domingo, 17 de enero de 2021

Fuera de las app: la vida olvidada, ignorada y sin cupones de descuento

¿Cómo vivimos sin móviles, aún peor, sin móviles inteligentes? Hoy, es un lejano recuerdo o ni siquiera eso; hoy, estamos tan ‘aplicados’ y proyectados a los pulgares, que no pensamos.


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El inicio de esta concatenación de ideas son los 15 segundos que un reportero le da a un paisano que está a la puerta de su casa, rodeado y rodeada de nieve. El hombre dice: “aquí estoy y nadie ha venido a limpiar la nieve; es un desastre!”; claro, si los servicios públicos no te limpian la nevada, tú eres incapaz de coger una pala o similar y hacerlo, en el convencimiento de la obligación de su deber y la aplicación de tus derechos y, sobre todo arraiga la creencia de que lo público es gratis, más para los que no pagan los impuestos. Parece que se nos ha olvidado que los servicios existen, porque todos contribuimos; también con los tribunos de los residentes en pueblos escasos de población, donde toda la vida nos limpiamos las nevadas y lo que haga falta, lejos de esperar a una cuadrilla de operarios que, en el mejor de los casos, emplean su experiencia con las quitanieves para abrir carreteras, en pro del abastecimiento y la comunicación general.







En esta extraña sociedad desmemoriada, que desde lejos me parece que subsiste como pollo sin cabeza, al tan famoso rural pequeño se le obvia por mor de una dilatada ignorancia, que da en el convencimiento de que aquí estamos acostumbrados a vivir en la indigencia; más que nada, porque nos abastecemos de la huerta sana, cortamos leña para el invierno, usamos, reutilizamos y transformamos la materia, apenas si generamos deshechos, y dedicamos las largas tardes de frío a estudiar la propagación de micro y macro organismos, la mejora de las semillas, la planificación de la rotación de los cultivos y a establecer alianzas de equilibrio, para que la vida y la naturaleza creen un todo sustentable y armónico, con una sola pregunta: “ y tú, ¿qué quieres?” (Pacho Gangotena). Tal simpleza está en franca desventaja con la tecnología punta, donde las app son la herramienta imprescindible para ser aceptado como ser humano de provecho y ambición social. Si no tienes un móvil, no eres nada; si no te bajas una treintena de aplicaciones y manejas los pulgares como mi abuela la aguja de ganchillo o croché, eres menos que nada; por que, cómo te vas a perder los descuentos del lidl y otros, y las múltiples ventajas de, por ejemplo, las aseguradoras.







Es todo un mundo, no cabe duda, en el que millones de compatriotas, desde niños a talluditos, han dejado de escuchar y observar, sumergidos en una pantallita que les conecta con el todo y la nada y, así, no oyen la previsión de temporal y salen a hacer sus cosas, con la imperiosa necesidad de lo inmediato, de satisfacer en el momento ese deseo que no quiere esperar y han de cumplir. No es de extrañar que en Madrid, en 48 horas, se hayan producido cerca de 2.000 fracturas de huesos; pocas, ante la avalancha de seres, a los que les importa más hacer un machango con nariz de zanahoria, que atender las indicaciones de la sensatez; bien, puede que el muñeco te haya quedado del 10 y tus amigos desconocidos sean más amigos si te dan un ‘like’, pero tu momentito de gloria nos sale por un pico, en lo que tú aseguras que es la sanidad gratuita. Es lo mismo que estos a los que les da positivo la PCR y le dicen al rastreador que no piensan quedarse en casa, y el militar de turno tiene que dar cuenta a las policías de la zona; o los que montan fiestas en plena pandemia, con toda la chulería que son capaces de reunir. Será, quizás, que los desafíos de hoy consisten en medir el grado de idiotez y hacerlo saber?; ¿estamos ante una nueva cultura que presume de existencias vacías y abarrotadas de sinsentidos? Da la sensación de que ahí fuera se ha perdido el sentido de la vida y pocos quieren construir la cadena de una sociedad, que sabe que ir a buscar un alud en zapatillas, además de poner a prueba tu estupidez, pone en riesgo la seguridad de quienes van a rescatarte y moviliza recursos de todos. Por que, ¿qué es tu vida para ti?, ¿qué es la vida del otro?, ese prójimo que a lo mejor te ha dado un bonito ‘like’, que es hijo, padre, hermano y amigo, pero que te importa un bledo si se mata por salvarte.







Sí, aquí en los pueblos de menos de 50 habitantes, con Internet a pedales y un teléfono que, a veces, hasta funciona, vemos el parte (como dice mi abuela) ahora llamado previsión meteorológica, y lo escuchamos con atención, porque en ello puede ir nuestra pervivencia; y cuando nos explican qué es la Covid-19 y qué puede ser la Covid-20, lo entendemos, lo asimilamos y acomodamos, lejos de caer en el síndrome de la indefensión aprendida, a falta de tiempo de perder el tiempo. Y, aunque te resulte insólito: vivimos.







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