OPINIÓN | POLÍTICA

“Moros” buenos y “moros” malos

Por ÁLVARO ESCOBAR . 31/01/2017

La doble moral de Occidente en relación con los países árabes es la mejor definición de hipocresía

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Donald Trump durante la campaña electoral

El nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha elaborado una orden por la que prohíbe la entrada en el país de cualquier persona procedente de siete países de Oriente. La lista de esos siete países la conforman Siria, Irak, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen. Alguno podría decir hasta que se trata de una medida lógica, dada la situación de guerra y violencia en la que se encuentran esos países, o que en esos lugares se vulneran todos los derechos humanos o que existen leyes crueles en contra de las mujeres.

Esa y otras medidas anti inmigración del presidente norteamericano están siendo repudiadas por un gran número de ciudadanos en todo el mundo pero también aplaudidas por otro número no menos importante de gente que vincula a todo ser humano de procedencia árabe con terrorismo, delincuencia y violencia y no quiere que ingrese en nuestro “estado del bienestar”. Pero eso no sólo ocurre en una parte de la sociedad, también lo apreciamos en buena parte delos líderes políticos que dirigen esta Unión Europea que está a punto de caerse por el precipicio de la vergüenza y que cada vez tiene menos de unión, a la vista del alza de popularidad de algunos partidos xenófobos y anti europeístas que quieren abandonar la organización supranacional. El acuerdo cerrado con Turquía para mantener allí a los cientos de miles de refugiados sirios es uno de los actos más obscenos que se recuerdan, sobre todo, cuando ha sido precisamente Europa quien ha sufrido la desgracia de las dos guerras más devastadoras de la edad contemporánea que obligó a cientos de miles de personas, en países como Bélgica, Países Bajos, Alemania o Francia, a abandonar sus casas en busca de lugares más seguros.

Sin embargo, hay otros musulmanes que no son tan “malos” a los que, incluso, nos arrodillamos. En su lista negra de países detestables, Donald Trump incluye a, Irak, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen. Seguramente, son países en los que se comenten barbaridades contra los derechos civiles pero, ¿y qué pasa con Arabia Saudí, esa teocracia que es un criadero de terroristas, de donde procedía, sin ir más lejos, los ejecutores de los atentados del 11-S? Un país en dónde una mujer puede ser lapidada por no obedecer a su marido; un país que financia el terrorismo islámico, a esos que atacan Charlie Hebdo, o arrollan con un camión a cientos de personas en una calle, o entran en una sala de concierto, disparando a todo aquel que se encuentra en su camino; un país que, tras morir su Rey, Abdalá bin Abdulaziz, todos los jefes de estado occidentales, incluido España, fueron a su entierro.

En definitiva, para Occidente, hay “moros” buenos, esos con los que mantiene intereses, negocios, como la venta de armas o a los que se les adjudica la organización de un mundial de fútbol, como Qatar, a pesar de las altas temperaturas en verano, impropias para practicar deporte alguno. Pero paga mucho a la FIFA y, en este caso, poco importa si se respetan los derechos humanos o no. Y hay “moros” malos, esos que vienen de países donde está vigente un conflicto armado (en muchos casos, algo de culpa tenemos aquí), que huyen despavoridos de la más mísera pobreza y que no tienen absolutamente nada que ofrecer, en el más sentido materialista, al lugar de destino donde quieran ir. Así que, a esos desgraciados, los echamos, les prohibimos la entrada y decimos que son delincuentes. Es la doble moral de Occidente, o de una parte, con los países árabes que pone de manifiesto un grado de hipocresía que atemoriza.

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