euros se frustró con la pandemia en el último momento. El mercado del fútbol está seco hasta para los grandes clubes de la Liga, y casi todos los clubes se apuntan a la política financiera de nadar y guardar la ropa porque ya no hay tanto parné como antes y han frenado sus inversiones. Que Rolan siga en el club coruñés representa un costo importante, ya que su salario actualmente supera el millón de euros brutos. Esto significa que el Dépor en el ejercicio 2020/21 parte con casi 10 millones de euros menos en la partida de ingresos y sigue teniendo casi los mismos gastos expansivos. De ahí que para el mercado de invierno, el club no cuente, por ahora, con recursos propios para reforzarse, salvo alguna operación imaginativa de último a hora.

La inviable situación económica del Dépor, camino de la quiebra, la salva su socio financiero, que no se esperaba tal cataclismo económico. Abanca, como propietaria, es responsable de las cuentas y se ha encontrado con la obligación de tener que seguir rascándose el bolsillo para cubrir las contingencias sobrevenidas. Igual que sucede cuando sobre el banco caen propiedades inmobiliarias, a veces auténticos cascarones, que caen en mora sobre el balance del banco. Pero la entidad tiene que seguir pagando los costes de mantenimiento: comunidades, IBIS, y la pérdida de su negocio, ya que el inmueble se devalúa y no se ingresan los intereses esperados por los préstamos autorizados.

¿Es posible diseñar un proyecto de viabilidad?

Para responder a esta pregunta hay que volver a la única rueda de prensa de Juan Carlos Escotet en la que ha hablado sobre el Dépor y recordar cómo reiteradamente repitió la palabra “profesionalización”. Y la respuesta está en la consultora Deloitte, empresa que se encargó de analizar la situación patrimonial del Dépor, el mercado y las alternativas de posibles negocios que le quedan al club para lucir otra cara más saludable.

Para ello ha diseñado un plan estratégico ad hoc, basado en un profundo análisis DAFO. En él se contemplan las debilidades y fortalezas de la institución blanquiazul y se plantea diferentes contextos para lograr, en opinión de los economistas que han realizado el estudio, su viabilidad económica y deportiva. El análisis contempla diversas variantes, ya que el fútbol es un negocio con condiciones particulares y específicas. Por ejemplo, los resultados deportivos, más sujetos al azar que a la ciencia.

La apuesta de Abanca por el Dépor ya es un hecho materializado. Ha colocado a su hombre de negro en el club para controlar y supervisar todo movimiento de capital y cualquier decisión estratégica que se lleve a cabo. Además, las cuentas están auditadas y supervisadas. El Dépor pertenece a un banco y los bancos están vigilados a su vez por el Banco de España. Abanca corrió con los gastos de la due diligence que ya está en marcha. El informe de la consultora es el diseño de cómo tiene que ser el nuevo Dépor. El plan escrito ya ha comenzado a ejecutarse. Tiene un cronograma, objetivos y plazos y este se está siguiendo rigurosamente y se está supervisado día a día, semana a semana, comisión ejecutiva tras comisión ejecutiva. A los consejeros les ha tocado la labor de dar explicaciones y elaborar informes escritos periódicos.

El plan director fue, por tanto, un encargo de Escotet a Deloitte, que ha ideado un proyecto a largo plazo, a diez años vista.

Además, el club está auditado por la consultora KPMG. Los encargados de cumplir las directrices marcadas en el plan de viabilidad son los consejeros del club, que tienen que rendir cuentas a Abanca y a Deloitte semanalmente. Además, la entidad financiera tiene un director financiero que tiene que informar puntualmente a la propiedad de todas las gestiones realizadas, así como la toma de decisiones. Cuando Abanca entró en el club colocó a su hombre de negro en la gestión, primero como director financiero, y desde hace unos meses como octavo ejecutivo del consejo de administración. Cargo que será formalizado oficialmente en la Junta de febrero. A diferencia con otros años, las cuentas del Dépor ahora están supervisadas por un ejecutivo bancario instalado dentro de la gestión del club.

La consultora exige plazos, resultados, informes y avances marcados en el cronograma del plan director que ya lleva unos meses en marcha y que no repara en si hay o no hay pandemia, aunque sí están contemplados los efectos de la misma sobre la economía y los plazos administrativos de las gestiones a realizar. Dicho plan también contempla reestructuraciones internas, una profunda profesionalización de la cantera y de todas las estructuras del club.

Por tanto, el modelo de negocio del Deportivo basa su futuro en la cantera, en donde Abegondo será una pieza clave. El plan considera que las categorías inferiores son un pilar fundamental y que, si están bien trabajadas y cuidadas, aportarán beneficios a la entidad. De ahí que se hayan previsto mejoras sustanciales en las instalaciones y la estructura que dependa de Abegondo. Además del primer equipo, la idea es que Abanca potencie las categorías inferiores con recursos  para cumplir con los parámetros de profesionalización de la cantera

Además de la cantera, el consejo trabaja en la reestructuración de otros nuevos modelos de negocio, la reconversión y construcción de nuevos espacios en el estadio de Riazor. Un trabajo más a largo plazo y cuando las arcas tengan otra dimensión. Se trataría de la explotación de otros negocios, previstos en la memoria de Deloitte. Otro capítulo sobre el que se está actuando es el control detallado de los gastos, la reducción de los mismos, si estos son o no son necesarios, y la realización de un riguroso seguimiento sobre todo su inmovilizado.

Lo que aún debe el club para sanearlo

Tras la primera conversión de deuda en acciones, al Dépor aún le quedan por pagar 50 millones de euros. Casi 20 millones son procedentes de deuda concursal, otros 10 pertenecen a la deuda ordinaria y el resto, 20 millones, son deudas contraídas con Abanca, entre ellas el préstamo bancario que salvó al Dépor de las fauces de Hacienda. El plan de amortización de la mochila blanquiazul contempla varias vías. Rebajar la deuda concursal con los acreedores mediante un reconvenio, una figura que, legalmente, solo es posible abordar ahora, gracias a las medidas económicas especiales, tras el estado de alarma y que ha contemplado el Gobierno, para paliar los efectos de la Covid. Los acreedores, si accediesen a la renuncia de parte de la deuda, es decir, si aceptasen una nueva quita, obtendrían a cambio acortar los plazos de cobro. Además, otra posibilidad es convertir el resto de la deuda en nuevas acciones, que cubriría nuevamente Abanca, como ya hizo el pasado mes de julio.

El fin que se persigue es que el Dépor revalorice su imagen y su marca y vuelva “sano” financieramente al fútbol profesional, para que la LFP le permita competir con un límite salarial competitivo, sin la losa de las deudas que condicionarían la fijación de esas cantidades. Además de descargar el peso de la mochila, si el pan director funciona, el club tendrá un nuevo modelo de negocio creativo e independiente que le generará recursos propios fruto de la política de cantera, sobre la que ya se están iniciando a sentar las bases profesionales para hacerla estratégicamente operativa.

El Dépor, por tanto, pese a todas las contrariedades, no se para. Y como todos los proyectos depende de que la pelota entre en la portería contraria. Con el cambio de entrenador esperan una nueva tendencia, que los resultados positivos aparezcan y que los números de la cuenta de resultados puedan crecer.

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