domingo, 28 de noviembre de 2021

‘Star Wars. Los últimos Jedi’, un salto necesario y maravilloso

Rian Johnson firma una espléndida entrega que repara los errores de J. J. Abrams en el ‘Episodio VII’ y sabe cómo sorprender al espectador


‘Star Wars. Los últimos Jedi’, un salto necesario y maravilloso
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A estas alturas ya es bastante evidente que El despertar de la Fuerza, el Episodio VII que firmó J. J. Abrams fue una ligera decepción. Era necesario reavivar el ansia por Star Wars, y en eso un fan como Abrams sí supo moverse con estilo. Pero no era exactamente lo que necesitaba la saga, al menos no desde una perspectiva osada. El salto maravilloso que precisaba una nueva generación de espectadores para entrar en comunión con quienes llevan cuatro décadas soñando con los acontecimientos de hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana es el que ofrece Rian Johnson en Los últimos Jedi. Con sus defectos, como los han tenido todas las películas de la serie en mayor o menor medida, pero el director de Looper ha brindado un espectáculo atrevido, brillante, apabullante por momentos, que recupera la iconicidad en sus imágenes que siempre ha distinguido a la saga y con una capacidad de sorprender al espectador que Abrams consiguió con mucha menor frecuencia.

Es en esta entrega cuando se resuelve de verdad la fusión entre los viejos personajes y los nuevos, cuando se les integra ya sin remedio en una misma continuidad, cuando los guiños son algo que cobra un sentido más narrativo que de homenaje. Cuando los efectos visuales de antaño encuentran cohesión con los más modernos, cuando una narrativa contemporánea, la de Johnson, sabe recoger todo lo bueno que ha tenido siempre Star Wars desde que en 1977 nos deslumbrara por primera vez. Lo que vemos en la pantalla perdura en la memoria y se convierte de inmediato en un recuerdo inmejorable, porque Johnson entiende a los personajes, desde el cínico y responsabilizado Luke Skywalker de Mark Hamill a la resuelta y bondadosa Rey de la magnética Daisy Riley, desde el atrevido y por fin con un conflicto serio Poe Dameron de Oscar Isaac hasta la necesaria madurez como personaje del Kylo Ren de Adam Driver o, por supuesto, el liderazgo tranquilo de la Leia de la tristemente fallecida Carrie Fisher, a la que se dedica el filme.

Todo está pensado para que el espectador disfrute. Y sí, hay estructuras que Johnson hereda, y con orgullo, de El Imperio contraataca y de El retorno del Jedi. Pero no se trata de la fotocopia que hizo Abrams de Una nueva esperanza en El despertar de la fuerza. Lo que se muestra es un homenaje a la repetición de esquemas que siempre ha formado parte de la serie como parte definitoria de sus principios, y que George Lucas exploró de una forma más acertada de lo que se le ha reconocido en la denostada trilogía de precuelas, a la que Johnson alude en varias ocasiones con algunas de las soluciones narrativas que aplica. Johnson, de hecho, homenajea muchas más cosas que la propia Star Wars que no procede desvelar aquí para no reventar al espectador las muchas sorpresas que hay en la película.

Sería absurdo decir que Los últimos Jedi es una película perfecta, porque ningún Star Wars lo es. Así, Johnson no consigue librarse de algunos males del Hollywood actual, como la promesa de explicar algunas cosas en la siguiente película, algo que Abrams casi convirtió en elemento central de El despertar de la Fuerza y que Los últimos Jedi a veces resuelve dejando claro el carácter heredado de ese problema. También desaprovechar algunos personajes o alargar demasiado la película en algunos pasajes centrales. Pero es tanto lo bueno que deja, tanto para el aficionado más clásico como para quienes estén dando sus primeros pasos en esta asombrosa mitología, que resulta más fácil perdonar sus pecados de lo que lo fue en el regreso de la franquicia a los cines de la mano de Disney hace dos años.

Los últimos Jedi está, en muchos momentos, a la altura de lo mejor que tiene Star Wars. Johnson sí lo ha conseguido, ha dado algo memorable para fans, emocionante, divertido y digno de entrar en su universo de una manera arrolladora, pero a la vez tremendamente entretenido para profanos.

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