sábado, 23 de octubre de 2021

El número de divorcios en España crece sin medida

Mis palabras quizás sean duras o extremistas, no lo niego, pero no puedo hablar de otra forma sobre el amor, ese que estamos dejando que muera por cosas tan anodinas como la tentación.


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Lo siento pero me domina la decepción, puede que furia porque este tema está a la orden del día y ha topado conmigo, una romántica incurable.

Desde un par de años, observo a mí alrededor y me doy cuenta de la cantidad de decepciones amorosas y corazones rotos que hay detrás de cada esquina. He sido testigo de peleas, de engaños, de reconciliaciones… de todo tipo de cosas. Pues bien, yo lanzo una pregunta que espero que sea contestada sin demasiada demora, ¿qué está ocurriendo?

No voy a citar personas ni situaciones explicitas para no “dañar” a nadie, pero lo cierto es que el últimamente importa poco el dolor que se causa. Parejas que llevan años casados y se descubre que uno de los dos (sin distinción de sexo) lleva una doble vida con otra mujer, en otra casa, con otros niños…

Sinceramente, me cuesta expresarme bien porque la ira se apodera de mí. Personas cercanas a mí han visto como su vida quedaba destrozada en cuestión de segundos y no entiendo nada, es como algo que desgraciadamente se ha puesto de moda y no se tienen en cuenta las partes afectadas, que son muchas. Detrás de los dos personajes principales, hay familias, amigos y conocidos que sienten y lloran igual que los directamente implicados. Uno de los miembros de la familia se va, rompiendo así todo lo que en su día tanto esfuerzo supuso conseguirlo. Sin ninguna explicación, una de las partes se queda sola, abandonada con una vida que ahora está incompleta y que se ha convertido en alcohol para las heridas abiertas.

Quiero dejar algo muy claro, yo no creo en el típico “hasta que la muerte nos separe”. No juzgo que el amor se acabe, no juzgo que las personas se separen o se divorcien, hay mil motivos que mi mente y mi corazón entienden y apoyan, pero lo que sí me voy a atrever a juzgar es el placer de causar dolor, un dolor que puede acabar volviéndose en contra y atacando con fuerza. Ese dolor acaba con miles de familias todos los años y ese es mi mayor temor, no que a mí me ocurra algo similar o que el día de mañana me dé cuenta de que quiero estar sola el resto de mi vida. Lo que realmente me horroriza es ver como un ser humano, a mi parecer sin sentimientos, es capaz de abandonar a sus hijos y a su cónyuge para darse un garbeo y retozar con alguien nuevo, todo esto seguido de un inconcebible arrepentimiento. Y, para más inri, lo que más me llama la atención es que el perfil que estoy dando lo cumplen, sobre todo, personas jóvenes que tienen una vida plagada de placeres materiales que le impiden ver lo que realmente es importante, aquellos que se sienten fuertes acobardando a los más débiles.

Es de necios no pensar que el amor se puede acabar, pero no siempre las cosas se tienen que hacer de una forma rastrera y sucia, solo para dar rienda suelta a un orgasmo de pensamientos y fantasías que queremos aplacar. He estado presente en insultos, en gritos delante de niños que, por su corta edad, siguen siendo puros y exculpados de todo problema, he visto como un individuo sin escrúpulos acaba perdiendo en norte y siendo protagonista de sus propias mentiras, hasta el punto de hacerlas su realidad. Con lágrimas rodando por mi rostro, he visto como a una persona con el corazón quebrado se le apagaba la vida. He sido testigo de infinidad de cosas, como cualquiera de nosotros que tenga los ojos abiertos, pero aun así sigo sin poder creer que algo tan bello como es el amor pase a ser un simple juego al que jugamos cuando no tenemos nada mejor que hacer. Ahí entra la verdadera naturalidad del ser humano que hiere, abandona y no se despeina en ningún momento, porque está demasiado ocupado adorando su cuerpo escultural de gimnasio, o quizás limpiando su fantástico coche en el que subir a monadas que no superan los veinte años y tienen una cuenta bancaria rebosante en su entrepierna. Esos sujetos, tarde o temprano se dan cuenta de que están vacíos, de que lo que parecía un simple affaire ha destruido una vida, una familia, un hogar.

He llegado a una teoría que puede mitigar mis dudas durante algún tiempo. Cuando las personas dejemos de abandonarnos a la tecnología, cuando un videojuego plagado de violencia y sangre pase a educar a los más pequeños, cuando nos sintamos útiles, cuando trabajemos para vivir y no al revés, cuando seamos dueños de nuestro corazón, cuando empaticemos, cuando hagamos de la rutina una aventura que nos sirve para sentirnos dichosos y felices con nuestros iguales y seamos capaces de disfrutar de las personas sin que las barreras futuristas nos lo impidan, solo entonces podremos empezar a amar.

Amigos, la vida es muy corta y muy dolorosa como para añadir más tristeza y sufrimiento. No olvidemos nuestra humanidad, porque eso es lo que queda al final del camino.

Y para aquellos que creen que están haciendo lo correcto les deseo lo mejor, porque las criaturas que ahora sufren, el día de mañana amarán y serán amadas sin censura, como deberían de haberse sentido toda su vida.

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