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CULTURA | CASI TODA UNA HISTORIA… DE AMOR (CAP III)

Ver la vida con otras gafas

Por EDURNE GARCÍA ORDÓÑEZ. 30/10/2018

Por Marga Font Roig

Marga Font Roig
Casi toda una historia… de amor (Cap III)

Peque a bordo. Agárrense que vienen curvas.

Pues así seguimos, con calma, disfrutando de nuevo de los partidos y si no había chute a puerta, pues tampoco pasaba nada. Es increíble como la mente te puede jugar tan malas pasadas y condicionar un acto tan especial y tan divertido.

En mayo

Ahora ya estamos en mayo de 2018, y tu mamá cumplió los 39 el 05/05. Papá me regaló ver la película de Campeones juntos y acertó de lleno. Cuando seas un poquito más mayor conocerás a los Mosqueteros. Son 5 seres que brillan con luz propia, que entraron hace años en la vida de mamá y que siempre me han hecho ver que la adversidad no puede ser excusa para no luchar. Me han ayudado a ver la vida con otras gafas. Unas que te pones y el gesto más sencillo, con estos cristales, te parece el más bonito del mundo.

Zumbailarinas

Yo seguía trabajando, con mis clases de baile y mis Zumbailarinas, y sin prestar mucha atención a unas reglas cada vez más irregulares. Es decir, una de las pistas más claras para saber si un peque como tú está en camino, es tener o no el periodo. El problema es que ya sabes que tu mamá es rara hasta decir basta y sus ciclos eran irregulares, por lo que tampoco tenía muy controlado el tema. Sí, el lunes 07/05 tuve unas manchas parecidas a un sangrado, pero como duraron un suspiro tampoco lo conté como tal…

Botón fuera

A medida que pasaba el mes me notaba más cansadita y en más de una ocasión me tenía que desabrochar el pantalón porque no me encontraba cómoda, así que, en la oficina, con nocturnidad pegaba la silla al escritorio y ¡zas! botón fuera. En las clases notaba que la parte de los abdominales me costaba más de lo normal y, lo más curioso, cada día sobre las 17 sentía náuseas.

Y otros bichos raros

No, no vayas a pensar que no me entero, pero las náuseas se supone que son matutinas, por lo que teniendo en cuenta mi historial de intolerancias, hernias y otros bichos raros, lo más fácil era pensar que en breve tendría que visitar al estomatólogo, para reajustar las pautas de la dieta. Menos mal que no pedimos cita.

Dirty Dancing

Recuerdo claramente el 30/05. Esa noche tu abuela Micaela y yo teníamos entradas para el musical de Dirty Dancing. Aunque tu padre haya visto la película conmigo seguro que te dirá que es muy moña y para chicas, pero como serás un bebé marchoso y ya llevas el baile en la sangre, estoy segura de que pondremos más de una vez la banda sonora y nos marcaremos unos pasos espectaculares. Me pasé todo el musical con náuseas y me tuve que desabrochar los vaqueros. Lo disfruté mucho, pero cuando terminamos le dije a tu abuela lo mal que me había sentado el sándwich que nos habíamos comido y lo dejamos ahí.

Bomba de patata

El sábado siguiente, 02/06, se celebraba en nuestro pueblo la ‘Fira de la Patata’ y una vez al año, mami se olvida de lo mal que le sienta el picante y se compra una ‘bomba de patata’. No te quiero ni contar cómo acabó esa bomba bañada con una pinta de cerveza, o sí, pues acabó en la mesa con la mirada incrédula de tu padre y de nuestros amigos que se sorprendían de que mami no fuese capaz de engullir como cada año ese manjar. Además, tuve que aprovechar para ir a dar un paseo, porque el trocito que me había comido me había sentado fatal. Ahora entiendo que no aprobaste mi elección culinaria.

Una anulación

Pasó la semana y el martes 05/06 me había cogido el día libre. Salí a pasear y recibí una llamada al móvil. Era del hospital de referencia. Se había producido una anulación y los doctores podían vernos el día siguiente; sí, el 06/06. Recuerda que el 04/05 habíamos entregado la documentación y que nos habían dicho que nos llamarían en unos 6/7 meses, pero la vida o la suerte de otra pareja quiso que nos llamasen a nosotros. Admito que ni tan siquiera se lo consulté a tu padre y confirmé la cita. Con la mano temblorosa conseguí anotar el 06/06 a las 11.

La cita

Llamé a tu papá, le dije que sentía la premura pero que necesitaba que dejase el trabajo, porque era nuestra oportunidad. Tampoco sé por qué me pongo tan melodramática con él. Nunca me ha fallado y esta vez no fue distinta. Apenas pude pegar ojo y así llegamos a nuestra cita. Nos atendió una doctora encantadora. Sobra decir que los especialistas que atienden la Unidad de Reproducción Asistida son de una pasta especial. Saben perfectamente que no estamos ahí por gusto, y que detrás de cada historia hay mucho dolor y desesperanza.

¡Qué raro!

Revisó nuestros papeles, analíticas, pruebas complementarias y sólo me pidió que me pesaran. Me sorprendió el resultado porque mi peso oscila entre los 63 y los 64 kilos, y me dijeron que estaba en 59. Le pedí a la enfermera que por favor lo revisara de nuevo y sí, 59. ¡Qué raro!

Nos explicó que en agosto nos llamarían para darnos los resultados del cariotipo de papá y que si todo era correcto, en septiembre, mamá ya empezaría el tratamiento para que tú fueses una realidad.

Como de costumbre, el saludo final fue: “y no dejéis de practicar, quién sabe si al final no tendréis que volver”.

Llegamos al famoso 09/06/18. A ver cómo te lo cuento sin que pienses que se me ha ido la cabeza por completo.

¡Vamos Marga!

Había pasado una noche malísima. El estómago parecía tener vida propia y me encontraba fatal así que, harta de dar vueltas en la cama, a las 7 de la mañana ya estaba despierta y a punto de prepararme un café.

Desayuné y entonces me dije a mí misma: “¡vamos Marga!, es una tontería, pero así te quedas tranquila. Pondrá que no estás embarazada y le echarás la culpa a tus alergias”.

Fui a la habitación y abrí el cajón en el que había guardado las tiras que había comprado online para llevarme la gran noticia. Si el paquete incluía 10, había gastado 3; todavía teníamos margen. Me prometí que era la última, porque ahora que sabía que en septiembre empezaba el tratamiento, no tenía sentido alguno usarlas.

Un palito y dos rayitas

Son tiras o strips muy sencillos, sin floritura. Si el palito blanco saca dos rayitas rosas significa que ha habido suerte, o que el chute a puerta ha sido válido y si no, nada… No le dije nada a tu abuela que ya estaba despierta y me fui al WC como si fuese una intrusa. Seguí las instrucciones, esperé 2 minutos y de repente… ¡Había dos rayitas rosas! No, no, esto ha sido un error; venga, vamos a ser racionales. Coge otra tira y pruébalo. 3, 2, 1 y otra vez 2 rayitas rosas. No, esto no puede ser; haremos una última, pero primero esperaré unos minutos (no sé por qué debería esperar, pero no vaya a ser que en estas primeras muestras haya una concentración muy elevada de… chorradas). Pasaron 15 minutos y me hice la tercera prueba. Cuando tuve claro que los 3 palitos indicaban 2 rayitas rosas intenté serenarme y fui a buscar a la abuela. La llevé al baño y sin decirle qué estaba mirando le pregunté muy seriamente: Mamá, ¿tú qué ves en estos palitos?. “Pues muy fácil hay dos rayitas rosas en cada uno”.

Micaela y el tiempo

Me quedé en silencio y después le dije: “no mamá, tú fíjate bien, porque puede que te lo parezca; mira otra vez”. Admito que a Micaela hacerle perder el tiempo no es buena idea, porque ya la vi que enarcaba una ceja, y me decía lo que tanto ansiaba y a la vez temía escuchar. “Te digo que hay dos rayitas rosas en cada palito y ahora tú me dirás qué estoy mirando”. Me empezaron a resbalar las lágrimas y le dije: “mami, según estos palitos, estoy embarazada”.

Después del susto inicial y siguiendo la política de “lo primero es lo primero”, tu abuela me recomendó que fuese a la farmacia y comprase un Predictor. Sí, uno de estos bolis tan modernos que incluso te dicen de cuánto tiempo estás. Parecía que ella tampoco se lo creía y, tal vez, con esta nueva muestra lo llevaríamos mejor. Las chicas de la farmacia al ver los palitos me abrazaron y se pusieron muy contentas, pero yo seguía sin creérmelo y les dije que de momento prefería ser prudente. Me pidieron que fuera cual fuese el resultado, volviese para avisarlas y así lo hicimos.

El resultado era:

Menos mal que había bebido agua suficiente, así que dejamos que el boli hiciese su trabajo, mientras Micaela y yo esperamos el tiempo de rigor sentaditas en la cocina. Cuando fue el momento, parecíamos dos ladronas de serie B por el pasillo, hablando en voz baja, como si al abrir la puerta del baño nos esperase alguien. Nos detuvimos delante de la puerta y ninguna de las dos se atrevía: “no, pasa tú; “no, tú”. Al final me decidí; cogí el chismey según el boli el resultado era: ¡Embarazada + 6 semanas! ¡¡¡¡¡¡¡Uffffffffffffffffffff!!!!

Lloramos; fuimos a ver a las chicas de la farmacia y, aún así, el bloqueo que sentía después de unos meses de negativas, y de haberme hecho a la idea de que necesitaríamos un empujón para contar contigo… me daba pánico creérmelo. Me vieron tan nerviosa que me recomendaron acercarme a un centro de salud y así quedarme tranquila, aunque ellas ya tenían la fiesta montada.

"¿No quieres tenerlo?”

Llegué al centro con mis nervios, mis palitos y mi boli mágico. Cuando me atendió la enfermera se lo puse todo encima de la mesa y le dije: “mi problema es éste”. Supongo que lo hice de forma tan lastimera, que la pobre chica se fue y a los 2 minutos volvió con la doctora, que con mucha suavidad me pregunto: “pero, entonces… ¿no quieres tenerlo?”. ¿Tenerlo? Sí, claro que quiero tenerlo, lo deseo con toda el alma, pero verá, yo creo que estos resultados no son correctos y me quiero asegurar.

La cara de la doctora cambió por completo y cuando le resumí nuestra historia entendió que necesitase todas las comprobaciones posibles. Pasé por un test de orina y lo estábamos contemplando la enfermera, la doctora, la señora de la limpieza y yo. No hubo duda, ahora ya sumamos a los palitos y al boli mágico un test de orina…. Me dieron la enhorabuena y ahí empecé a ser consciente de que tú; sí, tú, podías ser una realidad.

¡Enhorabuena papá!

Todavía no le había dicho nada a tu padre, estaba trabajando y no quería alarmarlo, así que aparqué el coche y le llamé. Contestó enseguida y le dije que necesitaba que colgara, porque le pasaría una foto. Al ver la foto tenía que llamarme para hablar. A una persona tan práctica y racional como él, no es que estos juegos le gusten mucho, pero no dijo nada. Le pasé la foto del mensaje del Predictor y me llamó. Cuando te digo que tu padre está hecho de una pasta especial, créetelo… La foto ponía ¡Enhorabuena papá! Y él pensó que esa foto no era para nosotros y que le iba a contar si algún amigo estaba esperando un bebé… No, el papá eres tú. Si habitualmente habla poco, ya con este mensaje nos quedamos en el “pero…” y quedamos en hablarlo con calma en casa.

El abuelo Toni

Como seguía teniendo pinchazos y la cabeza me explotaba, tu abuela tomó las riendas del asunto, llamó al abuelo Toni y le soltó el bombazo, sin anestesia. Le dijo que yo no estaría tranquila hasta que no nos viesen en el hospital de referencia, donde estábamos apuntados y ahí nos fuimos los 3 y medio.

Seguro que cualquier persona que lea esto puede pensar que tu madre estaba bastante ida porque los palitos, el Predictor y el test deberían haber sido más que suficientes; pero sí, admito que ya entré en el bucle de pensar que las manchas que tenía eran pérdidas y que no estabas bien, así que nada de arriesgar y a Urgencias.

Un saco vitelino

Pasamos enseguida y nos tocó un equipo magnífico. La doctora de guardia era muy joven, y a su lado tenía a una residente y un enfermero. Les conté la crónica del día y enseguida me di cuenta de que empatizaban conmigo, porque la solución fue muy sencilla: “bueno, como aquí también te han hecho prueba de orina, analítica de sangre y todo señala que estás embarazada, vamos a verlo y así nos quedamos todos tranquilos”.

Me tumbé en la camilla rodeada por los profesionales y tu abuela, y nos hicieron nuestra primera foto. Tú todavía no apareces, es más, eras un saco vitelino (es la primera estructura embrionaria que puede distinguirse en una ecografía a partir de la semana quinta), eso sí, un saquito precioso. La doctora me miró y me confirmó que ahí estabas o, mejor dicho: querías estar ahí. Ya no empezábamos la casa por el tejado. No, esta vez habíamos puesto los cimientos en el suelo y la aventura acababa de empezar. Reposo, progesterona y consulta con nuestro ginecólogo habitual. Peque a bordo. Agárrense que vienen curvas.

Continuará... (martes, 6 de noviembre).

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