domingo, 28 de noviembre de 2021

Miguel Watio y “la casa vacía, la soledad, y el ser atrapado en el camino”

La sala leonesa cierra la temporada con una muestra individual del sevillano, afincado en Asturias, que destruye la indiferencia hacia el dolor, hacia el otro, hacia uno mismo.


Miguel Watio y “la casa vacía, la soledad, y el ser atrapado en el camino”
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De este pintor sevillano autodidacta, que residente en Asturias desde hace 14 años, ya disfrutamos de algunas de sus obras, en una exposición colectiva organizada por la Ángel Cantero, en 2015. En esa etapa, Miguel Watio (Miguel Jiménez), incorporaba guiños a las obras maestras que están en la memoria colectiva, creando pinturas en un lenguaje de influencia pop, con muchos aportes de humor.

Hoy, desde el 6 al 31 de julio y en la misma galería Ángel Cantero, su obra mantiene las tintas planas y el juego, y una idea de color que siempre le caracteriza, pero con temática más sobria. Una evolución que le ha marcado la vida y su obra, para tornarse más autobiográfica; sus lienzos claman a la casa vacía, a la soledad, al ser atrapado en el camino. "No quisiera ser explícito. Hay un dolor enorme en la génesis de lo que he pintado, pero lo que importa no es por qué lo he hecho, sino lo que ha quedado en el lienzo", explica Miguel Watio.

Watio, trae a León una veintena de obras para su exposición individual ‘Idas y avenidas’, una colección que rinde tributo al hecho de vivir y avanzar. Paché Merayo, redactor en El Comercio, decía el año pasado sobre su obra y qué la motiva, que Miguel Watio pinta la vida, "la suya, que es la que mejor conoce". Pero para hacerlo no solo se mira dentro, también pone los ojos al otro lado de la ventana. Por eso sus lienzos se llenan de personajes ajenos. De gentes que van y vienen sobre aceras imaginadas, siempre exentas de volumen, siempre iluminadas de color".

Así, en sus acrílicos, vemos formas sencillas en composiciones equilibradas, donde la luz de su paleta es una cuestión de pura armonía, con caminantes que son siluetas negras con una pequeña luz que impulsa su paso. No son obras de intención narrativa, pues esos hombres sin rostro ni nombre no cuentan un episodio concreto, sino que se constituyen en iconos, con un mensaje más general, un recado que invita a salir adelante.

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