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DEPORTES | HISTORIA DEL AUTOMÓVIL

Autobianchi Bianchina: “El icono de la mala suerte”

Por ÁLVARO ESCOBAR . 20/03/2017

Nacido como una versión lujosa del FIAT 500, su fama estuvo más relacionada con las trastadas de un cómico personaje del cine italiano.

FIAT
Autobianchi
Bianchina

Autobianchi Bianchina cabriolet

De forma paralela a la producción del famoso FIAT 500, un vehículo utilitario y barato para motorizar a las familias italianas de los años cincuenta, en pleno despegue económico, Autobianchi decidió fabricar una versión más lujosa y refinada del Cinquecento, basado en su misma mecánica. La idea era lanzar un vehículo pequeño para utilizarlo todos los días pero que tuviese un aire más distinguido, destinado a un público femenino y también más snob. Bautizado como Bianchina, nació en 1957, como su hermano de FIAT, y su éxito inicial fue rotundo. Sin embargo, en Italia, todo el mundo acabaría reconociéndolo por ser el vehículo de un torpe personaje de una película.

Autobianchi era una marca que nació en 1955 y estaba participada a tres bandas: Autobianchi, FIAT y Pirelli, si bien, pocos años después, acabó siendo absorbida completamente por FIAT y se convirtió en una especie de división más lujosa de la casa de Turín. Presentado en el Museo de la Ciencia y la Técnica de Milán en 1957, el Autobianchi Bianchina tuvo un éxito extraordinario, hasta el punto de que, en un primer momento, superó en número de pedidos al FIAT 500, que ya es decir. Tenía como público objetivo la mujeres, que en aquella época empezaban a ser más frecuentes en el manejo de vehículos, y también un sector de conductores que buscaban algo más en un vehículo, pero sin renunciar a la economía ni a la practicidad del día a día.

Línea cupé y elegante, superficies cromadas, pintura bicolor, misma mecánica del FIAT 500 y hasta cinco carrocerías

El Bianchina fue concebido como una versión más lujosa del utilitario de FIAT. Presentaba un cuerpo de tres volúmenes y una línea cupé muy elegante. En la carrocería había abundantes superficies cromadas y, de manera opcional, podía elegirse una pintura bicolor. El techo era de tela y podía correrse hacia atrás, permitiendo a los pasajeros viajar a cielo abierto, motivo por el que el Bianchina recibió el apellido de Trasformabile. El equipamiento no se diferenciaba mucho del que tenía el 500. A pesar de sus escasos tres metros de longitud, podía acoger a cuatro ocupantes. El interior también recibía la herencia del Cinquino, como reflejaba el tablero de instrumentos y el salpicadero.

Mecánicamente, el Bianchina estaba dotado del mismo motor del FIAT 500, un dos cilindros de 479 centímetros cúbicos refrigerado por aire que desarrollaba 15 caballos. Debido a su rotundo éxito, la marca decidió lanzar más versiones. En 1959, aumentó sensiblemente la potencia hasta los 17 caballos y un año más tarde lazó la versión Cabriolet que, si ya el Bianchina era chic, el descapotable lo era aún más, con un techo de lona que se descapotaba de forma manual. Paralelamente al modelo Cabriolet, Autobiachi realizó una mejora del motor, aumentó hasta los 499 centímetros cúbicos y elevó la potencia hasta los 21 caballos. Este mismo bloque sería utilizado un poco más tarde en otro modelo con carrocería familiar bautizada como Panoramica.

En 1962, el Trasformabile fue sustituido por una berlina más convencional, que recibió el nombre de Berlina 4 posti. Tres años después, en 1965, toda la gama del Bianchina recibió un lavado de cara que afectó, no sólo a la estética (muy levemente) sino, también a la mecánica con el nuevo motor Tipo F, que recibía algunas mejoras y elevaba la potencia hasta 22 caballos.

El coche de Ugo Fantozzi

El Autobianchi Bianchina se mantuvo en producción hasta 1969, año en que fue sustituido por el más moderno Autobianchi A 112, y más de 300 mil unidades salieron de la fábrica. Pese a que su idea inicial era la de ofrecer un vehículo económico y práctico, a la vez que más lujoso que el FIAT 500 del que derivaba, y pese a que lo consiguió en un principio, el Bianchina fue reconocido por una cuestión totalmente diferente. Era el coche que utilizaba el actor Paolo Villaggio en el papel de Ugo Fantozzi en la película homónima de 1975, una comedia que caricaturizaba a la clase media italiana de la época. En dicha película, Fantozzi hacía de torpe contable al que siempre le perseguía la mala suerte, así que el Bianchina fue inmediatamente asociado a este personaje y a sus trastadas, recibiendo el sobrenombre de “El icono de la mala suerte”.

El origen del “utilitario chic”

No obstante, el Bianchina merece otro reconocimiento diferente al que le dio el cine. La idea de la marca italiana de crear un vehículo más lujoso derivado de otro más “vulgar” está muy de moda actualmente y desde hace algunos años. Cada vez hay más marcas que transforman sus pequeños utilitarios en productos, digamos, más “pijos”, que dan un mayor protagonismo a la estética del coche, tanto en el exterior, con amplias opciones de personalización, como en el interior, con abundantes elementos decorativos. Un ejemplo muy claro lo encontramos en la división DS de Citroën que ofrece un producto más elaborado que los modelos “normales” de la marca francesa, especialmente en el pequeño DS 3, pero también ocurre lo mismo con el nuevo C3. Y lo mismo podemos decir de otros modelos como el Clio, el Twingo, el Mini, el FIAT 500, el Beetle, el nuevo Micra… hasta completar una larga lista. Una tendencia muy actual que hunde sus raíces en el Autobianchi Bianchina.

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