viernes, 7 de octubre de 2022

Inmundicia en las redes sociales

Hay personas que aprovechan las redes sociales para sacar lo peor del ser humano


Inmundicia en las redes sociales
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No hay duda de que Internet ofrece un universo de posibilidades comunicativas que ha acercado de manera espectacular la conexión entre las personas. Hoy es posible que alguien en Madrid contacte con un familiar, por ejemplo, en San Francisco, y sin pagar un coste extra por ello. Pero, además, Internet ha favorecido la aparición de un fenómeno como el de las redes sociales que potencia, aún más, esas posibilidades para comunicarnos con los demás. Sin embargo, las redes sociales también han permitido sacar a la luz lo peor que lleva dentro el ser humano.
El pasado lunes conocíamos la noticia del fallecimiento de la artista y modelo Bimba Bosé, quien no pudo superar una larga enfermedad. Rápidamente, las diferentes redes sociales, especialmente Twitter, se llenaron de infinidad de comentarios obscenos, repugnantes y salvajes, en algunos casos hasta delictivos. Casi con la misma rapidez, diferentes medios de comunicación se hicieron eco de esos improperios y la Fiscalía ha anunciado que va a investigar tales comentarios ofensivos vertidos sobre la artista.
Pero lo que ha pasado con Bimba Bosé se ha repetido en otras ocasiones, por ejemplo, con la muerte de la senadora Rita Barberá o del torero Víctor Barrio. En este último caso, las redes sociales se llenaron de comentarios que hasta celebraban la desgracia del joven torero en la plaza de Teruel. En algunos casos, incluso, ofendían a la viuda. Y lo mismo ha ocurrido cuando han fallecido determinados líderes políticos, como Manuel Fraga, Santiago Carrillo, Adolfo Suárez o, más recientemente, Fidel Castro.

Ocurre que la muerte también tiene ideología y, según quién sea el muerto, reacciona un espectro de la sociedad u otro. En el caso de Bimba Bosé, los insultos y descalificaciones procedían de esa España racista, homófoba y vomitiva que todavía cree que el mundo es como ellos dicen que tiene que ser. Cuando murió Víctor Barrio, el emisor de los insultos fue ese colectivo ultra que existe entre los antitaurinos y los defensores de los animales, que se creen en posesión de la única ética y moral.

En cualquiera de los casos, se trata de actos repugnantes, la mayoría de las veces, desde una cuenta anónima de una red social, que sacan a la luz lo peor del ser humano. ¿Qué clase de sociedad hemos creado en la que gente, desde el más cobarde anonimato, aprovecha la muerte de una persona para expulsar lo peor que lleva dentro? ¿Cómo es posible que alguien se jacte de la muerte de otra persona, por ser de una forma u otra, o pensar de una manera u otra?

Las redes sociales permiten dar voz a esos salvajes que, de otra forma, no la tendrían. Seres despreciables, sin ningún grado de humanidad, que piensan que pueden expresar cualquier cosa, bajo el paraguas de la libertad de expresión, aprovechando el potencial de Twitter o Facebook para ello. Pero lo único que ponen de manifiesto es, además de un nivel intelectual nulo, la inmundicia presente en una parte de nuestra sociedad que, ojalá, represente sólo una minoría.

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