jueves, 23 de septiembre de 2021

‘Espejo de almas’ muestra los rostros de cinco artistas de gran formado

La galería Ángel Cantero, de León, inaugura una colectiva temática, centrada en el retrato como espejo de emociones, que reúne obras de cinco reconocidos creadores.


‘Espejo de almas’ muestra los rostros de cinco artistas de gran formado
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Melchor Balsera (Badajoz), Verónica Cantero Yáñez (Barcelona), José Ramón Lozano (Madrid), Eugenio Ocaña (Granada) y Leonor Solans (Granada), se reúnen en Espejo de almas, la exposición colectiva temática propuesta por la galería de arte Ángel Cantero de León, y que inaugura hoy, viernes, 10 de febrero.
La muestra reúne obras de gran formato de los artistas figurativos, Verónica Cantero Yáñez, de Barcelona, que trabaja la expresión, con un conglomerado de influencias, entre las que destaca la pintura de Hieronymus Bosch, el Arte Povera italiano y la obra de Louise Bourgeois.
Las obras del escritor irlandés Samuel Beckett, de entre ellas Esperando a Godot y su teatro del absurdo, han contribuido al desarrollo de su obra pictórica en los últimos tiempos, que opta por la temática del retrato, serie en la que lo alterar, hasta abstraerlo como lo hace la poesía con el lenguaje, una metamorfosis visual tan sugerente como inquietante.

Neumáticos

Melchor Balsera utiliza como única herramienta un neumático impregnado en pintura acrílica, para realizar rostros en primer plano con expresiones y muecas crudas. “El rostro grita, amenaza con escapar de los trazos pactados por el artista. Insiste, con alma concupiscente, atrapa, con retazos de neumáticos, magnetiza, con la fuerza lacerante de un artista en pleno recorrido. El autor rastrea en la trastienda del personaje, lo desmenuza, lo convence y edulcora, lo convierte en un retrato de una sola bala y muchos impactos. El retrato conversa con el público, dialoga con el visitante, susurra en blanco y negro. El protagonista desafía su retrato, y con sinuosas marcas viaja en el interior de su psique”.

Melchor Balsera impregna, de manera intencionada, con sutileza y rabia, el inmaculado del lienzo con técnica depurada y ferocidad creativa. El artista extremeño capta la sonrisa, el mordisco, el júbilo y la desesperación del anónimo, del retrato sin ambages y sin pretensiones, sonríe mientras crea, sus manos acarician la risa, la muesca del muerdo, el grito de alegría y la tensión como una paleta real de los rostros que pululan en nuestro imaginario.

Descarnadas

Las pinturas de José Ramón Lozano nacen de la expresión más visceral. Son rostros donde se entremezclan tristeza, desgarro, fuerza, pasión y expresividad. Su búsqueda no puede dejar indiferente al espectador, al que le genera una turbia dependencia con sus obras y establece un poderoso vínculo. Sus pinturas son descarnadas, pero consigue magnetizar el lienzo y lo convierte en un omnipresente objeto de deseo.

La representación de sus pinturas hace referencia a la interacción entre cuerpo y alma, que considera inherente al ser humano. Lo corporal y lo espiritual, la aflicción y el gozo, lo íntimo, lo salvaje se encuentra contenido en el trabajo de este artista.

Primer plano

El pintor granadino Eugenio Ocaña retrata en primer plano la energía vital de sus modelos cuidadosamente elegidas, y en esos retratos se acentúan el temor, la melancolía, la perplejidad o la vacilación para conformar alegorías contemporáneas que nos seducen. El virtuosismo pictórico se suma a la indagación psíquica para acercar esas figuras femeninas hasta nuestro territorio personal, y nos empuja a esforzarnos para desentrañar su mensaje, pero sus voces son inaudibles, inaccesibles sus pensamientos.

Con el naturalismo de su lenguaje representa la humedad de la piel y hasta la ráfaga de aire que agita el pelo de Celia; nos describe con realismo veraz un instante, y sin embargo sentimos al contemplarlo que acabamos de perdernos algo, nos iremos a casa con la imagen clavada en la retina y una docena de preguntas que surgieron de la experiencia estética de contemplar sus óleos.

Ninfas

Leonor Solans también nos conduce hacia una lectura de sus retratos tan dulce como inquietante; sus ninfas conservan la magia de la niñez y habitan en bosques íntimos inspirados en cuentos de hadas, pero experimentan el tránsito entre la inocencia y la experiencia, y con su mirada nos convierten en espectadores involuntarios de ese momento de incertidumbre que anuncia un inminente rito de paso. La actitud de sus figuras, sean niñas o adolescentes, nos revela la fragilidad de los sueños, pero también el encanto de la transformación, el salto entre las etapas.

El cromatismo y la soltura pictórica de sus obras ponen de manifiesto que la pintora granadina conoce muy bien a los clásicos, hace guiños inteligentes a los grandes maestros, y sabe prescindir de lo accesorio para potenciar lo más esencial de la pintura y que siempre quedará en nuestra memoria.

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