miércoles, 4 de agosto de 2021

Sucedió en Lavapiés

La lucha por la supervivencia de la comunidad senegalesa recuerda poderosamente al retrato del éxodo rural firmado por Nieves Conde en 1951


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El fallecimiento de dos ciudadanos senegaleses en el popular barrio madrileño ha permitido conocer a gran parte de la opinión pública las difíciles condiciones en las que se desarrolla la vida de esta comunidad. El caso de Mame Mbaya, es, según denuncian organizaciones sociales, un caso paradigmático: una persona que no cuenta con permiso de residencia, a pesar de vivir en Madrid desde hace más de 10 años, razón por la cual no puede acceder a los derechos de ciudadanía más básicos. La posterior autopsia ha determinado que Mbaya padecía una enfermedad cardíaca congénita, pero nada que no pudiese verse aliviado, con un seguimiento médico como el que debe recibir cualquier vecino de Madrid en cualquiera de los hospitales o centros de atención primaria del sistema público sanitario. La espiral en la que la que se encuentran la mayoría de las personas en situación irregular pone en peligro su existencia. Una condena a la clandestinidad social, en la que no se puede acceder a otra ocupación que a esa variedad itinerante de la venta ambulante, que generará, si hay suerte, los pocos ingresos que puedan sostener su precaria vida.

Detrás de los sucesos de Lavapiés late la lucha por la supervivencia de los miembros de un colectivo excluido de cualquier posibilidad de vida digna, que consiguen mantener, según afirman los mismos ciudadanos senegaleses, a base de apoyo mutuo y gracias a la capacidad de resiliencia propia de esos hombres y mujeres que no tienen más remedio que asumir el riesgo, que supone dejar atrás todo lo cierto para llegar a esa incógnita que se llama lugar de destino.

Lavapiés fue el escenario elegido por el director de cine José Antonio Nieves Conde, como escenario para ambientar "Surcos", un relato descarnado sobre el éxodo rural y en el que una familia busca en el Madrid de la posguerra conquistar un futuro digno tras abandonar el agro. Paro, estraperlo, prostitución, violencia machista, delincuencia…son los ingredientes del banquete de realidad al que la capital de España convidará a los miembros de esta familia y en el que, obligatoriamente, tendrán que tomar parte.

En el guión de la película participaron Gonzalo Torrente Ballester y Eugenio Montes, autor del siguiente texto que aparece en los títulos iniciales: “Hasta las últimas aldeas llegan las sugestiones de la ciudad, convidando a los labradores a desertar del terruño, con promesas de fáciles riquezas. Recibiendo de la urbe tentaciones, sin preparación para resistirlas y conducirlas, estos campesinos que han perdido el campo y no han ganado la muy difícil civilización, son árboles sin raíces, astillas de suburbio que la vida destroza y corrompe. Esto constituye el más doloroso problema de nuestro tiempo. Esto no es símbolo, pero sí un caso, por desgracia, demasiado frecuente en la vida actual”.

No es difícil, cambiando algunos términos, de lo escrito por Montes reconocer ese mismo paisaje de desarraigo y sufrimiento, y en el que moraron cientos de ciudadanos españoles hace más de medio siglo tras abandonar lo que hoy se denomina “La España vacía”. La lucha por la supervivencia de la comunidad senegalesa recuerda poderosamente al retrato del éxodo rural firmado por Nieves Conde en 1951. Un ejercicio de memoria histórica que interpela, de manera permanente, a no olvidar que todas las personas pueden asumir, en un momento concreto de su vida, la calidad de migrantes, y que en el pasado inmediato nuestros familiares vivieron realquilados y en condiciones poco dignas en un intento de buscar la prosperidad que, a día de hoy, se le niega a un gran número de personas.

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