lunes, 24 de enero de 2022

Estambul, entre Oriente y Occidente, y sus visitas obligadas

Puerta de entrada a Oriente y Occidente, Estambul, un conglomerado de culturas, ha sido capital de tres imperios: el Romano de Oriente, el Bizantino y el Otomano.


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Estambul, antes Constantinopla y originariamente Bizancio, es una inmensa e histórica urbe a caballo de Europa y Asia que amalgama rutilantes culturas que han dejado su impronta en la ciudad, la más poblada de Turquía aunque no es su capital.

Mezquitas, palacios, bazares y baños turcos, obviamente, pueblan Estambul. Lugares de ensueño se diseminan por toda la ciudad. Cruzar el puente del Bósforo, recorrer el laberíntico Gran Bazar , visitar Santa Sofía, la Mezquita Azul y el palacio Topkapi , descender a las cisternas, darse un relajante baño en sus hamams,  ir de compras a la plaza Taksim, admirar los palacios de Dolmabahçe o Beylerbeyi o contemplar un atardecer desde el barrio asiático de Üskudar son placeres de obligado disfrute.

El triangulo dorado: Santa Sofía, Mequita Azul y Topkapi

Santa Sofía, ubicada en la plaza de Sultanahmet, fue erigida siendo Justiniano emperador del imperio romano de Oriente entre los años 532 y 537. Se convirtió en la mayor iglesia del mundo cristiano, además de ser la obra cumbre del arte bizantino. Con la llegada de los otomanos en 1453 fue transformada en mezquita añadiéndose cuatro minaretes en el exterior e inscripciones y pulpitos islámicos en el interior.

Por dentro, también por fuera, Santa Sofía arquitectónica y ornamentalmente hablando  es espectacular con sus coloridos mosaicos, sus medallones de madera islámicos y columnas graníticas. Como las más de 300 que soportan la cisterna de Yerebatán al lado de iglesia, conocida como el “palacio sumergido”.

Sin lugar a dudas, la Mezquita Azul, ubicada enfrente de Santa Sofía, dibujan ambas el “sky line” más fotogénico de Estambul.  Construida por orden del sultán Ahmet Khan, sus obras finalizaron en 1617. Su planta tiene una forma muy curiosa, un trébol de 4 hojas cubierta por una inmensa cúpula y los 20.000 azulejos que la recubren y que debido a su tonalidad dan el nombre a la mezquita.

Detrás de Santa Sofía en un promontorio que asoma al canal del Bósforo  se emplaza el Palacio Topkapi, residencia de sultanes durante más de cuatro siglos, justamente coincidiendo con el esplendor del imperio otomano.

Tan extraordinario palacio, distinguidamente decorado, alberga más de 400 habitaciones y múltiples edificios en el interior –patios y mezquitas fundamentalmente– donde se exponen joyas, tesoros y escritos.

No muy lejos de allí se ubica el famosísimo Gran Bazar, cuyo acceso se puede realizar a través de una veintena de puertas que nos conducen a las más de 5.000 tiendas de tejidos, alfombras, artesanía, joyas o antigüedades. Incluso en su interior también podremos hallar baños turcos y mezquitas. Si el zoco de Khan el Khalili en El Cairo es el más grande del mundo oriental, el Gran Bazar lo es pero cubierto.

Y a escasos 400 metros se localiza el hamman más conocido de Estambúl, el de Cemberlitas, cuyo interior está recubierto de bóvedas y revestido de suelos de mármol, el auténtico “delicatessen” de los baños turcos, donde podremos tomar desde baños exfoliantes hasta masajes con aceites pasando por un completa gama de servicios termales.

A orillas del Cuerno de Oro

Yendo hacia el Bósforo nos topamos con la imagen más icónica de Estambul, la del perfil de la Mezquita de Suleymaniye, la más grande de la ciudad, levantada por orden de Suleimán el Magnifico en el siglo XVI.

La decoración de esta impresionante mezquita guarda muchas semejanzas con la de la Mezquita Azul, incluso los azulejos son idénticos y desde sus jardines, donde reposan los restos mortales de Suleimán y su familia, se contempla la sublime belleza del llamado Cuerno de Oro, el estuario formado en el estrecho que comunica el Mar de Mármara con el Mar Negro.

Y si la Mezquita Azul junto a Santa Sofía conforman el “sky line” más fotogénico de Estambul, el contorno de Suleymaniye el más icónico, es el Puente de Gálata –que cruza el Bósforo que parte en dos la ciudad y separa dos continentes–  su lugar más fotografiado.

Ubicado en el Cuerno de Oro está a mitad de camino de la Mezquita de Suleymaniye y la Torre de Gálata, a menos de un kilómetro de ambas. La longitud del puente es de 490 metros y une la vieja y moderna Estambul.  El antiguo puente fue restaurado a finales del siglo pasado y en la actualidad tiene dos niveles: el superior donde circula el tráfico rodado y el inferior donde su ubican restaurantes, cafeterías y miradores.

Y como antes ya se mencionó, a poco más de 600 metros se halla la Torre de Gálata, cuyo origen se remonta al año 507 aunque reconstruida en varias ocasiones, vislumbrándose desde allí todo el Cuerno del Oro, el canal del Bósforo, el mar de Mármara y una buena parte de la ciudad, a pesar de que su altura apenas alcanza los 61 metros. A la cúspide se puede subir tanto en ascensor como a pie por las escaleras.

A kilómetro y medio nos encontraremos con el punto neurálgico del Estambul moderno y europeo, la Plaza Taksim. Desde aquí parten numerosas arterias que conforman la zona más lujosa y comercial de la ciudad con numerosas tiendas, cafeterías, restaurantes y hoteles de alto standing.

El señorío de Dolmabahce y Beylerbeyi

A la ribera del Bósforo, se localiza el Palacio de Dolmabahce, residencia imperial de corte occidental, neobarroco y construido en el siglo XIX. Se cataloga a este señorial palacio como el más moderno de la ciudad y fue residencia de los últimos sultanes del imperio otomano.  En su edificación se ganó terreno al mar y sus 285 habitaciones se han convertido en museo.

Mientras que el aristocrático Palacio de Beylerbeyi,  situado en la zona asiática de Estambul, se ha utilizado en bastantes ocasiones como residencia para acoger las visitas de grandes personalidades.  De arquitectura otomana sirvió de estancia de verano de los sultanes del Imperio Otomano y su construcción finalizó en 1860.

Y desde la plaza del Muelle del barrio de Üskudar,  anejo al palacio, no hay mejor colofón que que contemplar el más bello atardecer del mundo según dicen, rivalizando con el del mirador de San Nicolás de la ciudad de Granada.

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