miércoles, 4 de agosto de 2021

Protagonistas fuera del ruedo

No ha habido decisión dela Presidencia que no haya estado exenta de controversia, trasladando el centro de atención del albero al palco


Protagonistas fuera del ruedo
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La Feria de San Isidro correspondiente a su edición 2018, que este año se presentaba bajo la singular denominación de “Mundial del Toreo”, ha tenido un protagonista: la polémica. La concesión de algunos triunfos y la negación de otros por parte de los responsables de presidir los 33 festejos, de los 34 programados, que han tenido lugar en el coso madrileño, han conseguido desplazar el centro de atención del ruedo al palco.

No ha habido decisión de las adoptadas por la autoridad, que no haya estado exenta de controversia. Desde el rabo que ha coronado a Diego Ventura como leyenda del toreo a caballo, pasando por la segunda oreja que permitió salir a hombros a Sebastián Castella, la negación del trofeo a un renacido Fortes o la devolución a los corrales del manso de Las Ramblas.

De hecho, empieza a cuestionarse que la presidencia de los festejos tenga que ejercerla por imperativo reglamentario un Comisario del Cuerpo Nacional de Policía, aunque carezca de afición por la Fiesta de Los Toros, al igual, que, “si no ha leído un libro en su vida, pueda ser jurado de un premio literario”, como aseguraba un aficionado a la salida de una de las corridas. La autoridad hay que ganársela, a pesar de que venga dada por el Estado de las Cosas, y en este caso, los que la han ejercido durante esta edición de la Feria de San Isidro, no parecen haberlo hecho.

Los aficionados son uno de los puntales de este espectáculo, sin ellos nada de esto tendría sentido. Por lo tanto, la reivindicación de que las decisiones del público sean respetadas y tenidas en consideración, es lo mínimo que se le debe exigir a la persona en la que recae la responsabilidad de conceder los trofeos, las vueltas al ruedo o la potestad de devolver al toro al lugar de dónde salió en el caso de que no cumpla las condiciones para la lidia.

Treinta y seis orejas, cinco puertas grandes

La coincidencia con la Copa del Mundo de Fútbol, es la escusa esgrimida por el responsable de la empresa que gestiona la Plaza de Toros de la Ventas, Simón Casas, para colocar 34 festejos en una feria que tardó en ver su primer trofeo, cortado por Francisco José Espada en la sexta de feria, y que no consiguió abrir la puerta grande hasta la que lo hizo Diego Ventura en la duodécima, al que han acompañado el rejoneador Andy Cartagena , Alejandro Talavante indiscutible triunfador, y los arrestos de un renacido López Simón y un resucitado Sebastián Castella que consiguieron salir a hombros tras sufrir sendas cogidas.

Una edición de la Isidrada en la que se esperaba la confirmación del poderío de los jóvenes toreros como Ginés Marín, que tuvo un mano a mano con “El Juli” (que nunca defrauda), el extremeño José Garrido o Álvaro Lorenzo y que quedaron en una mera ilusión.  Y en la que consagrados Toreros de Madrid como Juan José Padilla – en el año de su adiós a los ruedos- o David Mora, vislumbraron la puerta grande sin llegar a abrirla. Tampoco ha sido la feria de figurones, del tipo de Manzanares o Roca Rey, víctimas de los gañafones de los animales que les tocaron en suerte.

Decepcionante podría ser la calificación de la actuación de Miguel Ángel Perera, que está a años luz de lo que fue el diestro extremeño, que cumplió el expediente, pero no consigue dibujar con el trazo fino con que realizaba su lidia hace apenas dos temporadas. Lo mismo se podría decir de Paco Ureña, que desde su triunfo en 2015 en San Isidro no ha aprovechado sus oportunidades en Madrid.

Capítulo aparte merece Antonio Ferrera, uno de los diestros que necesita mejorar su agilidad con los aceros, si no quiere echar a perder sus excepcionales cualidades de torero de corte clásico de las que tanto gusta la afición madrileña.

Tremendamente Irregular ha sido, también, la denominada “Semana torista”, en la que asistimos a buenas faenas por parte de los bregados, Fernando Robleño o Emilio de Justo, y en la que un deslucido encierro de Miura impidió a la afición de Madrid ver la torería de Pepe Moral, que necesita como el comer, triunfar en Madrid, además de hacerlo en Francia o al sur de Despeñaperros, para demostrar que es uno de los grandes. En lo relativo a la calidad de las ganaderías habría que decir que en esta ocasión los toros han embestido y que los Cuvillo, Alcurrucen, Albaserrada o Puerto de San Lorenzo siguen siendo baluartes, no sólo de trapío, sino de la concepción integral del toro de lidia.

La nota positiva en esta feria, o quizás lo más interesante, ha sido comprobar que Enrique Ponce sigue siendo Enrique Ponce, y que conserva intacta la capacidad de poner en pie a los aficionados, siendo indiferente la latitud en la que se encuentren. Las buenas actuaciones de Luis David Adame, Fortes, Cayetano, Octavio Chacón (sin duda alguna la revelación de la feria) o Javier Cortés, que merecieron mucho más, permiten inferir que los carteles rematados de figuras no son sinónimo de tardes de gloria, sino que la grandeza de La Fiesta se nutre de la capacidad que han demostrado matadores como éstos de querer conseguir el triunfo que, tantas veces, se les niega fuera de las plazas.

Y para el final, hay que dejar a Diego Ventura, quizás tras el fallecimiento de su mentor, Ángel Peralta, el de la Puebla del Río se vio impelido a convertirse en leyenda del rejoneo tras ser el primer torero a caballo en conseguir cortar un rabo y hacerlo 46 años después del trofeo obtenido por Sebastián “Palomo” Linares el 22 de mayo de 1972 al toro “Cigarrón” de Atanasio Fernández. ¡Y vaya si lo ha conseguido! En una temporada extraña para el caballero hispano-portugués en la que se quedó fuera de los carteles de la Feria de Abril en Sevilla, pero que a pesar de las dificultades parece haber enmendado de manera excepcional.

Un motivo para tener en cuenta que el arte del rejoneo, después de la gesta de Ventura, debería dejar de ser considerado como el hermano pobre y empezar a considerar al toreo a caballo como lo qué es; toreo.   

 

 

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