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DEPORTES | EL CLUB CUENTA CON 26.000 SOCIOS Y MÁS DE 25.000 ACCIONISTAS TRAS SU ÚLTIMA AMPLIACIÓN DE CAPITAL SOCIAL

El Deportivo aumenta su «capital popular» a pesar de su enorme deuda

La historia actual del Dépor se ciñe más a su entorno económico que al deportivo. Hacienda obligó al club en 2014 a dar muestras de tener músculo social para seguir confiando en el

  • Los consejeros del Deportivo rinden cuentas ante la Junta General de accionistas / Fotografía: Departamento de Comunicación del Deportivo de A Coruña
    Los consejeros del Deportivo rinden cuentas ante la Junta General de accionistas / Fotografía: Departamento de Comunicación del Deportivo de A Coruña
  • Junta General de Accionistas del Deportivo de A Coruña, diciembre de 2016 / Fotografía: Departamento de Comunicación del Deportivo de A Coruña
    Junta General de Accionistas del Deportivo de A Coruña, diciembre de 2016 / Fotografía: Departamento de Comunicación del Deportivo de A Coruña
  • Momento de la Asamblea de accionistas del Deportivo / Fotografía: Departamento de Comunicación del Deportivo de A Coruña
    Momento de la Asamblea de accionistas del Deportivo / Fotografía: Departamento de Comunicación del Deportivo de A Coruña
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Desde el 30 de enero, el Deportivo de A Coruña tiene 25.333 accionistas. El club gallego acaba de finalizar la segunda ampliación de capital social de su historia. La primera, tuvo lugar en el año 2007, cuando el club llevó a la Junta la eliminación del artículo de sus estatutos que establecía el límite del 1 % de su capital social, de modo que un solo accionista no podía concentrar el poder y el control del club.

A pesar de sus enormes deudas, de su angustiosa situación financiera, los aficionados herculinos en este nuevo llamamiento de ampliación de capital social ha demostrado que sigue creyendo en la sociedad, que ahora dirige un nuevo consejo de administración capitaneado por el empresario coruñés Constantino Fernández Pico, presidente de Altia, una puntera empresa tecnológica con casi 800 empleados.

En 1992 el Deportivo se convirtió en la primera entidad deportiva en alcanzar un hito social sin precedentes. Tener el mayor número de accionistas del fútbol español. Lo consiguió nada más constituirse en SAD. El mentor de ese diseño fue Augusto César Lendoiro, que ideó un proceso de conversión en el que propuso a sus socios, a las empresas locales y a la ciudadanía coruñesa, así como otros interesados en Galicia, que suscribiesen acciones del Deportivo. En su primer llamamiento primó a los pequeños accionistas frente a los grandes capitalistas estableciendo un límite máximo del 1% del capital social. Es decir, nadie, ni como particular, ni como empresa, podía ser poseedor de títulos de la entidad por más del 1% de su capital. Entonces, reunió la aportación de más de 20.000 accionistas. Ese logro dio un vuelco al concepto de capital social, desde el punto de vista de una Sociedad Anónima Deportiva, ya que el estado reguló por primera vez el control y supervisión de los clubes de fútbol mediante la ley 10/1990 de 15 de octubre. El objetivo era iniciar un plan de saneamiento para evitar las enormes deudas de los clubes y convertir a sus gestores en auténticos responsables de la gestión económica de las entidades deportivas.

Plan de márketing para atomizar el capital social del Deportivo

La directiva del Deportivo, aprovechó la ocasión, para realizar su propia lectura de la conversión. Así, reconvirtió el modelo societario clásico de una SA y lo readaptó para protegerse de "tiburones" y "especuladores" del fútbol. Convenció a los aficionados para convertir el capital de la sociedad en un auténtico fenómeno de masas capitalista. El potencial populismo del fútbol daba margen para convencer a los simpatizantes de un club deportivo a hacerles creer que el club les pertenecía, no sólo sentimentalmente, sino también en el sentido estricto de la propiedad. La idea cuajó de tal manera que hoy el auténtico patrimonio del Deportivo es su masa accionarial, que casi se corresponde con el número de socios.

En 1992, entre los 20.000 accionistas que suscribieron por primera vez acciones del Deportivo, el 92% concentró el grueso de la masa accionarial. Cada uno de esos accionistas era poseedor de 1 a 5 acciones (la mayor parte de ellos habían adquirido dos acciones al precio de 10.000 pesetas cada una); luego, un pequeño grupo, el 7% de sus accionistas adquirieron entre 6 y 15 acciones. Aproximadamente, el 1% se hizo con un puñado de acciones, entre 16 y 140 acciones; Y, por último, sólo el 0,03% concentró en su poder más de 140 acciones.

Para lograrlo, se incentivó a los aficionados a comprar un mínimo de acciones a cambio de un plan de importantes descuentos en los abonos a lo largo de muchos años. Esos descuentos hacían que el carnet casi les saliera gratis a los aficionados, en función del capital suscrito. Es idea, tenía un contrapunto: lo que se ingresaba por la compra de acciones, se perdía en ingresos por abonos de la temporada, ya que a muchos socios les salía casi regalado acudir a Riazor en los mejores momentos de la historia del club. La idea, además, fijó la fidelidad de miles de aficionados. Y como premio a dicha fidelidad y compromiso social sirvió para que el Deportivo fuese el primer club de España en pagar dividendos. No lo podía hacer pagando en dinero, pero sí en especie. Aquellos que habían decidido invertir en el Deportivo como accionistas tenían recompensas como tener siempre el mismo asiento en la grada, descuentos muy altos en el abono de la temporada, entradas regaladas o casi regaladas para invitar a otros aficionados...

Así es como la masa social del Deportivo se echó en los brazos del capitalismo popular. Hay que recordar que el reto era mayor entonces porque aquella operación fue una imposición del gobierno de Felipe González, a través de la cual se pretendía conseguir el saneamiento de los clubes de Primera y Segunda División. No cabían fórmulas esquivas. Se obligó a todos los clubes con pérdidas desde 1986 a convertirse en sociedades anónimas deportivas, una figura jurídica que no había existido hasta entonces.

En 2007, el club agobiado por la situación económica que estaba viviendo, tras pasar la época de vacas gordas, títulos, y grandes y millonarios fichajes, aprobó en asamblea abrir las puertas a un inversor privado, levantando el límite del 1%. El consejo de administración convenció a la asamblea para que un mirlo blanco, un capitalista, un fondo de inversión, un multimillonario, pusiera orden en las cuentas inyectando capital. Se aprobó una ampliación de 60 millones de euros, casi 10 veces más que el capital que tenía el club en ese momento. Pero, el proyecto fue un fracaso. El esperado millonario nunca llegó. Y el club siguió en manos de sus accionistas, bajo el modelo de multipropiedad.

Un récord que se mantiene vivo

El Deportivo aprovechó la creciente corriente a favor y una afición ilusionada, entidad que por entonces no poseía títulos deportivos importantes en sus vitrinas, y marcó un récord identitario que no tiene comparación. Sólo Real Sociedad, con 14.340 accionistas, y Eibar, con 11.000, representan los casos de entidades que tienen su capital respaldado por sus numerosos simpatizantes y pueden presumir verdaderamente que el club es de ellos, de forma literal. Sólo, Real Madrid, Barcelona, Athletic de Bilbao y Osasuna no pueden ser comparables en el fútbol profesional español, ya que los cuatro clubes en el momento de redactarse la ley de conversión en SAD presentaban saldos positivos en sus cuentas desde 1986. Los demás clubes estaban todos endeudados y se vieron abocados a convertirse en sociedades anónimas y a rendir cuentas ante las novedosas asambleas de accionistas, para una entidad deportiva, a partir de 1992. La conversión a SAD obligaba a los clubes a responder ante el Consejo Superior de Deportes por el estado de sus cuentas, además de estar obligados a presentar todos los requisitos de una sociedad mercantil: cuentas anuales, memoria, auditorías de gestión, presupuestos, cuenta de Pérdidas y Ganancias. Y, por supuesto, la obligación de pagar, a partir de entonces, el correspondiente impuesto sobre sociedades, el IVA, y todos los impuestos derivados de una gestión mercantil. De lo contrario, los clubes incumplidores desaparecerían como tales. La ley dice: «Los clubes deportivos no contemplados que no realicen la transformación o adscripción del equipo profesional, en los plazos estipulados reglamentariamente, no podrán participar en competiciones oficiales de carácter profesional y ámbito estatal, quedando excluidos del Plan de Saneamiento». Además, señalaba a los responsables como deudores en caso de no cumplir con la ley.«Los miembros de las Juntas Directivas de estos clubes responderán mancomunadamente de los resultados económicos negativos que se generen durante el período de su gestión».

La realidad fue que ley resultó ser un auténtico fracaso en su implantación. Lo que se pretendía, evitar el endeudamiento de los clubes y hacer responsables a los consejeros de su mala gestión económica, se pasó por el arco del triunfo. La movilización social de los clubes, echando a miles de personas a la calle, fue una poderosa arma en manos de los gestores de las entidades deportivas frente a los políticos, que ante el miedo a la impopularidad de sus decisiones durante los primeros años hicieron la vista gorda. Las decisiones administrativas arbitrarias emborronaron el espíritu de la ley. Pero con la crisis económica y ante las nuevas enormes y vergonzosas deudas acumuladas contra Hacienda y la Seguridad Social, el clima de la opinión pública cambió el foco de la impopularidad.

Caiga quien caiga, el fútbol se sanea

El gobierno de Zapatero primero, y el de Rajoy después, especialmente con Montoro a la cabeza, detectaron que era el momento de meter mano y aprovecharse para poner firmes a los dirigentes de los clubes y obligarles a ser estrictos en el cumplimiento de sus obligaciones tributarias. Cayese quien cayese. Así es como el Deportivo se vio tan amenazado por la situación crítica que estaba viviendo. La entidad no cumplía con las obligaciones de presentar las cuentas anuales en el CSD y acumulaba deudas, que se iban engrosando exponencialmente, ante el fisco (en gran parte porque los intereses de mora superaban la deuda principal tras los sucesivos años de impagos). Esta situación dejó al club en quiebra técnica y con el futuro de la entidad en manos de Hacienda, como se verá a continuación.

El botón rojo de liquidación

Augusto César Lendoiro (Corcubión, 1945), presidente del Deportivo durante 26 años, dejó al marcharse de la presidencia una deuda hasta el límite de la quiebra total. Repitió en muchas ocasiones que dirigir un club de fútbol era como caminar sobre el filo de la navaja. Lo que tiene el filo es que corta cuando sucede un resbalón fatal. Jugar tanto al límite del riesgo económico fue el que le hizo perder el respaldo popular, que obtuvo de forma indiscutible y hasta diciembre de 2013, asamblea tras asamblea y siempre de forma apabullante y consecutiva. Los puntos del orden del día se aprobaban con una fidelidad superior al 90%. Nunca tuvo oposición.

En 2014 las cosas cambiaron. Su sucesor, Constantino Fernández (A Coruña, 1966), consiguió reunir una oposición fuerte al modelo presidencialista instaurado por Lendoiro y le hizo frente ante la grave e insostenible situación económica. Consiguió llegar con la fuerza de la masa de los miles de accionistas, la única posible en el Deportivo. Se convirtió en presidente con un respaldo del 72,09%. Al convertirse en presidente no sólo asumió la misión de dirigir y mantener al club en Primera División, sino también la obligación de pilotar el difícil equilibrio financiero de la entidad que heredaba. Una herencia que le hacía responsable, de un día para otro, de las deudas que se fueron amontonando y acumulando en el pasivo del Dépor por la gestión de sus antecesores.

El monto de los impagos ascendieron a 160.461.449,01 euros. Aquella monstruosa cantidad, la sexta más grande de un club de Primera División, fue reconocido en un concurso de acreedores que no alcanzó la firmeza hasta el 7 de marzo de 2014. El convenio fue presentado a los interesados el 10 de enero de 2014 en el Registro Mercantil número 2 de A Coruña. Las obligaciones del Dépor quedaron repartidas de la siguiente forma: 99.157.574, 71 euros, en forma de deuda privilegiada; otros 30.267.295,54 millones de euros se reunieron como débito ordinario y ls otros 31.036578,76 restantes fueron saldos que pasaron a convertirse en deuda subordinada. El convenio reconoció además una quita del 33%, por lo que las obligaciones del pasivo se rebajaron sensiblemente y se valoraron finalmente en 140.231.170,49 euros. Esta es la cantidad que el Deportivo tiene la obligación de pagar a sus acreedores en los próximos 17 años, tras pegar un tijeretazo, autorizado por el juez, y aprobado por el 59,445% de los acreedores.

La deuda total acumulada del Deportivo llegó a sumar más de 160 millones de euros. En la actualidad el club debe más de 95 millones de euros

Una deuda que ya ha bajado 45 millones de euros

Esa cifra, 140 millones de euros, es la cantidad de la que ya se está haciendo cargo el nuevo consejo de administración del club, desde el 21 de enero de 2014. Ninguno de los consejeros actuales estuvo al frente del club en los años anteriores, pero son los que se han encargado de poner orden en las cuentas del club y son los responsables de mantener la solvencia económica y financiera de la entidad. La quita se fijó en el porcentaje justo que salvó a Lendoiro y a sus consejeros de abrir una pieza de calificación judicial con la que poder buscar responsabilidades penales o económicas para cualquiera de sus dirigentes. Esa responsabilidad es la que pretendía reservarse la ley de sociedades anónimas deportivas cuando se aprobó en 1990.

La principal obligación del Deportivo actualmente es con Hacienda. Tras la reordenación de la deuda, se reconoce al fisco la friolera de 61.945.886,31 de euros. A Hacienda, y sólo a Hacienda, no le afectó ningún tipo de quita. Es decir, el club tienen que pagar hasta el ultimo céntimo que se debe.

Le siguen por orden de acreedores, Abanca, en segundo lugar, con una suma de 26.549.676,27 euros; el banco Sabadell - Gallego con 9.496.666,59 euros está en el tercer puesto del podio de acreedores; Caixa Bank y la Tesorería de la Seguridad Social que pueden exigir deudas por 360.000 euros y 153.569,42, respectivamente. Hay muchos más en la lista con cantidades mucho más pequeñas y que terminarán de pagarse en 2030.

De los 140 millones de euros, que han engrosado el pasivo de las cuentas del club con los que arrancó la gestión de Tino Fernández, en este momento se deben 95 millones de euros. Es decir, que en tres años el Deportivo ha pagado ya deudas por valor de 45 millones de euros.

Hacienda puso las condiciones y el Dépor las cumple

A la firma de aquél convenio, Hacienda impuso al Deportivo, tras unas duras, tensas y complicadas relaciones iniciales, la firma de un acuerdo singular que conducía al nuevo consejo de administración a realizar una ampliación de capital social. El objetivo de la posición de fuerza de Hacienda era fortalecer la tesorería del club. Dicha ampliación de capital apuntó a una cifra, en principio, demasiado exigente. La noticia, a priori, era como un jarro de agua fría, porque suponía un reto tan complicado que parecía conducir a la liquidación. En total, se tenían que cubrir 6 millones de euros. Es decir, casi el 80% del capital social del Deportivo, sólo 1,8 millones de euros menos del capital social inicial del club.

Pero tras unas duras negociaciones, a la exigencia se le abrió una puerta de atrás que aliviaba, en parte, el botón rojo que Hacienda tiene sobre el Deportivo. Un botón capaz de accionar la liquidación, la destrucción del club, si los nuevos consejeros no fuesen capaces de movilizar a su masa social o a otros nuevos accionistas dispuestos a enterrar su dinero en un club de fútbol. La puerta de atrás señalaba una salida de emergencia que para poder cruzarse tenía un peaje de 1,5 millones de euros. Un reto económico más razonable y asumible frente a los 6 millones de euros. Pero para cruzar esa puerta había una condición. Un plazo: lograr el desembolso de ese capital antes del 31 de diciembre de 2015.

El consejo de administración de Tino Fernández aceptó la carrera y llegó a la primera meta, logrando cruzar la puerta con la bolsa de dinero en la mano en el plazo establecido. A partir de entonces, el Deportivo recuperó la confianza que Hacienda había perdido. A pesar de ello, la Agencia Tributaria sigue teniendo el botón rojo entre los dedos porque es el principal acreedor. Aún se le deben poco más de 30 millones de euros. La diferencia con la situación anterior al 31 de diciembre de 2015 es que ahora sobre el botón rojo que acciona la liquidación del club ya no hay un dedo encima, a punto de ejercer presión. Cumplir el requisito de cubrir 1,5 millones de euros de capital social y pagar la enorme deuda en los plazos establecidos, en junio y en enero, han cambiado también el color del botón de liquidación del club. De rojo a ámbar. Incluso se han adelantado cantidades para reducir el pago de intereses.

2.500 nuevos accionistas y 26.000 socios

Tras varias fases previstas, la ampliación de capital pretendía suscribir los seis millones de euros. El club pasó todos sus plazos para intentar colocar el nuevo capital disponible. El proceso duró 25 meses.

El Deportivo ha cruzado este nuevo Rubicón financiero de la mano de 5.939 accionistas, que se han atrevido a aumentar su participación social en el club, o bien, se han echado a las taquillas por primera vez para solicitar la propiedad de un trocito de uno de los clubes deportivos más endeudados de España. En total, ahora el capital social del club coruñés está repartido entre 25.333 accionistas. Finalmente, el capital social de la entidad ha quedado incrementado en un 31,4%.

Según ha informado el Deportivo, han recibido «las aportaciones de 3.439 accionistas que ya lo eran antes de la ampliación, y de los casi 2.500 que se han sumado a la nueva estructura accionarial. Entre unos y otros han inyectado un capital de 2.461.035 euros». Por tanto, el objetivo de ampliar hasta seis millones de euros ha quedado muy lejos. En todo caso, no haber llegado a dicho objetivo no ha comprometido el futuro del club, ya que la exigencia de Hacienda para accionar el mencionado botón rojo de resolución del concurso se ha superado con creces.

El capital social actual del Real Club Deportivo es de 10.292.426 euros, frente a los 7.831.391 que había antes de comenzar el último proceso de ampliación de capital.

El Deportivo es uno de los clubes más singulares en cuanto a su modelo patrimonial ya que es el club de Primera y Segunda División con un capital social súper atomizado. Ese capital está dividido entre casi la totalidad de su masa social (en la actualidad tiene 26.000 socios), que retira cada año el carnet de abonado para acceder a Riazor. La presencia de grandes paquetes de acciones en manos de empresarios es casi inexistente, a pesar de la ampliación.

Además, en esta última ampliación no ha habido incentivos en especie para los accionistas, lo cual ha hecho más difícil la operación de marketing teniendo en cuenta los precedentes. En cambio, sí se estableció un límite de adquisición de acciones para salvaguardar la filosofía marcada en 1992.

Así pues, el club sigue consolidando su modelo de «multipropiedad popular» lo que supone una gran ventaja a la hora de protegerse ante la entrada de accionistas extranjeros. Como se ha visto en otras entidades, la entrada de grupos foráneos ha sido nefasta en la mayoría de ocasiones: Rácing de Santander, Valencia, Málaga, Elche, Alavés, etc… Además de demostrarse la nefasta gestión deportiva y económica, que ha continuado en muchos casos, también se ha generado un sentimiento de rechazo ante el temor a que los clubes puedan ser deslocalizados o caer en manos de propietarios sin ningún tipo de arraigo sentimental con la ciudad y el equipo.

En el caso concreto del Deportivo de A Coruña, una información de la La Voz de Galicia publicada en septiembre de 2013, apuntaba a que sólo 12 accionistas podían concentrar el 10 por ciento del capital social. La documentación aportada por el diario apuntaba quiénes eran los máximos accionistas de la entidad.

Estrella de Galicia, a través de su sociedad mercantil Hijos de Rivera, era el máximo accionista entonces con el 1,62% del capital social, que supusieron un desembolso de poco más de 122.000 euros. Es decir, más de dos mil acciones.

Una sociedad de promociones inmobiliarias, Varela Silvari Promociones, y propiedad de un empresario lucense a nombre de Manuel López Losada, era el segundo mayor accionista del club tras invertir entonces 105.000 euros y que le otorgaban un peso en la masa accionarial del 1,34% del total de las acciones.

La familia de Luis Fernández Somoza, que fue propietario de transportes Azkar, tenía en 2013 el 1,15% del accionariado, por el que tuvieron que abonar noventa mil euros.

Constantino Fernández Pico, actual presidente del Deportivo, a través de su sociedad, Altia, figuraba en el cuarto puesto de máximos accionistas en 2013.

El quinto puesto era para la empresa Bricoking, que pertenece a Juan José Jaén Rodríguez, hoy también consejero del Deportivo. Posee 75.500 euros, que en 2013 suponían el 0,96% del capital social.

Begano, la compañía que embotella y distribuye diversas marcas de refrescos, entre ellas la popular Coca-Cola, tenía el 0,71% de las acciones tras haber invertido 55.800 euros. Una de las consejeras y vicepresidenta de Begano, Esperanza Peñalosa, se asoció con un exjugador blanquiazul, Paco Zas, para hacerse con la presidencia del Deportivo. Finalmente, la candidatura para presentarse a las elecciones se cayó por el camino y Paco Zas se retiró de la carrera presidencial.

El 0,49% del accionariado está en manos de uno de los procuradores más conocidos de España, Argimiro Vázquez Guillén, que tiene su despacho en Madrid.

El club no facilita, tras la última ampliación de capital social, los datos actualizados de la posición de estas empresas o de otras que hayan podido entrar en los últimos meses.




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