viernes, 3 de diciembre de 2021

Napoleón desembarca en Golfe-Juan y da inicio a los Cien Días

Un 1 de marzo del 1815 Napoleón desembarcaba en Golfe-Juan, en la costa azul francesa, tras haber escapado de la isla del Elba, su "exilio dorado" tras abdicar en Fointanebleau.


Napoleón desembarca en Golfe-Juan y da inicio a los Cien Días
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Tal día como hoy, pero hace 202 años, el ya ex-emperador Napoleón desembarcaba en Golfe-Juan, en la costa azul francesa, tras haber escapado de la isla del Elba, dónde permanecía cautivo tras la derrota de los ejércitos franceses frente a la coalición de monarquías europeas. Le acompañan unos 600 soldados, que lograron evitar el cerco marítimo de los barcos ingleses.

En una conferencia en Viena en octubre de 1814, los vencedores habían repuesto en su trono a los Borbones en la figura de Luis XVIII, tratando de dar marcha atrás no solo a las conquistas napoleónicas, sino a todo el legado de la Revolución Francesa.

Sin embargo, no se trataba ya del gran general y estratega que una y otra vez había vencido y rendido a ejércitos enemigos superiores, y llegado a invadir la capital rusa, Moscú, cuando dominaba el resto de Europa y ejercía un potente bloqueo continental contra Inglaterra. Su exilio le ha hecho más pesado, con una poderosa barriga que aprieta las costuras de su chaleco de cachemir blanco. Ha perdido prácticamente el escaso cabello que tenía en el pasado, y su piel es amarillenta.

No obstante, el pueblo, en general, se rinde a sus píes conforme avanza, la mayor parte del recorrido andando (ha perdido incluso el gusto por cabalgar), con el objetivo de llegar a París "en diez días". Napoleón piensa que, pese a que Luis XVIII dispone de toda la maquinaria administrativa y militar, los soldados franceses que manden a su encuentro se harán a un lado o se unirán a su marcha. Y no iba nada desencaminado. Su prestigio seguía siendo enorme entre el pueblo francés.

El 11 de marzo ha atravesado los Alpes y se encuentra en Lyon. Ha abandonado la Provenza, territorio hostil a las ideas republicanas e imperiales, y varios cuerpos de pequeños ejércitos han ido uniéndose hasta formar una pequeña tropa. Se permite el lujo de mandar una carta a la que fuese su emperatriz, la austríaca María Luisa, que volvió a su patria tras su destierro: "Cuando recibas esta carta ya estaré en París...Ven con mi hijo a reunirte conmigo, espero abrazarte antes de fin de marzo". El encuentro nunca se produciría.

La misiva es interceptada por el padre de María Luisa, el emperador de Austria, que se ríe con el resto de los jefes de estado, de gobierno y nobles austríacos, rusos, ingleses, prusianos y de otras naciones antinapoleónicas en Viena, dónde aún, con todo dispendio, se celebra el Congreso. No sabían lo equivocados que estaban.

El mariscal Ney, que había prometido el 1 de marzo al rey Luis XVIII que traería a Napoleón "en una jaula de hierro" a París, se rinde con sus ejércitos al corso el día 13 y decanta definitivamente la suerte de su éxito. Su traición al Borbón le costaría la vida ante un pelotón de fusilamiento 6 meses más tarde.

Para el día 19, a las 21:00 de la noche, Napoleón, decenas de miles de soldados, cientos de altos oficiales y el mariscal Ney entran en París. El rey y su Corte han huido, y ministros como Cambacèrés, Decrès, Maret e incluso el camaleónico Fouchet salen a su encuentro, con la intención de congraciarse y volver a tener un papel importante en el futuro gobierno...¿republicano, imperial?

Napoleón parece haber aprendido la lección de sus despotismos anteriores, y promete un gobierno republicano y constitucional. Traza sus planes bélicos con celeridad y, a tenor de lo que ocurrió, con fallos de planificación y ejecución que el joven emperador de las campañas de Italia o Alemania jamás habría cometido.

Tras Waterloo, el resto es historia. Una historia que empezó (o mejor dicho continuó) un 1 de marzo de 1815.

Una prensa que se arrimaba al sol que mejor calienta

Le Moniteur Universel era el periódico oficial del emperador hasta su abdicación, y posteriormente lo fue del rey Luis XVIII. Siguiendo sus publicaciones durante los primeros días de la huida de Napoleón del Elba y su llegada a Francia podemos comprobar la falta de imparcialidad de las publicaciones periodísticas de la época.

Así, y tras permanecer 9 días en silencio, el 9 de marzo publicaba: "El Monstruo escapó de su destierro". "El ogro ha desembarcado en Cabe Juan" fue el titular del día siguiente. El 13 de marzo daba cuenta de que "el tirano" se encontraba en Lyon, el 18 de marzo, huido ya el Borbón, aún llamaba "usurpador" a Napoleón, del que descartaba que llegase a París antes de seis días. El 19 aseguraba que "Napoleón avanza a gran velocidad", y el 21, calificándolo de "emperador", aseguraba que estaba ya en Fointanebleu.

Finalmente, el día 22, con todos los honores, anunciaba: "En la tarde de ayer Su Majestad El Emperador hizo su entrada pública y llegó a las Tullerías. Nada puede exceder la alegría universal ¡Viva el Imperio!".

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Autor

Josan

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