jueves, 23 de septiembre de 2021

‘Thor. Ragnarok’, psicodelia Marvel

Taika Waititi debuta en el universo superheroico extendiendo salvajemente la vena cómica abierta por James Gunn en ‘Guardianes de la Galaxia’.


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Qué poco podía imaginar James Gunn cuando estrenó la gamberra Guardianes de la Galaxia que está influyendo decisivamente en el ya entonces muy exitoso universo cinematográfico de Marvel. Con el paso de las películas, esa impronta ha ido quedando más clara, pero es con Thor. Ragnarok cuando se convierte en elemento esencial de este formidable conglomerado superheroico que está a punto de cumplir diez años. Taika Waititi ha entrado en él con la tercera película protagonizada por el Dios del Trueno interpretado por Chris Hemsworth, y lo ha hecho llevando estos relatos al summum de su psicodelia colorista, aventurera y cómica, confirmando lo que veíamos en el tráiler y, ojo, respetando mucho las viñetas de las que procede.

Es difícil decir si Waititi ha tenido libertad absoluta para el enorme giro que ha dado a la franquicia de Thor dentro del universo Marvel o si se trata de una imposición del estudio, pero sí que es bastante palpable. Y, por qué no decirlo abiertamente, cumple con sus objetivos, por mucho que prescinda por completo del escenario con el que acababa la anterior película, El mundo oscuro, para convertirlo en lo que necesita, para introducir a Cate Blanchett como Hela, una increíblemente sensual y violenta diosa de la muerte, para despedir con honor a Anthony Hopkins, para reinterpretar otra vez al Loki de Tom Hiddleston y, sobre todo, para hacer que Chris Hemsworth muestre su madurez No hemos visto a Thor tan en su papel de Dios del Trueno como en esta cinta, pero al mismo tiempo no hay precedentes a la hora de tratarle como el bufón que se ve en ciertas escenas. Pero funciona.

Es el héroe y el tipo divertido que la película quiere que sea. Hemsworth se mueve como pez en el agua en un universo de luz, color, frikismo ochentero y festín para el seguidor más clásico del cómic. Aunque se pueda pensar que este nivel de comedia no estaba en las viñetas, y en algunos personajes es así, no olvidemos que el superhéroe siempre ha tenido un alto contenido de absurdo, y como muestra está el hecho de que en las páginas impresas sí vimos la transformación de Thor en una rana, lo que en la película no es más que un simpático gag. Y Waititi además, ¿o es Marvel en su conjunto?, demuestra lo poco que le hace falta para crear personajes de enorme valía, como esa Valkiria de Tessa Thompson que se suma a esa larga lista de personajes de acción femeninos que pide a gritos su propia película para seguir la estela de Wonder Woman.

Thor. Ragnarok es, en todo caso y probablemente por definición, una película que admite discusión. Hay momentos en que la película pide una escala a lo El Señor de los Anillos (más concretamente, siguiendo a Las dos Torres), y es obvio que ahí no tiene toda la épica que podría haber logrado, pero la mezcla entre la comedia y la espectacularidad es tan compleja como funcional. Y como muestra, Hemsworth. O Hulk, que parece mentira que esté envuelto en una espiral de derechos y no pueda tener la película propia que lleva tiempo mereciendo, hasta el punto de que se le ha dado un escenario suyo a Thor para desarrollar esta película. Rara película, sí, porque hay que olvidar el tono shakespeariano que le pudo dar en su día Kenneth Branagh en la primera película de la serie, y que aceptar la psicodelia que ha abrazado Marvel, pero tremendamente divertida.

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