lunes, 8 de agosto de 2022

De lo que está por llegar, no hay nada escrito

Vamos a tener tiempo sobrado para criticar al Gobierno, a la oposición y a colaterales; a lo público y lo privado, en un encierro que, hasta cuando se levante, ha fracturado esquemas.


De lo que está por llegar, no hay nada escrito
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El coronaviros se ha apoderado de nuestras vidas, en un revés con cambio de paradigma mundial, que nos trae tal cantidad de información, que nos lleva al desconcierto y a un ejercicio ímprobo de limpiar el grano de la paja. De lo que está por llegar, nadie sabe casi nada y los que saben algo, guardan el silencio obligado, que encubre acciones para fortalecer a los más ricos y masacrar a la pobre humanidad. Escuchar que Alemania presume de tener menos muertos que nosotros, es descubrir la solemne insolidaridad de sus consecutivos gobiernos, con especial énfasis en los llamados países del ‘Sur’; si de algo pueden presumir, es de haber hecho acopio del material necesario para salvar sus vidas, con sus amigos los fabricantes, los mismos que cierran la boca ante los rebrotes de una enfermedad, que si algo sabemos de ella es que no es una gripe, como la vendieron desde el 31 de enero.

Cuando oigo que España desconoce el paradero de 2 aviones cargados de útiles necesarios para paliar los contagios, recuerdo el episodio que desencadenó (en gran medida) la crisis económica del 2006, que arrancó de EEUU. La cosa fue en el invierno de 2005, especialmente crudo en USA, cuando las reservas de crudo mermaron hasta límites de alarma nacional; entonces, compraron petróleo a mansalva a los rusos, que llenaron las arcas y vaciaron sus recursos, que metieron en dos grandes cargueros y pusieron rumbo a las costas americanas. A mitad de trayecto, los chinos, cuya producción era ilimitada e infinita y alardeaban de crecimiento económico del 7% y más,  se enteran de que dos petroleros han emproado a los Estados Unidos con un valioso cargamento, y aplican el mejor remedio del mundo: dinero; hablan con la madre Rusia y les ofrecen tal pastizal que los barcos viran y llegan a tierras chinas. Aquel invierno se llevó a más de 5.000.000 de residentes en América, muertos de pobreza y frío, por no tener con qué calentarse. Hay un documental al respecto (que he visto), que fue retirado de la circulación. Bueno, después, el 2007, nos deparó el principio del desastre.

Por si nos quedaba alguna duda al respecto, de ésta, como de otras ‘pandemias’, van a salir las grandes potencias, tan dispuestas como entrenadas en ponernos el pie sobre el cuello; mientras que, en este maremagnum, proliferan los intermediarios, que se frotan las manos ante tamaño negocio y las pingües comisiones que ya se embolsan; tal vez deba de crearse el Grado en Comisionista, con especialidad en Sinvergüenza cum laude, vía on line, para amiguitos de cabecera. Ya sabes. Nos mandan equipos defectuosos para ganar tiempo, mientras los buenos se los envían a los de siempre, nos ponen de ineptos para arriba, mientras se entretienen en sus nuevos trapicheos; presumen de menos cadáveres, cuando les importa un bledo si te mueres o me muero; van a la pela, a su bienestar y a abrir y cerrar fronteras cuando les peta, porque saben que son los que mandan en el ‘Norte’, con ambición insaciable de quedarse con el ‘Sur’, para que les sirvamos placeres a precio de saldo. Tal vez, la llamada unión europea nos esté mostrando su verdadera cara y hasta es posible, que en este tiempo de confinamiento dediquemos tiempo a pensar.

Pensar y ajustar cuentas, porque ahora se ha va a sentir sobre las carnes de cada uno las ilegalidades en las que subsistimos, sumergidos en el sector informal y hechos a la economía B, que acaba de estallar por los aires, para los de siempre. A todos los que sobreviven con contratos de mierda: una parte en A y la otra en mano, les ha caído la del pulpo, porque sólo han cotizado por la A, y su prestación se reduce a eso. A todos los empresarios que disfrutan del beneplácito de no tener inspecciones, les van a ajustar cuentas en los Ertes y los Eres a los que son tan aficionados, con la ayuda de sindicatos, tan laxos como plagados de liberados inservibles; a todas las residencias de ancianos que nunca han hecho las cosas bien, se les va a caer el pelo; a los narcotraficantes con fortunas libres de impuestos, este Covid-19 se lo pone más difícil y a los delincuentes: también, por citar sólo a unos cuantos gremios de mangantes.

Qué buen momento para escuchar despacio La Internacional (“agrupémonos todos [sin salir de casa], en la lucha final…”); mientras que en la localidad sevillana de Las Navas de la Concepción, guardias civiles localizan a un grupo de personas realizando la matanza de un cerdo; quizás, tengan hambre.

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